Julio Argentino Roca
Alejo Julio Argentino Roca (San Miguel de Tucumán, 17 de julio de 1843-Buenos Aires, 19 de octubre de 1914) fue un político, militar, y estadista argentino que se desempeñó dos veces como presidente de la Nación Argentina, desde 1880 hasta 1886 y desde 1898 hasta el año 1904. Con un total de doce años entre sus dos mandatos presidenciales no consecutivos de seis años, Roca es la persona que más tiempo ha ejercido la jefatura de estado constitucional de la Argentina. Algunos autores lo consideran como el arquitecto o fundador de la Argentina moderna.[1][2]
Roca fue el representante más influyente de la denominada Generación del 80 y dirigió la política argentina durante más de treinta años a través del Partido Autonomista Nacional (PAN), partido que se mantuvo 42 años en el poder sin ninguna alternancia, tejiendo complejos sistemas de alianzas con distintas fuerzas, lo que le valió el apodo de «el Zorro».[nota 1] Lideró la corriente «roquista», caracterizada por el personalismo y el control del poder político por parte de un pequeño grupo de personas, oponiéndose a las reformas electorales democratizadoras como el sufragio secreto y el voto obligatorio que reclamaban los sectores antiroquistas.[3][4][5]
En el plano militar, Roca es conocido por dirigir la «Conquista del Desierto», una serie de estratégicas campañas militares contra los pueblos indígenas que habitaban la Patagonia y parte de la pampa realizadas entre 1878 y 1885, cuyo objetivo y resultado fue la incorporación efectiva de sus territorios al control del Estado argentino.[6] Los territorios nacionales constituidos durante este período llegaron a representar aproximadamente dos quintos de la superficie del actual territorio del país.[6]
Durante sus dos mandatos como presidente, ocurrieron muchos cambios importantes, particularmente grandes proyectos de infraestructura de ferrocarriles e instalaciones portuarias; aumento de la inversión extranjera, junto con la inmigración a gran escala desde Europa y Asia; expansión de los sectores agrícola y pastoril de la economía; y laicización de la legislación que fortalece el poder estatal (educación pública y registro civil). La principal preocupación de Roca en política exterior era poner límites fronterizos con Chile, que nunca se habían determinado con precisión. Roca aprovechó que en el año 1881 Chile se encontraba librando la guerra del Pacífico contra Bolivia y Perú, por lo que para Chile era estratégicamente importante no tener un segundo frente militar. Gracias a esto se logró el tratado de Límites de 1881.
El legado de Roca ha sido objeto de profundos debates entre historiadores. Sus partidarios exaltan su papel en la consolidación definitiva del Estado argentino, su expansión territorial, la federalización de Buenos Aires, la educación pública, la laicización del Estado y el elevado crecimiento económico que condujo al país a situarse entre las naciones más ricas del mundo durante varias décadas.[7][8][9][10] Por otro lado, sus detractores ponen énfasis en el trato brutal recibido por los pueblos originarios durante la «Conquista del Desierto» (con algunos llegando a calificarlo como genocidio),[11][12] así como el carácter antidemocrático, fraudulento y oligárquico del modelo político y económico implementado durante su período de gobierno.[13][14] En general, existe un consenso respecto a que Roca fue uno de los presidentes más importantes y una figura determinante para la historia argentina durante la última etapa del siglo XIX y principios del siglo XX,[15] y se le recuerda en Argentina por medio de numerosos memoriales.
Primeros años
[editar]Nacimiento y familia
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Según su fe de bautismo,[nota 2] Alejo Julio Argentino Roca Paz nació el lunes 17 de julio de 1843 en la estancia «El Vizcacheral», una propiedad perteneciente a sus padres situada en las cercanías de la Ciudad de San Miguel de Tucumán, en la Provincia de Tucumán, entonces integrante de la Confederación Argentina.[16][6] Su madre eligió sus nombres y, según la tradición familiar, expresó: «Se llamará Julio por ser el mes glorioso y Argentino, porque confío en que sea, como su padre, un fiel servidor de la Patria».

Era hijo del coronel José Segundo Roca Tejerina, militar que participó en las Campañas del Alto Perú durante la Guerra de la Independencia Argentina, integró el Regimiento de Granaderos a Caballo, intervino en las guerras civiles argentinas —primero en el bando unitario y posteriormente en el federal—, luchó en la Guerra del Brasil, combatió en la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana y, años más tarde, en la Guerra de la Triple Alianza.[17][18] Su madre fue Josefa Agustina Paz y Pereyra Mariño Roca,[nota 3] perteneciente a una tradicional familia tucumana; era hija de Juan Bautista Paz, quien llegó a ser ministro de Gobierno de Tucumán, y hermana de Marcos Paz, futuro vicepresidente de la Nación durante la presidencia de Bartolomé Mitre.[6]Roca fue el cuarto de nueve hermanos, quiénes eran:
• Alejandro Segundo Roca Paz (1838–1904)
• Antonio Ataliva Roca Paz (1839–1912)
• Bernabe Celedonio Roca Paz (1840–1866)
• Fermin Agustin Roca Paz (1845–1845)
• Alejo Agustin Roca Paz (1847–1909)
• Marcos Filomeno Roca (1849–¿¿??)
