Mariana de Austria
| Mariana de Austria | ||
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| Reina consorte de España | ||
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Retratada por Diego Velázquez (c. 1657). Óleo sobre lienzo, Barcelona, MNAC (depósito del Museo Thyssen-Bornemisza). | ||
| Reinado | ||
| 7 de octubre de 1649-17 de septiembre de 1665 | ||
| Predecesor | Isabel de Francia | |
| Sucesor | María Luisa de Orleans | |
Regente del Reino | ||
| 17 de septiembre de 1665 - 6 de noviembre de 1675 | ||
| Predecesor | Felipe IV | |
| Sucesor | Carlos II | |
| Información personal | ||
| Otros títulos | ||
| Nacimiento |
22 de diciembre de 1634 Wiener Neustadt, Sacro Imperio Romano Germánico | |
| Fallecimiento |
16 de mayo de 1696 (61 años) Palacio de Uceda, Madrid, Reino de España | |
| Sepultura | Cripta Real del Monasterio de El Escorial | |
| Religión | Cristianismo católico | |
| Familia | ||
| Casa real | Habsburgo | |
| Padre | Fernando III | |
| Madre | María Ana de Austria | |
| Consorte | Felipe IV de España (matr. 1605; fall. 1665) | |
| Hijos | Véase Matrimonio y descendencia | |
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| Firma |
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Mariana de Austria (Wiener Neustadt, 22 de diciembre de 1634 - Madrid, 16 de mayo de 1696) fue una de las figuras más influyentes de la Monarquía Hispánica en la segunda mitad del siglo XVII. Miembro de la rama austríaca de la Casa de Habsburgo, nació archiduquesa de Austria y se convirtió en reina consorte de España, tras su matrimonio con Felipe IV, cargo que ejerció entre 1649 y 1665. A la muerte del monarca, asumió la regencia del reino durante la minoría de edad de su hijo, Carlos II, gobernando entre 1665 y 1675. Su actuación política resultó decisiva en una etapa compleja para la monarquía, consolidándose como una de las mujeres con mayor protagonismo en la historia de la España de los Austrias.
Biografía
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Mariana de Austria nació el 22 de diciembre de 1634, en Wiener Neustadt, como archiduquesa de Austria, un título equivalente al de Príncipe en el Imperio austrohúngaro. Nació bajo el nombre germánico de Maria Anna von Österreich. Sin embargo, al llegar a la corte de Madrid, su nombre se hispanizó y contrajo de forma natural a Mariana de Austria, que es la forma con la que pasó a la historia y con la que se la nombra en toda la documentación oficial castellana de la época.[2] Fue hija del emperador Fernando III del Sacro Imperio Romano Germánico y de la infanta María Ana de España.
Por línea materna, Mariana de Austria era nieta del rey Felipe III de España y de Margarita de Austria-Estiria, mientras que por línea paterna, descendía del emperador Fernando II de Habsburgo y de su esposa, María Ana de Baviera. Pasó sus primeros años entre Viena y las residencias de la corte imperial. Como las demás princesas de su linaje, recibió una esmerada educación orientada a su futura condición de consorte, que incluía instrucción religiosa, formación en lenguas, música, protocolo cortesano y una sólida conciencia de su papel dentro de la política europea. Como miembro de las dos ramas de la Casa de Habsburgo, desde temprana edad quedó integrada en la compleja política matrimonial de la dinastía. Inicialmente, fue prometida a su primo Baltasar Carlos, príncipe de Asturias y heredero de la Monarquía Hispánica.
El matrimonio de sus padres, celebrado en 1629, fue parte de la tradicional política de alianzas entre las ramas austríaca y española de la Casa de Habsburgo. Este enlace reforzaba la cohesión de la dinastía, en un momento especialmente complejo para Europa, marcado por la Guerra de los Treinta Años.
Tuvo cinco hermanos de padre y madre:
[editar]- Fernando (8 de septiembre de 1633 - 9 de julio de 1654). Archiduque de Austria, fue elegido y coronado rey de Bohemia (1627), rey de Hungría (1625) y rey de Romanos (1636). De igual manera, fue designado heredero de los dominios de los Habsburgo. Sin embargo, su prematura muerte a los veinte años y antes del fallecimiento de Fernando III, impidió que llegara a ocupar el trono imperial.
- Felipe Augusto (1637-1639). Archiduque de Austria.
- Maximiliano Tomás (1638-1639). Archiduque de Austria.
- Leopoldo I (9 de junio de 1640 - 5 de mayo de 1705). Fue rey de Hungría (1655), de Bohemia (1656) y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, desde 1658, hasta su muerte.
- María de Austria (1646). Archiduquesa de Austria.
La infancia de Mariana estuvo marcada por la temprana muerte de su madre, la emperatriz María Ana, quien falleció en Linz, en 1646, a consecuencia de las complicaciones surgidas durante el parto de su última hija, María. Dos años más tarde, su padre Fernando III, contrajo segundas nupcias con la archiduquesa María Leopoldina de Habsburgo-Médici, de cuya unión nació el archiduque Carlos José (1649-1664). Tras la temprana muerte de esta en 1649, el emperador volvió a casarse en 1651, con Leonor de Mantua, con quien tendría varios hijos más: Teresa María Josefa (1652-1653), Leonor María Josefa (1653-1697), María Ana (1654-1689) y Fernando José (1657-1658). La llegada de nuevos hermanastros, amplió la familia imperial y fortaleció las redes de parentesco de los Habsburgo en Europa.
