Ir al contenido

Página:La catástrofe (1924).pdf/154

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
152
N. TASSIN
 

señor Harrison—dijo al saludar, con tono poco amable, un individuo alto y con facha de bandido, que parecia ser el cabecilla del grupo—. Tengan la bondad de aguardar un poco. Quisiéramos hablar con ustedes.

—Amigo mío, el momento no es el más a propósito—contestó Stephen—. Tenemos mucho que hacer. ¿De qué se trata?

—Se trata de que los trabajos subterráneos están dirigidos por una partida de ladrones. Sí, señor, de ladrones y de estafadores. Por esta razón van los trabajos a paso de tortuga. Conocemos el fruco.

Desconcertado, estupefacto, Stephen se pasó el pañuelo por la frente para secar el sudor que súbitamente le había invadido.

—Pero ¿qué dices, amigo?—exclamó.

—¡No lo digo yo solo!—replicó brutalmente su interlocutor—. Todo el mundo sabe que los trabajos están dirigidos por ladrones.

Y después de una corta pausa, destacando las palabras una a una, como si en ello encontrara gusto, dijo, fijando sus miradas, ora en Stephen, ora en Harrison:

—Ustedes mismos no habrán dejado pasar la ocasión de arrimar con lo que hayan podido...

Stephen miró al matón con los ojos abiertos de par en par, y como fuera a llevarse de nuevo el pañuelo a la frente, quedó con la mano en el aire como suspendida.

Al propio tiempo, Harrison, pálido de rabia, se lanzó contra el ofensor, sujetándolo por la garganta.