• Rudecindo Marcial Roca Paz (1850–1903)
• Agustina Marcelina Francisca Paula Segunda Roca Paz (1852–1942)
Infancia y desarrollo académico
[editar]La numerosa familia y las frecuentes ausencias de su padre, motivadas por su carrera militar y sus continuos traslados entre distintas provincias, hicieron que Roca creciera en un hogar de recursos modestos. Años después evocaría esa etapa de su infancia como una «pobreza noble» o «pobreza patricia». Cuando tenía nueve años se produjo la Batalla de Caseros de 1852 y la caída del gobierno de Juan Manuel de Rosas. A partir de entonces, la situación de la familia cambió considerablemente. El prestigio militar de José Segundo Roca le permitió ganarse la confianza del presidente de la Confederación Argentina, Justo José de Urquiza, quien lo incorporó a su círculo de colaboradores y favoreció posteriormente la educación de sus hijos.[6]

La instrucción formal de Julio comenzó en el Convento de San Francisco de San Miguel de Tucumán, a la que asistió entre 1849 y 1855.[6] Allí recibió una enseñanza primaria acorde con las posibilidades del interior argentino de mediados del siglo XIX, basada en la doctrina cristiana, el aprendizaje del latín, gramática, aritmética, caligrafía y principios religiosos. Como era habitual en la época, la disciplina era severa y los castigos corporales formaban parte de la educación. Aquellos años contribuyeron a desarrollar en él hábitos de orden, disciplina y autocontrol que conservaría durante toda su vida.
Fuera de la escuela, sin embargo, disfrutaba de una infancia mucho más libre, recorriendo las calles de Tucumán, montando a caballo y jugando con sus hermanos a recrear las campañas militares que escuchaban narrar a su padre. También desde su infancia habría sido apodado «Zorrito», por su astucia para librarse de las consecuencias de sus travesuras. En 1855 sufrió uno de los golpes más duros de su niñez: la muerte de su madre, Agustina Paz, cuando apenas contaba doce años. Ante la imposibilidad de atender personalmente a todos sus hijos debido a su carrera militar, José Segundo Roca recurrió a una práctica frecuente entre las familias de la época, conocida como el «reparto» de los hijos, mediante la cual algunos eran enviados como pupilos a colegios o quedaban bajo el cuidado de familiares para asegurar su educación.[6]


Gracias al prestigio militar de su padre, al apoyo del presidente Justo José de Urquiza, y con la intervención de su tío Marcos Paz, logró que el presidente de la Confederación le concediera una beca. Junto con sus hermanos Celedonio y Marcos, a comienzos de 1858 Roca fue enviado como alumno interno al Colegio del Uruguay, en Concepción del Uruguay.[6] El establecimiento, dirigido por el pedagogo francés Alberto Larroque, era considerado uno de los centros educativos más modernos y prestigiosos de la Confederación Argentina.[19] Allí abandonó la enseñanza tradicional recibida en Tucumán para incorporarse a un sistema educativo inspirado en modelos europeos, donde se enseñaban ciencias, matemáticas, historia, geografía, filosofía, literatura e idiomas clásicos y modernos, además de una estricta formación moral y disciplinaria.
El internado reunía alumnos procedentes de todas las provincias de la Confederación, circunstancia que permitió a Roca ampliar su horizonte intelectual y desarrollar una visión nacional del país. Durante su permanencia conoció a numerosos jóvenes que más tarde integrarían la dirigencia política e intelectual argentina, entre ellos Eduardo Wilde, Onésimo Leguizamón y Benjamín Zorrilla, mientras que alumnos de promociones cercanas, como Victorino de la Plaza, también formarían parte del ambiente académico del establecimiento.[6]Ese entorno educativo-militar, dirigido por Alberto Larroque y vinculado a la estructura política de Justo José de Urquiza, formaba jóvenes tanto en disciplinas académicas como en instrucción castrense. Inicialmente, Roca manifestó interés por la medicina, aunque esa inclinación pronto sería desplazada por la tradición militar de su familia y por los acontecimientos políticos que atravesaba el país.[6]
Comienzo de su carrera militar
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Guerra contra Buenos Aires
[editar]Inició su carrera militar siendo aún un adolescente. El 20 de marzo de 1858, con apenas quince años y mientras cursaba sus estudios en el Colegio del Uruguay, recibió los despachos de alférez de artillería, siendo incorporado a la brigada de artillería "7 de Octubre", del 1.° de Línea de Entre Ríos, bajo las órdenes del coronel Simón Santa Cruz. Un año más tarde, por decreto del presidente Urquiza fue ascendido a teniente segundo con dieciséis años. En ese período alternó su formación revistando en el Palacio San José y en la Ciudad de Paraná, capital de la Confederación Argentina, desarrollando una temprana familiaridad con la vida del cuartel y el funcionamiento del poder confederado.[20]Su perfil intelectual se orientó hacia la lectura de historia militar —en particular sobre campañas de la Antigüedad y de Napoleón Bonaparte—, la geografía y la logística militar.[21] Como guardia del Palacio San José, Roca veía pasar a Urquiza, personaje histórico que admiraba profundamente y que tendría influencia en las ideas políticas de Roca, un "Federalismo del Litoral" que se empezaba a mezclar con el liberalismo, pero que nunca fue unitario.[22]De hecho, la futura Generación del 80 y del 90 tendría sus bases en el federalismo y el liberalismo.[23]