Matrimonio
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La muerte de la reina Isabel de Francia, en 1644, dejó a su tío materno Felipe IV, viudo en un momento especialmente delicado para la Monarquía Hispánica. Aunque el rey contaba con un heredero, el príncipe Baltasar Carlos, la continuidad de la dinastía seguía dependiendo en gran medida de la salud y supervivencia de este. Por ello, la corte española y la rama austríaca de los Habsburgo, mantuvieron el proyecto matrimonial que vinculaba a la joven archiduquesa Mariana, con el príncipe de Asturias. Sin embargo, la muerte prematura de éste en 1646, alteró los planes sucesorios de la Corona española.
Tras la muerte de su prometido, la primera persona en la línea sucesoria pasaba a ser su prima, la infanta María Teresa de Austria, nacida en 1638, y única hija superviviente del monarca. Aunque las leyes de la Monarquía Hispánica permitían la sucesión femenina en ausencia de varones, la experiencia histórica demostraba que el acceso de una mujer al trono podía generar importantes complicaciones políticas y diplomáticas. María Teresa era una de las princesas más codiciadas de Europa, y su futuro matrimonio, tendría inevitables repercusiones internacionales. La posibilidad de que la heredera de la Corona Española se uniera a una potencia extranjera, despertaba el temor de que los extensos dominios de los Habsburgo españoles, acabasen bajo la influencia o el control de otra dinastía. Por este motivo, la corte consideró prioritario que Felipe IV contrajera un nuevo matrimonio y engendrara un heredero varón que garantizara una sucesión más estable y preservara la independencia política de la Corona. De este modo, la crisis sucesoria provocada por la muerte de Baltasar Carlos, llevó a que Mariana, entonces de apenas once años, quedara destinada a contraer matrimonio con su tío Felipe IV, en una operación dinástica orientada a garantizar la continuidad de la Casa de Austria.

Para hacer posible el matrimonio, fue necesaria una dispensa pontificia por parte del papa Inocencio X, debido al estrecho grado de parentesco existente entre ambos.[3] Las capitulaciones matrimoniales entre Felipe IV y Mariana de Austria, se firmaron el 2 de abril de 1647.[4] Sin embargo, la celebración del matrimonio se retrasó debido a la corta edad de la futura reina, que contaba entonces con trece años. Finalmente, el 8 de noviembre de 1648, tuvo lugar, en Viena, el matrimonio por poderes, ceremonia mediante la cual Felipe IV quedó representado ante Mariana por un procurador.[5] Así, tras varios años de negociaciones entre las cortes de Viena y Madrid, Mariana emprendió el viaje hacia España, para contraer matrimonio con su tío. Aunque el matrimonio entre Felipe IV y Mariana de Austria había quedado finalmente asegurado, el traslado de la joven archiduquesa hacia España tuvo lugar en un contexto de tensiones diplomáticas. La elección de Mariana como futura reina de España, estuvo vinculada al fracaso de otro proyecto matrimonial: El enlace de la infanta María Teresa, hija de Felipe IV, con Fernando de Habsburgo, hijo del emperador Fernando III del Sacro Imperio Romano Germánico. La frustración de esta alianza, contribuyó a deteriorar las relaciones entre las cortes de Madrid y Viena, y las circunstancias que rodearon el viaje de Mariana hacia España, hicieron aún más visibles las diferencias entre ambas potencias.[6] Las celebraciones vinculadas a los matrimonios de los monarcas españoles podían prolongarse durante varios meses y comprendían distintas etapas del ceremonial dinástico. Estas incluían el anuncio y las negociaciones matrimoniales, la celebración de la boda por poderes en la ciudad de residencia de la futura reina, las fiestas organizadas durante su desplazamiento por los territorios italianos y españoles y, finalmente, su solemne entrada en Madrid. De este modo, el viaje de la nueva soberana hacia la corte española, constituía en sí mismo una prolongación de las celebraciones nupciales y una manifestación pública de la alianza dinástica.[7]
La unión fue ratificada posteriormente, mediante una ceremonia presencial, celebrada el 7 de octubre de 1649, en Navalcarnero, a las puertas de Madrid.[8] Tras la ceremonia, los esposos se trasladaron a El Escorial, dónde pasaron su noche de bodas, aunque el matrimonio no fue consumado de inmediato.[9] Los recién casados permanecieron en El Escorial, hasta el 3 de noviembre de ese año. Ese día se trasladaron al Palacio del Buen Retiro, donde Mariana permaneció hasta el 15 de noviembre, fecha en que realizó su entrada solemne en Madrid y fue presentada oficialmente ante la corte. Para entonces, había transcurrido aproximadamente un año desde su salida de Viena.[10] El rey contaba entonces con cuarenta y cuatro años, mientras que la joven reina, de apenas catorce, se instaló en la corte madrileña, donde pronto comenzó a asumir las responsabilidades inherentes a su elevada posición.[11] Los españoles la recibieron con alegría desbordante, conscientes de que iba a sacrificar su juventud al lado de un hombre que le triplicaba en edad, y de que tenía una misión de suma importancia. Esa imagen se deterioró con el paso del tiempo, hasta convertirse en una figura impopular. El transcurso de los años, transformaría su alegría y vivacidad, en actitudes adustas y sombrías.[12]
