Defensa de la vida humana
La cultura de la vida exige proteger a todo ser humano frente a los ataques directos contra la vida inocente. Evangelium vitae declara moralmente inadmisibles el aborto provocado y la eutanasia, y sostiene que el deber de respetar la vida no termina en abstenerse de destruirla: también requiere protegerla con cuidado y amor.
El principio se extiende a otras formas de violencia y explotación, como la guerra, el terrorismo, el secuestro y las distintas agresiones que amenazan la vida o la integridad de las personas.
La defensa de la vida no reduce toda cuestión moral a una equivalencia entre problemas diferentes. La enseñanza católica concede particular importancia a la protección de la vida inocente frente a los ataques directos, y relaciona ese deber con una atención más amplia a las condiciones que degradan la dignidad humana.
Familia, sexualidad y procreación
La familia ocupa un lugar central en la promoción y el cuidado de la vida. La cultura de la vida favorece un entorno acogedor para las familias, el crecimiento sereno de los niños y una educación integral.
La enseñanza católica relaciona la sexualidad y la procreación con el amor y la entrega personal. No las considera realidades ajenas a la dignidad de quienes las viven ni a las responsabilidades que nacen de ellas.
Atención a las personas vulnerables
Promover la vida incluye proteger a quienes padecen pobreza, hambre, racismo, falta de empleo, dificultades de acceso a la educación, la vivienda o la asistencia sanitaria. Estas cuestiones forman parte de la defensa de la dignidad humana, aunque no sean moralmente idénticas a los ataques directos contra la vida inocente.
La cultura de la vida requiere también solidaridad concreta con las personas desfavorecidas y rechazo de la injusticia, la violencia, los abusos de poder y la indiferencia ante la pobreza.
Ciencia y tecnología
La ciencia y la tecnología pueden contribuir al bien humano, pero su desarrollo y aplicación deben estar al servicio de la persona y de su desarrollo integral. El progreso técnico no constituye por sí mismo una medida suficiente del progreso humano.,
Sufrimiento y final de la vida
La cultura de la vida rechaza la identificación del valor de una persona con su estado de salud o con la ausencia de dolor. La encíclica Evangelium vitae afirma que el amor puede dar sentido al sufrimiento y a la muerte, sin eliminar el misterio que los rodea. Esta comprensión no convierte el sufrimiento en un bien que deba buscarse, sino que sitúa a quien sufre en el centro de una respuesta de cuidado y solidaridad.