En el marco de las tensiones con el Estado de Buenos Aires, Roca, junto a otros alumnos del Colegio del Uruguay, solicitó la incorporación a la campaña; sin embargo, en un principio Larroque se negó, entre varias razones, la más transcendental fue para no exponer a adolescentes sin preparación alguna a una muerte en una guerra, sumado a un efecto paternalista que tenía con sus alumnos más allegados.[21]Sin embargo, ante la presión terminaría cediendo. Roca fue incorporado al Regimiento 1 de Artillería y, al estallar la Guerra entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires, el 23 de octubre de 1859 recibió su bautismo de fuego en la Batalla de Cepeda, combatiendo como oficial de artillería del Ejército de la Confederación Argentina.[24]En aquel cruento combate, Roca vivió por primera vez la experiencia militar y la formación decisiva: un gran ejército en movimiento, la disciplina de las tropas y la capacidad de masas humanas, los jinetes y los artilleros, sumado a un "peculiar gusto por la guerra"; por los uniformes, la pólvora y los gritos de guerra.[21]Sin embargo, reconocía que era un acto totalmente atroz y que debía ser el último recurso a realizar.[25]Con la victoria confederada y la firma del Pacto de San José de Flores, la situación política logró estabilizarse temporalmente bajo la presidencia de Santiago Derqui, quien había asumido en 1860 en la Ciudad de Paraná; sin embargo, el conflicto volvió a estallar y el 17 de septiembre de 1861 se produjo la Batalla de Pavón. En dicha batalla, Roca como teniente de artillería, combatía dentro del dispositivo del Ejército de la Confederación. Su unidad estaba compuesta por una pequeña batería de cañones —él mismo menciona dos piezas— ubicada en el sector central del despliegue confederado. Durante el desarrollo del enfrentamiento, su batería cumplió funciones de apoyo de fuego, sosteniendo el intercambio artillero mientras la infantería y la caballería se desplegaban en el campo, sin embargo, el combate fue rápidamente percibido desde su posición como desordenado y difícil de interpretar, con movimientos contradictorios, humo intenso y pérdida progresiva de cohesión en el centro confederado. El episodio más relevante en el que Roca interviene directamente ocurre cuando el centro del ejército comienza a ceder y se hace evidente la desorganización general. En ese contexto, recibe la orden —o la transmisión de la situación crítica a través de su entorno inmediato— de retirarse con su pieza de artillería, en este momento aparece su padre, el coronel José Segundo Roca, quien le indica explícitamente que la posición está perdida y que debe retirarse para evitar una baja innecesaria.[21]Roca acata la orden y procede a replegar su batería, asegurando además la conservación de los cañones, algo considerado fundamental desde la lógica militar de la época, donde la pérdida de artillería implicaba deshonor profesional.[26]tras la retirada, Roca se integra al movimiento general de repliegue del ejército confederado, que comienza a desarticularse sin una conducción central efectiva,[27]junto al capitán Juan Solá, oficial del entorno.
El derrumbe de la Confederación
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La retirada de Justo José de Urquiza del campo de Pavón provocó la desarticulación del dispositivo militar de la Confederación Argentina, privando a las tropas restantes de una conducción efectiva y acelerando la descomposición del gobierno confederal. Poco después, el presidente Santiago Derqui abandonó el poder y las autoridades nacionales de la Confederación dejaron de ejercer una autoridad efectiva sobre las provincias, iniciándose un proceso de reorganización nacional bajo la hegemonía política y militar de Buenos Aires. Este proceso culminaría institucionalmente con la presidencia de Bartolomé Mitre, quien asumió el cargo el 12 de octubre de 1862 acompañado por Marcos Paz como vicepresidente.
Entre los jóvenes oficiales que experimentaron directamente las consecuencias del derrumbe del ejército confederal se encontraba Julio. Tras la batalla de Pavón, el entonces subteniente permaneció junto a los restos de su unidad en el paraje denominado Monte Flores, donde las tropas establecieron un improvisado vivac mientras aguardaban órdenes que nunca llegaron. La ausencia de directivas del alto mando, unida a la creciente incertidumbre sobre el destino del ejército, favoreció las deserciones y terminó por hacer inviable cualquier intento de reorganización militar.[28]En medio de aquel escenario, Roca recibió una comunicación oficial del gobierno saliente de la Confederación por la cual se le concedía el ascenso al grado de teniente primero en reconocimiento a su actuación en Pavón. La promoción constituyó su primer ascenso por méritos de guerra y uno de los últimos actos administrativos del gobierno confederal.[28]
La disolución del ejército de la Confederación obligó a Roca a decidir su futuro inmediato. En lugar de regresar a Tucumán, resolvió dirigirse a Buenos Aires, donde comenzaba a organizarse el nuevo poder político y militar surgido después de Pavón.[28]
De Monte Flores a Buenos Aires
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Para realizar el viaje, Roca ocultó su condición de oficial del ejército derrotado. Se despojó de las insignias militares, sustituyó su uniforme por ropas civiles y emprendió la marcha acompañado por un antiguo miliciano afro-oriental. Durante varias semanas atravesó el norte de la provincia de Buenos Aires y pasó por Pergamino, San Antonio de Areco y Luján, dependiendo durante el recorrido de la hospitalidad de los habitantes de la campaña.[28]Al aproximarse a la capital evitó utilizar el Ferrocarril del Oeste y continuó a caballo, finalmente ingresó en Buenos Aires después de cruzar el arroyo Maldonado por el sector de Las Cañitas y llegó con escasos recursos al domicilio de su hermano mayor, Ataliva Roca, llevando consigo sus armas personales y el documento que acreditaba su reciente ascenso a teniente primero.[28]
La llegada a Buenos Aires puso al joven oficial en contacto directo con la ciudad que concentraba buena parte del poder económico, político y financiero del país. Mientras numerosas provincias del interior sufrían todavía las consecuencias de décadas de guerras civiles, Buenos Aires experimentaba un importante proceso de transformación urbana y económica, favorecido por el control de las rentas aduaneras, la expansión del comercio exterior, el desarrollo del ferrocarril y la introducción de nuevos servicios públicos. La ciudad era también escenario de profundas divisiones dentro del liberalismo bonaerense. Los sectores encabezados por Mitre y Adolfo Alsina mantenían diferencias acerca de la relación que Buenos Aires debía establecer con las provincias y sobre la forma que debía adoptar la reorganización nacional. Roca entró así en contacto con el nuevo escenario político surgido de Pavón, en momentos en que las autoridades porteñas procuraban extender su influencia sobre el resto del territorio.