La reina no tuvo su primera menstruación hasta después de cumplir los quince años, circunstancia que puede documentarse a través de la correspondencia mantenida entre Felipe IV y sor María de Ágreda, una de sus principales confidentes. La menarquia era interpretada como el indicador decisivo del inicio de la pubertad femenina. Para la diplomacia dinástica, la llegada del primer sangrado resultaba crucial, pues marcaba el momento a partir del cual se consideraba a la joven apta para consumar el matrimonio y asegurar la descendencia. Aunque la tardanza despertó cierta impaciencia en el monarca, no parece haber sido considerada excepcional para la época.[9] En una carta del 29 de diciembre de 1649, pocos meses después de la llegada de Mariana a Madrid, Felipe IV comunicaba a sor María de Ágreda, su preocupación por la posibilidad de tener descendencia, explicando que agradecía sus oraciones para que pudiera tener sucesión en breve, pero que «hasta ahora, por la poca edad de mi sobrina, no parece está la naturaleza apta en ella para este efecto, si bien en otras de su edad, que son quince años, suele estarlo».[13] La respuesta de sor María de Ágreda, fechada el 4 de febrero de 1650, buscaba tranquilizar al monarca al considerar que la edad de la reina todavía era adecuada, al tiempo que celebraba las noticias que había recibido sobre su «disposición y altura». Finalmente, en una carta del 25 de mayo de 1650, Felipe IV comunicó a su confidente que Mariana ya se encontraba «apta para la sucesión». Esta última carta permite situar el momento de la consumación en los meses anteriores a mayo de 1650, aunque las cartas no proporcionan una fecha concreta. De igual forma, la correspondencia permite observar así la atención que despertaba en la corte el desarrollo físico de la joven reina y, particularmente, la llegada de la madurez reproductiva, considerada fundamental para cumplir la principal función dinástica de su matrimonio.[9][14]
Aunque su matrimonio había sido concertado por razones estrictamente dinásticas, las fuentes sugieren que la relación entre Felipe IV y Mariana de Austria, fue estable y estuvo marcada por una confianza mutua creciente. La reina acompañó al monarca durante los últimos años de su reinado y acabó desempeñando un papel cada vez más relevante en los asuntos de la Corona. La decisión de Felipe IV de encomendarle la regencia del reino en su testamento, constituye una muestra de la consideración política que llegó a profesarle.[15]
Descendencia
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La joven reina quedó muy pronto embarazada y dio a luz por primera vez, en julio de 1651. El nacimiento de su primera hija, fue celebrado en la corte y en los territorios de la Monarquía Hispánica, al tratarse de la primera descendiente del matrimonio real. Con el tiempo, su primogénita Margarita, se convertiría en una de las figuras más representativas de la Casa de Austria y sería inmortalizada por Diego Velázquez en varias de sus obras, entre las más famosas, Las Meninas. El posparto resultó complicado y la salud de la Reina quedó seriamente quebrantada. Para empeorar el panorama, Mariana contrajo la viruela, una de las enfermedades más temidas de la época. La infección puso nuevamente en peligro su vida y, aunque logró sobrevivir, le dejó secuelas visibles en el rostro. Las cicatrices derivadas de la enfermedad, alteraron su apariencia y la acompañaron durante el resto de su vida. Con el fin de atenuarlas, la reina recurrió al uso de polvos de coral y otros cosméticos habituales en las cortes europeas del siglo XVII.[16] Por la corte corrió la voz de que su majestad no podría tener nuevos embarazos y el rumor pareció confirmarse cuando se observó que pasaban los meses y la Reina no quedaba nuevamente embarazada. Mariana de Austria entró en una fase de tristeza y melancolía, mientras Felipe IV, mostraba una creciente preocupación al ver que no llegaba el heredero. Empezaron a organizarse frecuentes rogativas y otros actos religiosos implorando la sucesión.

Por fin llegó un nuevo embarazo en 1655. Las expectativas creadas sufrieron una nueva decepción, porque otra vez nació una niña. Además, la recién nacida era epiléptica y solo vivió quince días. Ante esta situación, las Cortes elevaron al Rey una petición solicitándole que nombrase sucesora a su hija, habida de su anterior matrimonio, la infanta María Teresa, que contaba diecisiete años. Felipe IV se negó porque hubiera supuesto un duro golpe para su esposa, que pronto quedó nuevamente embarazada. La corte albergó la ilusión de que esta vez llegaría el ansiado heredero, pero el nuevo parto, que tuvo lugar en agosto de 1656, fue prematuro y se trataba de una nuevamente de una niña, que murió el mismo día. Un nuevo embarazo acabó con los rumores de que la reina no podría concebir más hijos y generó la consiguiente expectación. El parto se produjo el 20 de noviembre de 1657 y por fin nació un varón que fue bautizado como Felipe Próspero. El nacimiento de Felipe, contribuyó a facilitar las negociaciones de paz entre España y Francia, que culminaron con la firma de la Paz de los Pirineos, en 1659. Como parte de los acuerdos alcanzados, se concertó el matrimonio de su prima María Teresa, con Luis XIV de Francia, en 1660. La infanta, que había estado anteriormente vinculada al emperador Leopoldo I, renunció a sus derechos sucesorios sobre la Corona española, en el marco de las capitulaciones matrimoniales.

En los años siguientes Mariana de Austria tuvo nuevos alumbramientos. A finales de 1658, nació otro niño que fue bautizado con el nombre de Fernando, pero murió a los seis meses. Para más desgracia, cuando la Reina se encontraba otra vez a punto de dar a luz, el 1 de noviembre de 1661, fallecía el heredero a la corona. La general consternación se combinaba con la esperanza, mezclada inevitablemente con gran angustia, en el nuevo alumbramiento. Mariana de Austria dio a luz otro niño, el 6 de aquel mismo mes. A pesar de que la propaganda cortesana se esforzó por presentar al recién nacido como un príncipe saludable y robusto, la realidad era muy distinta. Desde sus primeros días de vida, Carlos mostró una constitución extremadamente frágil y una apariencia física poco vigorosa, marcada por la debilidad y numerosos problemas de salud. Su desarrollo resultó lento y dificultoso, hasta el punto de que su supervivencia durante la infancia llegó a suscitar frecuentes inquietudes en la corte. La descendencia de los Habsburgo se vio afectada por dos fenómenos característicos de la Europa moderna:
La elevada mortalidad infantil propia de la época y la prolongada práctica de matrimonios endogámicos dentro de la dinastía. La frecuente unión entre parientes cercanos, concebida para preservar alianzas políticas y patrimoniales, reducía la diversidad genética y podía favorecer la transmisión de enfermedades hereditarias. A ello, se sumaban las limitaciones de la medicina del siglo XVII y la vulnerabilidad de los niños frente a infecciones, epidemias y complicaciones derivadas del nacimiento, circunstancias que explican que varios de los hijos del matrimonio murieran a corta edad. El historiador británico, John Langdon-Davies, escribió al respecto que: «[...] desde el día de su nacimiento, estaban esperando su muerte».[17] Sin embargo, contra todo pronóstico, Carlos sobrevivió a la edad adulta. Contrajo matrimonio a los 18 años de edad, con María Luisa de Orleans, sobrina de Luis XIV de Francia. Posteriormente, a la muerte de María Luisa, contrajo matrimonio con Maríana de Neoburgo.
La salud de Carlos II ha sido objeto de numerosas interpretaciones retrospectivas.[18] Algunos historiadores e investigadores, han propuesto que pudo padecer síndrome de Klinefelter, mientras que otros, han planteado la posibilidad del síndrome X frágil, basándose en las descripciones contemporáneas de sus características físicas y en los retratos conservados del monarca. Pese a ello, ninguna de estas hipótesis puede considerarse un diagnóstico médico confirmado, ya que no existen evidencias clínicas o genéticas que permitan establecer con certeza la enfermedad que padeció.[19] Sus frecuentes problemas de salud y su incapacidad para engendrar descendencia tuvieron importantes consecuencias políticas y dinásticas. Carlos II murió el 1 de noviembre de 1700 sin descendencia, lo que provocó la extinción de la rama española de la Casa de Habsburgo y desencadenó una crisis sucesoria que desembocó en la guerra de sucesión española.
De la unión entre Mariana de Austria y Felipe IV, nacieron los siguientes hijos:
[editar]- La infanta Margarita Teresa de España, nacida en Madrid, en 1651 y fallecida en Viena, en 1673. Se casó en 1666 con el emperador Leopoldo I del Sacro Imperio Romano Germánico.
- La infanta María Ambrosia de la Concepción (nacida y muerta en 1655).
- Una niña mortinata, sin nombre (1656).
- El príncipe Felipe Próspero de España, nacido en Madrid, en 1657 y muerto en 1661, en la misma ciudad.
- El infante Fernando Tomás de España, nacido en Madrid, en 1658 y muerto en 1659, en la misma ciudad.
- El rey Carlos II, conocido como El hechizado, nacido en Madrid, en 1661 y muerto en el monasterio de El Escorial, en 1700. Se casó en primeras nupcias con la princesa María Luisa de Orleans, y en segundas nupcias con la princesa María Ana del Palatinado-Neoburgo.[20]
Regente
[editar]La salud de Felipe IV, que ya estaba comprometida, se agravó desde la primavera de 1664, por agudas infecciones urinarias y constantes dolores renales. En marzo de 1665, la fiebre y una debilidad extrema limitaron del todo su movilidad, desembocando en su encamamiento definitivo en septiembre y en una parálisis que le impidió firmar su propio testamento. Murió a las 4:30 de la madrugada, el 16 de septiembre de 1665.[21] La prematura viudedad de Mariana de Austria, con tan solo treinta años, la situó de inmediato en el centro del poder político. Existe una carta de la Reina, fechada el 26 de septiembre de 1665, conservada en el Archivo Histórico de la Nobleza, en la que comunica oficialmente la muerte de Felipe IV y su nueva condición como curadora de Carlos II.