Incorporación al Estado Mayor de Marcos Paz
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Poco después de su llegada a Buenos Aires, Roca se incorporó al Estado Mayor 1er. Cuerpo del Ejército Nacional encabezado por su tío materno, el coronel Marcos Paz, uno de los principales colaboradores de Mitre. De esta manera, el joven teniente primero pasó del derrotado ejército de la Confederación a las fuerzas que participaban en la reorganización política y militar del país.[28]La desaparición de las autoridades confederales no significó que la organización nacional estuviese concluida. En numerosas provincias continuaban ejerciendo influencias dirigentes y jefes militares vinculados al antiguo orden, mientras las rivalidades locales y regionales amenazaban con desencadenar nuevos enfrentamientos. El nuevo poder surgido después de Pavón debía transformar su victoria militar en una autoridad nacional efectiva sobre provincias que conservaban gobiernos, legislaturas, fuerzas armadas y estructuras políticas propias. Mitre procuró combinar la presencia militar con el envío de comisionados encargados de intervenir en las crisis provinciales, negociar con las dirigencias locales y favorecer la reorganización institucional. Marcos Paz recibió una de estas misiones y fue enviado inicialmente a Córdoba, acompañado por su Estado Mayor, del que formaba parte Roca.[29]Para el joven oficial, aquella experiencia significó su primer contacto directo y prolongado con los mecanismos políticos que acompañaban la reorganización del país. Roca recordaría esta lamentable etapa del modo que:
«Sin duda, el material humano con que se contaba para edificar el nuevo sistema era pobre, deleznable. Pero el único posible: “como Dios y los hombres lo han hecho...”.» «Con el tiempo se establecerán partidos más orgánicos y se consolidará una ética que nos faltó durante mucho tiempo y que yo dejé también de lado muchas veces, en la urgencia de construir una Nación con quien se pudiera y de una manera no ideal sino posible.»
La misión de Marcos Paz en el interior
[editar]Córdoba en crisis
[editar]La expedición inició su recorrido en la provincia de Córdoba, una de las jurisdicciones más importantes del país tanto por su posición geográfica como por su gravitación política e intelectual. Desde la época virreinal, Córdoba constituía uno de los principales centros administrativos del interior argentino y conservaba una poderosa influencia eclesiástica, universitaria y comercial. Al mismo tiempo, la provincia había experimentado durante las décadas anteriores una intensa sucesión de conflictos políticos que, después de Pavón y el derrumbe de la autoridad nacional de la Confederación, desembocaron en una profunda crisis institucional.

La situación se precipitó durante noviembre de 1861. El gobernador Félix de la Peña, que había sucedido a Mariano Fragueiro, perdió progresivamente el control de la provincia ante la sublevación de distintas fuerzas militares y la fragmentación de las autoridades. El 3 de noviembre, las guarniciones de San Justo y Río Segundo se levantaron contra el gobierno, mientras diversos comandantes comenzaron a actuar por cuenta propia y a respaldar autoridades rivales. La división no respondía únicamente al tradicional enfrentamiento entre liberales y federales. El propio liberalismo cordobés estaba profundamente fragmentado. Félix de la Peña representaba a uno de sus sectores, mientras el grupo encabezado por Justiniano Posse y vinculado al Club Libertad impulsaba una línea más decidida y apoyaba la candidatura de José Alejo Román. Junto a Posse actuaban figuras que posteriormente alcanzarían considerable importancia en la política provincial y nacional, entre ellas Antonio del Viso y Manuel Demetrio Pizarro. Las diferencias ideológicas se entrelazaban con rivalidades personales, vínculos familiares y redes de influencia construidas durante décadas. En medio de aquella pugna actuaban también distintos jefes militares. Manuel José Olascoaga se pronunció contra las autoridades federales y sostuvo inicialmente a José Alejo Román; Luis Álvarez, en cambio, respaldaba a Félix de la Peña. En las sierras y en el sur de la provincia permanecían fuerzas vinculadas al comisionado federal Fernando Félix de Allende, cuyo principal comandante era Francisco Clavero, veterano de las guerras civiles y antiguo oficial del Ejército de los Andes.