Conde Primo. Jueves 17 del corriente, entre las cuatro y las cinco de la mañana, fue Nuestro Señor servido de pasar de esta a mejor Vida al Rey mi señor Don Felipe quarto, que está en gloria, dejándome por Tutora y Curadora de el Rey Don Carlos segundo mi hijo, y Gobernadora de estos Reynos; y aunque su fin fue qual a la que tuvo, y en él mostró su piadoso y santo celo, recibiendo con suma devoción y humildad los Santísimos Sacramentos de la Eucaristía y Extrema Unción, la pérdida que con su muerte se me a seguido y a estos Reynos me dexa con el dolor y sentimiento que podéis considerar, de que os he querido avisar, para que me ayudéis a sentirlo, y cumpliendo con vuestra obligación, en lo que os tocare, dispongáis se hagan las demostraciones que en semejantes casos se acostumbran, que en ello me daré por muy servida. De Madrid a 26 de septiembre de 1665. Yo la Reyna.[22]
Tras la muerte de su esposo, Mariana de Austria adoptó el tradicional traje de viuda de las reinas Habsburgo, caracterizado por su austera combinación de blanco y negro y por su semejanza con el hábito religioso. Aunque no implicaba una vida conventual, esta indumentaria reflejaba su condición de viuda, su religiosidad y la imagen de autoridad que quiso proyectar como reina madre y regente.[23] Mariana conservó este modo de vestir durante el resto de su vida.[24] Durante la regencia posterior a la muerte de su esposo, su imagen pública sufrió un severo deterioro. La severa crisis económica y social del reino, sumada a la impopularidad de sus validos extranjeros, especialmente el jesuita Juan Everardo Nithard, la convirtió en el objetivo de una intensa campaña de pasquines y sátiras orquestada por la oposición política, liderada por Juan José de Austria.[25] Esta percepción negativa y la resistencia a sus decisiones políticas, persistieron durante gran parte de su etapa como reina madre, opacando en la historiografía tradicional la labor, discreta pero eficáz, que ejerció durante su gobierno.

En cumplimiento del testamento real, asumió la regencia durante la minoría de edad de Carlos II, que apenas tenía cuatro años. Su gobierno se desarrolló en un contexto especialmente complejo, marcado por la debilidad financiera del Estado, la pérdida progresiva de la hegemonía española en Europa y las crecientes tensiones dentro de la corte. Durante los primeros años de la regencia, el personaje más influyente de su entorno, fue su confesor, el jesuita alemán Juan Everardo Nithard, a quien la reina otorgó una destacada participación en los asuntos de gobierno. El ascenso de Nithard, generó una fuerte oposición entre amplios sectores de la nobleza y, especialmente, en Juan José de Austria, hijo natural de Felipe IV y María Calderón. Juan José fue una de las figuras políticas y militares más prestigiosas del reino. La rivalidad entre ambos, acabó convirtiéndose en uno de los principales conflictos de la regencia. Las presiones encabezadas por Juan José, obligaron finalmente a la reina a destituir a Nithard, en 1669, y enviarlo fuera de España, aunque la influencia de Mariana sobre el gobierno se mantuvo intacta.
Los estudios modernos han mostrado que la imagen negativa de Mariana de Austria, estuvo condicionada, en buena medida, por la intensa campaña de propaganda política promovida por sus adversarios, especialmente por el entorno de don Juan José de Austria. Esta campaña no quedó circunscrita al ámbito cortesano, sino que alcanzó también a sectores urbanos mediante pasquines, sátiras, libelos y otros escritos destinados a fomentar el descontento contra el gobierno de la regente. La documentación contemporánea, evidencia la preocupación de las autoridades por la creciente circulación de estos textos y por la libertad con que se difundían.[26][27]

Mientras tanto, la política exterior se vio condicionada por el expansionismo de Luis XIV de Francia. Apenas dos años después del inicio de la regencia, España tuvo que enfrentarse a la Guerra de Devolución (1667-1668),[28] desencadenada por las pretensiones territoriales francesas sobre los Países Bajos españoles. La guerra tuvo su origen en las reclamaciones territoriales formuladas por Luis XIV, tras la muerte de Felipe IV, en 1665. El monarca francés, sostenía que su esposa, María Teresa de Austria, hija del difunto rey y de su primera esposa Isabel de Francia, poseía derechos legítimos sobre determinados territorios de los Países Bajos españoles. Para fundamentar sus pretensiones, la diplomacia francesa invocó el denominado derecho de devolución, una costumbre sucesoria vigente en algunas provincias de los Países Bajos, que otorgaba preferencia a los hijos nacidos de un primer matrimonio, frente a los descendientes de enlaces posteriores. Según la interpretación de Luis XIV, los derechos de María Teresa, debían prevalecer sobre los de Carlos II, hijo del segundo matrimonio de Felipe IV, con Mariana de Austria. Aunque las autoridades españolas rechazaron tajantemente esta argumentación, considerándola incompatible con las leyes de sucesión de la Monarquía Hispánica, Francia utilizó dichas reclamaciones como pretexto para iniciar una campaña militar destinada a expandir su influencia en Europa occidental. El conflicto concluyó con la firma de la Paz de Aquisgrán,[29] que permitió conservar buena parte de los territorios disputados, pero evidenció la creciente debilidad internacional de la Corona española frente al poder emergente de Francia.