La descomposición del poder llegó a tal extremo que Córdoba atravesó el denominado «día de los seis gobernadores», durante el cual distintas autoridades y facciones reclamaron simultáneamente legitimidad para ejercer el mando. Entre quienes se sucedieron o disputaron el gobierno figuraron Félix de la Peña, José Alejo Román, Fernando Félix de Allende, Tristán Achával y Juan del Campillo. La provincia había dejado prácticamente de responder a una autoridad única. La disputa comenzó a resolverse por las armas. Luis Álvarez derrotó a las fuerzas de Clavero en La Huertilla el 18 de noviembre y volvió a imponerse dos días más tarde en el Bajo del Molino de López. Estos enfrentamientos debilitaron la resistencia de los sectores federales, pero no solucionaron las rivalidades entre los propios liberales, que continuaban disputándose el control del gobierno provincial.
«Le digo la verdad: éramos procónsules dominando regiones provictas. Usábamos primero la persuasión y la seducción; luego la amenaza y finalmente, si llegaba el caso, la fuerza.»
La llegada de los vencedores de Pavón
[editar]En estas circunstancias, el general Wenceslao Paunero, uno de los principales jefes militares de Bartolomé Mitre, avanzó hacia el interior al frente de las fuerzas vencedoras de Pavón. Su objetivo era asegurar militarmente las provincias centrales, neutralizar los últimos focos de resistencia a la nueva situación política y consolidar el orden surgido tras la caída de la Confederación. La entrada de Paunero en Córdoba alteró definitivamente el equilibrio de fuerzas, aunque la presencia del ejército, por sí sola, no bastaba para solucionar la crisis institucional.
Fue en este contexto cuando Marcos Paz recibió la misión de intervenir políticamente en Córdoba. Su actuación debía complementar la autoridad militar ejercida por Paunero y contribuir al establecimiento de un gobierno capaz de superar las divisiones locales. Junto a Paz se encontraba Roca, quien, con dieciocho años.[28]La situación cordobesa experimentó nuevos cambios durante diciembre. El día 10, José Alejo Román entregó el gobierno a Félix de la Peña como resultado de las negociaciones destinadas a encontrar una salida a la crisis. La restauración de De la Peña, sin embargo, resultó efímera: su autoridad continuaba siendo demasiado débil para imponerse sobre las distintas facciones y el 15 de diciembre presentó su renuncia.

Al día siguiente, el 16 de diciembre de 1861, una parte de la Legislatura eligió a Marcos Paz gobernador provisional de Córdoba. Su designación ofrecía una solución transitoria a la crisis y debía permitir la reorganización institucional de la provincia. Paz se encontraba, no obstante, ante una tarea compleja: debía contener las rivalidades entre las facciones liberales, enfrentar la persistente presencia de los sectores federales en la campaña y procurar que la reorganización política no quedara reducida a una simple imposición de las fuerzas militares vencedoras. Fue también durante aquellos días cuando Córdoba adoptó una decisión fundamental para la reorganización nacional. El 19 de diciembre de 1861, la Legislatura provincial declaró reasumida su soberanía ante la desaparición de las autoridades nacionales de la Confederación y autorizó a Bartolomé Mitre a convocar un nuevo Congreso conforme a la Constitución Nacional reformada, además de confiarle provisionalmente el manejo de las relaciones exteriores. Córdoba reconocía así formalmente el nuevo escenario político surgido después de Pavón.
Durante las semanas siguientes, Marcos Paz procuró restablecer el funcionamiento de la administración y preparar una solución institucional definitiva. Las diferencias entre los grupos cordobeses, sin embargo, no desaparecieron. Los sectores vinculados a Félix de la Peña y el círculo político de Justiniano Posse continuaban representando intereses y redes diferentes, mientras los federales conservaban presencia en distintas zonas de la campaña.
Una misión hacia el Norte
[editar]Entretanto, la atención de Paz se extendía cada vez más hacia las provincias del Norte, donde la caída de la Confederación había provocado una situación igualmente convulsionada. En Tucumán, Celedonio Gutiérrez intentaba recuperar el poder; Ángel Vicente Peñaloza, movilizaba sus fuerzas en apoyo de las resistencias federales; Catamarca se encontraba gobernada por Samuel Molina y amenazada por una posible invasión santiagueña; y las rivalidades entre los gobiernos y dirigentes de la región hacían temer que el derrumbe del antiguo orden desembocara en una guerra generalizada.
Desde Córdoba, Marcos Paz comenzó a recibir comunicaciones urgentes de dirigentes norteños que solicitaban su intervención. El 1 de enero de 1862, Absalón Ibarra le escribió desde Santiago del Estero pidiéndole que se trasladara a Tucumán para contribuir a la unidad del dividido Partido Liberal. El 17 de enero, Juan Lavaysse volvió a reclamar su presencia y le pidió que marchara sin demora. De esta manera, la misión inicialmente concentrada en Córdoba adquirió progresivamente un alcance regional.[29]El 28 de enero de 1862, Marcos Paz renunció a la gobernación de Córdoba para concentrarse en su condición de comisionado nacional para las provincias del Norte. No partió inmediatamente, a comienzos de febrero, Paz abandonó finalmente Córdoba acompañado por su comitiva, dentro de la cual continuaba Roca. El 7 de febrero se encontraba en un «campamento en marcha» en Quilino, al norte de la provincia, desde donde comunicó a Mitre su posición respecto del gobierno de Catamarca y continuó avanzando hacia aquella provincia.[29]
En el Norte, el nuevo orden surgido después de Pavón contaba con el apoyo de los hermanos Manuel y Antonino Taboada, quienes desde Santiago del Estero constituían uno de los principales núcleos liberales de la región y mantenían una estrecha afinidad política con Mitre. Su influencia se extendía sobre las provincias vecinas y desempeñaron un papel fundamental en el desplazamiento de los gobiernos federales y el establecimiento de administraciones liberales en Tucumán y Catamarca. Sin embargo, la considerable autonomía política y militar de los Taboada también planteaba dificultades al nuevo poder nacional: sus fuerzas amenazaron con intervenir directamente en Catamarca, por lo que Marcos Paz debió procurar contenerlas y evitar que la reorganización provincial derivara en una invasión santiagueña.