En los años siguientes, Fernando de Valenzuela se convirtió en el nuevo favorito de la reina, y en una de las figuras más influyentes de su entorno político. Sin embargo, esta etapa estuvo también marcada por profundas desgracias familiares. En 1673, Mariana recibió la noticia de la muerte de su hija, Margarita Teresa, en Viena, a los veintiún años, tras un prolongado deterioro de su salud relacionado con las complicaciones derivadas del difícil parto de su cuarta hija, la archiduquesa María Ana Antonia. Dos años más tarde, en 1675, Carlos II alcanzó la mayoría de edad y asumió personalmente las funciones propias de la Corona, poniendo fin a la regencia de Mariana. Sin embargo, la conclusión de la regencia no significó su retirada de la vida política.
Como reina madre, Mariana conservó una notable ascendencia sobre su hijo y continuó interviniendo en los asuntos de la Monarquía, en buena medida, debido a la frágil salud del monarca y a su limitada capacidad para asumir personalmente las responsabilidades de gobierno. La situación cambió en 1677, cuando Juan José de Austria, hijo natural de Felipe IV y principal adversario político de Mariana, logró imponerse en la lucha por el control del gobierno. Tras entrar triunfalmente en Madrid y apartar de la corte a los partidarios de la reina madre, forzó el alejamiento de Mariana, que fue enviada a Toledo.[30] Sin embargo, este período de ostracismo resultó breve. La muerte de Juan José de Austria, en 1679 permitió a Mariana regresar a Madrid y recuperar parte de su antigua influencia sobre su hijo. Desde entonces volvió a participar activamente en los asuntos de Estado y en las complejas maniobras diplomáticas y sucesorias que marcaron los últimos años del reinado.
Fallecimiento
[editar]Los últimos años de Mariana estuvieron dominados por las preocupaciones sucesorias y por las tensiones cortesanas. Sus relaciones con Mariana de Neoburgo, segunda esposa de Carlos II, fueron particularmente conflictivas y reflejaron las luchas de influencia que caracterizaron los últimos años del reinado. Consciente de la frágil salud de Carlos II y de la creciente posibilidad de que el monarca muriese sin descendencia, Mariana apoyó las aspiraciones sucesorias de su bisnieto, Príncipe José Fernando de Baviera (1692-1699), nieto de la archiduquesa María Antonia de Austria. A finales del siglo XVII, el príncipe bávaro se convirtió en una de las principales alternativas para garantizar una sucesión pacífica en la Monarquía Hispánica y preservar el equilibrio político entre las grandes potencias europeas.[31] Por otro lado, Mariana de Neoburgo favoreció la candidatura de su sobrino, el archiduque Carlos de Austria, hijo del emperador Leopoldo I y de Leonor Magdalena de Neoburgo. De este modo, las preferencias sucesorias de ambas Marianas quedaron vinculadas a dos ramas diferentes de la Casa de Habsburgo. La rivalidad entre ambas, que se desarrolló durante los últimos años del reinado de Carlos II, ha sido descrita en ocasiones como la «guerra de las dos Marianas».[32]
A estas dificultades, se sumó la muerte, en 1692, de su nieta María Antonia de Austria, hija de la infanta Margarita Teresa, y esposa del elector Maximiliano II Manuel de Baviera. Considerada una de las principales esperanzas dinásticas de la Casa de Austria, su fallecimiento constituyó un duro golpe para Mariana, que veía desaparecer una figura clave en las complejas perspectivas sucesorias de la Monarquía Hispánica. El afecto de Mariana se concentró entonces en el hijo de ésta, José Fernando de Baviera, a quien veía como una posible garantía para la continuidad de la Monarquía y como el principal consuelo de sus últimos años. A principios de 1693, escribía desde el Palacio del Buen Retiro, las siguientes palabras al elector Maximiliano Manuel, acerca del pequeño José Fernando: «Quiera Dios conservarlo para consuelo de Vuestra Alteza y mío, porque llevo a ese niño dentro del corazón, por ser lo único que me ha quedado de mi hija».[12]
Mariana de Austria se mostró posteriormente favorable a la candidatura del archiduque Carlos de Austria. La cuestión sucesoria estuvo además condicionada por los tratados de partición promovidos por las potencias europeas, que pretendían evitar que la totalidad de la Monarquía Hispánica, quedara bajo el control de una sola dinastía. Finalmente, Carlos II, en su testamento de 1700, designó heredero a Felipe de Anjou, quien accedió al trono como Felipe V. La decisión provocó la Guerra de Sucesión Española y puso fin a la presencia de los Austrias en el trono español.[33]
A comienzos de 1696, Mariana de Austria comenzó a sufrir una grave enfermedad. El 5 de abril, el médico que la atendía, describió un tumor localizado en el pecho izquierdo, de considerable tamaño, superficie endurecida y amoratada, acompañado de fuertes dolores que le impedían dormir. El facultativo consideró que se trataba de un «cáncer», al que identificó con el término «carcinoma» empleado por la medicina clásica. Según su informe, el tumor todavía no se había extendido, aunque sus características hacían temer una rápida progresión.[34] Los médicos intentaron tratar la enfermedad mediante los procedimientos disponibles en la medicina de la época. Al mismo tiempo, la corte recurrió a prácticas religiosas para solicitar su recuperación. Entre otras medidas, se trasladaron al Real Alcázar de Madrid, las reliquias de san Isidro y la imagen de la Virgen de Atocha, objeto de especial devoción de la familia real. La enfermedad continuó avanzando, y Mariana de Austria falleció en Madrid, el 16 de mayo de 1696.