La convulsión de Catamarca y caída del gobierno de Samuel Molina
[editar]La situación catamarqueña era particularmente delicada. El gobernador Samuel Molina se encontraba vinculado a los sectores federales y había dado protección a Octaviano Navarro, antiguo jefe militar de la Confederación, mientras las fuerzas del Chacho Peñaloza operaban en la región. Simultáneamente, las tropas santiagueñas de Manuel Taboada amenazaban con penetrar en territorio catamarqueño, lo que podía convertir una crisis interna en una guerra abierta entre provincias.[29]

Ahora la misión de Marcos Paz consistía en algo más complejo que acompañar una campaña contra los federales. Debía favorecer la reorganización política del Norte y consolidar el nuevo orden surgido después de Pavón, pero procurando impedir que las intervenciones armadas de unas provincias sobre otras desencadenaran nuevos conflictos. Mitre insistía especialmente en evitar la ocupación militar de Catamarca por las fuerzas santiagueñas.[29]Desde Quilino, la comitiva continuó su avance hacia el norte. El 17 de febrero, Marcos Paz se encontraba en Albigasta, desde donde informó a Mitre sobre la derrota que las fuerzas tucumanas de José María del Campo habían infligido, siete días antes, a las tropas de Celedonio Gutiérrez y el Chacho Peñaloza en Río Colorado. La victoria debilitó considerablemente la resistencia federal en Tucumán y modificó el equilibrio militar de toda la región.[29]Paz prosiguió su marcha hacia Catamarca. Su aproximación ejerció una considerable presión política sobre el gobierno de Samuel Molina, mientras los liberales locales reclamaban su presencia y los sectores federales rechazaban su mediación. Sin embargo, antes de que el comisionado llegara a la capital provincial, el equilibrio político se quebró y Molina perdió el poder. Paz sostuvo posteriormente que el cambio se había producido sin intervención directa suya, pues todavía se encontraba en San Francisco, en la frontera de la provincia cuando ocurrieron los acontecimientos. Al mismo tiempo, consiguió impedir la entrada de las tropas santiagueñas, evitando que el cambio de gobierno apareciera como resultado de una conquista militar exterior.[29]El 28 de febrero, Paz se encontraba en Amadores, desde donde instó a José Luis Lobo, elegido gobernador interino, a aceptar el cargo y le ofreció su apoyo para consolidar el nuevo orden. Posteriormente avanzó hasta la ciudad de Catamarca, donde está documentada su presencia durante marzo.[29]
La caída del gobierno de Molina no puso fin a los problemas del Norte. Persistían las tensiones entre Catamarca, Tucumán, Santiago del Estero y Salta, agravadas por anteriores invasiones, movimientos de tropas y reclamaciones económicas. Marcos Paz orientó entonces su actuación hacia la negociación entre los gobiernos provinciales. El 22 de marzo de 1862, los comisionados de Tucumán y Catamarca alcanzaron un acuerdo destinado a restablecer las relaciones entre ambas provincias y sentar las bases de una pacificación regional más amplia.[29]
Durante esta etapa, Roca permaneció integrado a la comitiva de su tío, aunque las fuentes conservadas no permiten atribuirle una actuación política autónoma ni un papel decisivo en las negociaciones. A sus dieciocho años, había observado directamente la interacción entre el poder militar, las negociaciones políticas, las rivalidades provinciales y la construcción de nuevas alianzas en el interior. Hacia el 25 de marzo de 1862, Marcos Paz abandonó Catamarca con dirección a Tucumán. La fecha está confirmada por una carta de Juan Francisco Borges, quien llegó a la capital catamarqueña con intención de entrevistarse con él y encontró que ya había partido hacia aquella provincia.[29]
El regreso de Roca a Tucumán
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El regreso de Roca a su Tucumán natal se produjo en circunstancias muy diferentes de aquellas en las que había abandonado la provincia años antes para estudiar en el Colegio del Uruguay. Regresaba ahora como teniente primero, veterano de Cepeda y Pavón e integrante del Estado Mayor de Marcos Paz.[28]En su regreso tuvo un reencuentro emotivo con sus hermanos, sobre todo con Agustina, la hermanita favorita de Roca.

La provincia acababa de atravesar una grave crisis provocada por el intento de Celedonio Gutiérrez de recuperar el poder y por la intervención del Chacho Peñaloza. El 10 de febrero de 1862, ambos habían sido derrotados en Río Colorado por las fuerzas liberales de José María del Campo, pero la situación política continuaba siendo delicada y persistían profundas divisiones dentro del propio liberalismo tucumano.[29]Cuando Paz llegó a Tucumán, a fines de marzo o comienzos de abril, la amenaza militar inmediata había disminuido. Su tarea se concentró entonces en consolidar la pacificación y contribuir al restablecimiento de las relaciones entre las provincias norteñas. La cuestión del Chacho, entretanto, permanecía sin una solución definitiva. El 8 de abril, Wenceslao Paunero escribió a Paz, a quien suponía ya en Tucumán, y sostuvo que, pese a las acciones de las montoneras, era necesario alcanzar algún arreglo con Peñaloza para evitar una guerra permanente en La Rioja.[29]Para Roca, la permanencia en su provincia natal cerraba una etapa particularmente intensa de su juventud.
El viaje de regreso y el final de la misión
[editar]Concluida la misión, Roca y Marcos Paz abandonaron juntos Tucumán y emprendieron el viaje de regreso.[30] Durante el trayecto, Paz pasó por Santiago del Estero, hecho lamentado por Manuel Taboada, quien lamentó no haberse encontrado en la ciudad «cuando V. regresó de Tucumán», debido a que en aquel momento se hallaba en la frontera del Chaco.[31]
El viaje continuó posteriormente hacia Córdoba. Allí Roca permaneció cuando su tío prosiguió viaje y pasó los meses siguientes en compañía de Marcos Paz hijo, mientras aguardaba un nuevo destino militar.[30]El 16 de mayo de 1862, Marcos Paz presentó en Córdoba la rendición de los gastos efectuados durante su comisión, con lo que quedaba formalmente concluida su misión en las provincias del Norte.[31]
Campaña contra el Chacho Peñaloza
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Concluida la misión político-militar en la que acompañó como secretario a su tío materno, el coronel Marcos Paz, por las provincias del interior después de la Batalla de Pavón, Julio Argentino Roca regresó al servicio activo con una experiencia poco común para un oficial de apenas dieciocho años. Durante aquel recorrido había conocido de primera mano la compleja realidad política de las provincias y presenciado el proceso mediante el cual el nuevo gobierno nacional, encabezado por Bartolomé Mitre, procuraba consolidar su autoridad tras la desaparición de la Confederación Argentina. La misión puso al joven oficial en contacto con gobernadores, jefes militares y dirigentes locales, constituyendo una de sus primeras experiencias directas con la política y la administración del Estado en el interior del país.[32]
El 1 de octubre de 1862 fue destinado al 6.º Batallón de Infantería de Línea, unidad incorporada a las fuerzas del general Wenceslao Paunero, encargado de las operaciones destinadas a consolidar la autoridad nacional en las provincias del interior. El traslado representó un cambio importante en su carrera militar: Roca, que se había iniciado en la artillería y había combatido en esa arma durante sus primeros años de servicio, pasó a integrar la infantería, en la que continuaría desarrollando su trayectoria militar.[32]Durante esta etapa sirvió bajo las órdenes de algunos de los jefes más experimentados del Ejército Nacional, entre ellos el propio Paunero, Ambrosio Sandes y José Miguel Arredondo. El 22 de diciembre de 1862, cuando tenía diecinueve años, Roca fue ascendido a ayudante mayor del batallón. El cargo implicaba responsabilidades relacionadas con la organización interna de la unidad, la disciplina, la instrucción de la tropa, el servicio y la transmisión de las órdenes del jefe del cuerpo.[32]
Por entonces, el gobierno nacional debía enfrentar una nueva insurrección encabezada por Ángel Vicente Peñaloza, conocido como «el Chacho». El caudillo riojano se había sometido anteriormente mediante el Tratado de La Banderita, firmado en mayo de 1862, pero posteriormente sostuvo que los compromisos asumidos en aquel acuerdo no habían sido respetados. En 1863 volvió a levantarse en armas, y el 6.º Batallón de Infantería de Línea fue incorporado a las fuerzas destinadas a combatir la rebelión.[33]La campaña presentó a Roca una forma de guerra diferente de las grandes batallas convencionales en las que había participado hasta entonces. Las montoneras de Peñaloza, formadas fundamentalmente por jinetes conocedores del terreno, recurrían a una gran movilidad y evitaban, cuando les era posible, enfrentamientos decisivos en condiciones desfavorables. Las tropas nacionales debían efectuar prolongadas marchas, reconocimientos, exploraciones y persecuciones a través de territorios extensos, con comunicaciones difíciles y problemas de abastecimiento.[32]
El 20 de mayo de 1863, Roca participó en el Combate de Lomas Blancas, en la provincia de La Rioja, sirviendo en las fuerzas nacionales que operaban contra las montoneras de Peñaloza. Poco más de un mes después, el 28 de junio, tomó parte en la Batalla de Las Playas, librada en las afueras de Córdoba, donde el ejército comandado por Paunero obtuvo una importante victoria sobre las fuerzas del Chacho.[32]
Leopoldo Lugones, en su biografía de Roca, sostuvo que el joven oficial tuvo un «lucido desempeño» tanto en Lomas Blancas como en Las Playas. El autor atribuyó especial importancia a estas campañas en su formación militar y destacó que las continuas marchas y contramarchas realizadas durante las operaciones le proporcionaron un conocimiento directo de buena parte del interior argentino. Para Lugones, esta experiencia contribuyó a formar no solamente al militar, sino también la concepción política que Roca desarrollaría posteriormente sobre la relación entre las provincias y la autoridad nacional.[32]