Sus restos reposan en la Cripta Real del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, en España, conocido también como el Panteón de Reyes. En dicho monasterio, reposan los restos de los monarcas de España y de aquellas reinas consortes que fueron madres de reyes. Una de las pocas excepciones, es Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV y madre de la infanta María Teresa de Austria, hijastra de Mariana. La distinción fue concedida porque de su descendencia, nacería Felipe V, fundador de la dinastía borbónica española. Por el contrario, Mariana de Austria, fue sepultada en el Panteón de Reyes al haber sido madre de Carlos II, último monarca de la Casa de Austria en España.Su muerte puso fin a la trayectoria de una de las mujeres más influyentes del siglo XVII español, protagonista de una extensa regencia y testigo privilegiada de la lenta decadencia de la Monarquía Hispánica de los Austrias.[35]

Un testigo, el Barón de Baumgarten, describió los sucesos en los siguientes términos:
Miércoles 16, a las doce menos cuarto de la noche, en el instante mismo en que se hacía más visible el eclipse de luna, falleció la Reina, en las casas de Uceda, donde vivía. A las cuatro de la mañana se abrió el testamento, y después se expuso el cadáver en el estrado. Al domingo siguiente lo trasladaron a El Escorial con la pompa de costumbre. Según pudo ver mucha gente, al sacar el cadáver de la caja mortuoria una paloma estuvo revoloteando buen rato. Una monja que ha servido en el cuarto de la Reina difunta, al tener noticia de su muerte, pidió un recuerdo de ella, y le dieron una de las camisas de noche de Su Majestad. Esta monja, paralítica desde que entró en el convento, metió la camisa en su cama, y a la mañana siguiente amaneció completamente curada.Barón de Baumgarten[36]
Más de tres años después, durante el otoño de 1699, el embajador austríaco en Madrid, Conde Harrach, acompañó a los reyes a pasar una temporada en El Escorial y cuenta que, aprovechando la ocasión, se decidió cambiar algunos féretros de lugar. El rey Carlos II, mandó que abrieran el féretro de su madre y poco tiempo después, Harrach escribió una carta al emperador Leopoldo relatando lo que vio:[30]
...estaba todo el cuerpo sin descomponerse y la carne de la cara y las manos tan intacta como si Su Majestad acabase de morir; todo el traje y el manto, que era de tafetán de seda, estaba en tan buen estado como si se hubiese acabado de hacer. Su Majestad el Rey en persona me instó a que lo mirase y tocase todo para que pudiese dar cuenta detallada a Vuestra Majestad Imperial. No se notaba tampoco el menor olor. Se estudian ahora todos los milagros que sucedieron a la muerte de Su Majestad, y me han asegurado que cuando Su Majestad se iba a morir pidió que no la abrieran ni embalsamaran. Pero como Su Majestad el Rey dispusiera que se hiciese y los médicos y cirujanos abriesen la camisa para hacer la operación, enrojeció súbitamente el rostro del cadáver, con lo cual se asustaron tanto los médicos y cirujanos, que cayeron de rodillas y pidieron a Su Majestad que los perdonara, porque lo habían hecho por orden del Rey, con lo que, después de abrirla, se volvió a poner pálida la cara.
Títulos
[editar]A lo largo de su vida, Mariana de Austria ostentó diversas dignidades y tratamientos protocolarios acordes a su nacimiento, su matrimonio y las funciones de gobierno que desempeñó.[37]
| Fecha | Condición o título | Tratamiento real |
|---|---|---|
| 1634–1649 | Archiduquesa de Austria, princesa de Hungría y de Bohemia e infanta de España. | Su Alteza Imperial (y Su Alteza Real como princesa imperial). |
| 1649-1665 | Reina consorte de España: Reina de Castilla, de León, de Aragón, de Navarra, de Nápoles, de Sicilia y de Cerdeña; duquesa de Milán; duquesa titular de Borgoña y soberana de los Países Bajos. | Su Majestad (o Su Majestad la Reina). De igual forma, en el testamento del monarca Felipe IV, se especifica el título oficial con el que la nombra para gobernar («Reina Gobernadora y Tutora de nuestro hijo»).[15][38] |
| 1665–1675 | Reina viuda y reina madre de España; reina regente y gobernadora de la Monarquía Hispánica durante la minoría de Carlos II. | Su Majestad. |
| 1675–1696 | Reina madre y viuda de España. | Su Majestad la Reina Madre (o Su Majestad la Reina Viuda). |
Legado
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Los estudios actuales destacan su capacidad para dirigir la Monarquía Hispánica durante una de las etapas más complejas de su historia y la consideran una de las figuras femeninas más influyentes de la Europa barroca.[39]
Más allá de su actuación política, Mariana de Austria desempeñó un destacado papel como protectora de las artes y continuadora del coleccionismo de los Austrias. Su contribución al incremento y conservación de la Colección Real, ha sido reconocida por el Museo del Prado, en el proyecto El Prado en femenino, que la sitúa entre las mujeres cuya actuación resultó fundamental para la formación de las colecciones que hoy integran la pinacoteca.[40] Junto a Isabel de Borbón y Cristina de Suecia, Mariana contribuyó a la preservación y enriquecimiento de un patrimonio artístico que incluye algunas de las obras maestras de Durero, Rubens y Velázquez, además de esculturas tan significativas como, Las Musas.[40][41]
Del igual manera, el Museo Nacional del Prado dedicó por primera vez una muestra monográfica a una promotora artística centrada en su figura, bajo el título «Mariana de Austria» (presentada en las salas A-B del Edificio de los Jerónimos, entre el 1 de diciembre de 2026 y el 28 de marzo de 2027).[42] A través de una selección de cerca de cien obras, la exposición analizó la creación, evolución y difusión de la imagen regia de la Reina a lo largo de sus distintas etapas vitales y de ejercicio del poder, en el marco de la revisión del papel activo de la mujer en la patronaje del arte del Barroco.[43]
La memoria de la Reina, perduró más allá de las fronteras de la Monarquía Hispánica. En su honor, el jesuita Diego Luis de San Vitores, dio el nombre de Islas Marianas, al archipiélago situado en el Pacífico occidental, hasta entonces conocido por los españoles como las Islas de los Ladrones. El archipiélago de las Islas Marianas recibió su nombre en reconocimiento al patrocinio que la reina regente brindó a las misiones jesuitas. Este conjunto de islas de Micronesia, ubicado al este de Filipinas y al sur de Japón, constituyó uno de los enclaves estratégicos más importantes de la expansión española en el océano Pacífico.
Asimismo, el nombre de la reina quedó asociado indirectamente a uno de los accidentes geográficos más singulares del planeta. Frente a las costas de dicho archipiélago, se encuentra la Fosa de las Marianas, el punto más profundo conocido de los océanos y una de las mayores depresiones de la corteza terrestre. La denominación de esta fosa, deriva precisamente del nombre otorgado a las islas, en homenaje a Mariana de Austria, perpetuando así su recuerdo en la geografía mundial.
En la ficción
[editar]La figura de Mariana de Austria ha sido representada en algunas producciones audiovisuales relacionadas con la corte española del siglo XVII.[44] Entre ellas, se encuentra la telenovela mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, en la que fue interpretada por Emilia Carranza, y la serie española Águila Roja, donde Eliana Sánchez encarnó a Mariana de Austria, papel que también desempeñó en la película con el mismo nombre. Su figura también estuvo vinculada a diversas manifestaciones de la cultura cortesana de su época, particularmente a obras teatrales y literarias realizadas en su honor.[45][46]
| Año | Título | Interpretada por | Notas |
|---|---|---|---|
| 1962 | Sor Juana Inés de la Cruz | Emilia Carranza | Sor Juana Inés de la Cruz, es una telenovela mexicana producida por Telesistema Mexicano, antecedente de la actual Televisa, y estrenada en 1962. Dirigida y producida por Ernesto Alonso, la serie dramatizó la vida de la escritora y religiosa novohispana sor Juana Inés de la Cruz.[47] |
| 2009–2016 | Águila Roja | Eliana Sánchez[48] | Águila Roja es una serie de televisión española de aventuras, intriga y romance, producida por Globomedia para Radio Televisión Española. Se estrenó en el 19 de febrero de 2009 y finalizó el 27 de octubre de 2016. |
| 2011 | Águila Roja: La película | Eliana Sánchez | Se estrenó en las salas españolas el 20 de abril de 2011. Tuvo un presupuesto de 7 000 000 €, y su recaudación total fue de 3.038.709,19 €, posicionándose como la 9.ª película española más vista del año. |
| 2024 | Le Tableau / The Painting[45] | - | Cortometraje de animación. La obra dura 12 minutos y utiliza la técnica de la pantalla de alfileres (pinscreen), para recrear el famoso Retrato de Mariana de Austria, pintado por Diego Velázquez, en 1652.[49] |
Véase también
[editar]Ancestros
[editar]| Ancestros de Mariana de Austria | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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| Predecesora: Isabel de Francia |
Reina consorte de España 1649-1665 |
Sucesora: María Luisa de Orleans |
| Predecesor: Felipe IV |
Regente del Reino de España en nombre de Carlos II 1665-1675 |
Sucesor: Carlos II |
Referencias
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Bibliografía
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Enlaces externos
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Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre Mariana de Austria.- Martínez Millán, José (noviembre de 2019). «Mariana de Austria». Museo Arqueológico Nacional.
- Diccionario Biográfico. Real Academia de la Historia Mariana de Austria
- Cédula Real (17 de septiembre de 1649)
- Mujeres
- Nacidos en 1634
- Fallecidos en 1693
- Archiduquesas de Austria de la casa de Habsburgo del siglo XVII
- Casa de Austria
- Regentes de España
- Reinas consortes de España del siglo XVII
- Fallecidos por cáncer de mama
- Reinado de Carlos II de España
- Consortes de Borgoña
- Sepultados en el Panteón de los Reyes
- Nacidos en Wiener Neustadt
- Fallecidos en Madrid
- Fallecidos por cáncer en España
- Hijos de Fernando III de Habsburgo
- Felipe IV de España