La derrota de Las Playas no significó el final inmediato de las operaciones. Peñaloza logró retirarse y las fuerzas nacionales continuaron persiguiendo a los últimos grupos montoneros. Roca permaneció aproximadamente siete meses destinado en La Rioja, participando en esas operaciones y recorriendo extensamente la región.[33]Roca recibió posteriormente sus despachos de capitán como premio por su conducta en la batalla de Las Playas. El ascenso quedó formalizado el 17 de febrero de 1864, cuando todavía tenía veinte años.[33][32]La campaña riojana dejó una profunda impresión en el joven oficial. En su novela biográfica Soy Roca, Luna atribuye a Roca una visión especialmente crítica sobre la dureza de aquellas operaciones. Según esa reconstrucción, mientras los sectores acomodados recibían favorablemente al Ejército Nacional porque consideraban que su presencia garantizaba la seguridad de sus personas y bienes, la actitud de buena parte de la población común era muy diferente. Luna pone en boca de Roca la reflexión de que

«el pueblo común seguramente nos odiaba», pues para aquellos habitantes las fuerzas nacionales eran «los mismos porteños que cada tantos años venían a invadirlos para imponerse a fuerza de terror».[33]
Esa percepción se encontraba agravada por los excesos cometidos durante la represión de las montoneras. En este periodo Roca fue tomando conocimiento durante sus itinerarios por La Rioja y las provincias vecinas de fusilamientos de prisioneros, torturas, incendios de viviendas pertenecientes a presuntos colaboradores de los rebeldes y otras represalias. Entre los oficiales que adquirieron mayor notoriedad por la severidad de sus métodos se encontraba el coronel Ambrosio Sandes.[33] El joven oficial le da una valoración particularmente severa de aquella experiencia, a la que califica como:
«la más miserable e ingloriosa» de sus campañas y «un trabajo para policías, no para soldados». Asimismo, pone en su voz la reflexión de que «la exasperación nos llevaba a cometer atrocidades de las que me sonrojaré siempre».[33]

La valoración de Roca a la causa de Peñaloza es interesante. Según su reconstrucción literaria, aunque consideraba que la causa del Chacho estaba destinada a la derrota ante el proceso de consolidación del Estado nacional, el joven oficial habría seguido su trayectoria con una:
«silenciosa y secreta simpatía» y considerado su causa «perdida y anacrónica, pero no por eso menos noble».[33]
Roca también distingue entre la necesidad política y militar de derrotar la insurrección y las circunstancias en que murió Peñaloza. Después de la dispersión de sus fuerzas, el Chacho fue perseguido hasta Olta, donde murió el 12 de noviembre de 1863 a manos de tropas nacionales comandadas por Pablo Irrazábal. Roca condena explícitamente la muerte, afirmando que Peñaloza «no fue ejecutado» sino asesinado por un jefe del Ejército Nacional.[33]Roca no tuvo participación directa en la muerte del Chacho.
Durante los períodos de relativa inactividad en La Rioja y otras provincias del oeste, Roca continuó desarrollando una costumbre que conservaría durante buena parte de su vida: la lectura. Pedía libros a Buenos Aires y Córdoba y aprovechaba las horas libres de la vida de guarnición para continuar su formación intelectual.[33]
Después de su ascenso a capitán, Roca continuó prestando servicios en la provincia de San Luis, donde tomó contacto con la frontera indígena y con el sistema de fortines. Aquella experiencia representó uno de sus primeros contactos directos con los problemas militares y logísticos de la frontera, escenario en el que desempeñaría un papel fundamental durante las décadas siguientes.[32]Estuvo en San Luis hasta su traslado al frente en el Paraguay en 1865.
Accionar en la Guerra del Paraguay
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La Guerra de la Triple Alianza fue consecuencia de las crecientes tensiones políticas y territoriales entre la República del Paraguay, el Imperio del Brasil, la República Argentina y la República Oriental del Uruguay por el control y el equilibrio de poder en la Cuenca del Plata. La crisis se agravó cuando el Imperio del Brasil intervino militarmente en la República Oriental del Uruguay en apoyo del Partido Colorado, acción que Francisco Solano López interpretó como una amenaza para la estabilidad regional y para la seguridad del Paraguay.[34]En respuesta, el Paraguay inició las hostilidades contra el Imperio del Brasil e intentó trasladar sus tropas hacia el Uruguay atravesando territorio argentino. El presidente Bartolomé Mitre negó el permiso para preservar la neutralidad de la Argentina. Ante esa decisión, Francisco Solano López ordenó la invasión de la provincia de Corrientes en abril de 1865, hecho que provocó la incorporación de la República Argentina al conflicto.[35]El 1 de mayo de 1865 la República Argentina, el Imperio del Brasil y la República Oriental del Uruguay firmaron el Tratado de la Triple Alianza. Pocos días después, el Congreso de la Nación declaró formalmente la guerra al Paraguay mediante la Ley N.º 125, sancionada el 6 de mayo de 1865.[36][37]
La declaración de guerra dio inicio a una amplia movilización del Ejército Argentino. El presidente Bartolomé Mitre, quien además ejercía el cargo de comandante en jefe de las fuerzas nacionales, dispuso la organización del Ejército Argentino de Operaciones destinado a actuar conjuntamente con las fuerzas del Imperio del Brasil y de la República Oriental del Uruguay. Las unidades de línea y los contingentes de la Guardia Nacional comenzaron a concentrarse en el litoral argentino con el propósito inicial de expulsar a las fuerzas paraguayas que ocupaban parte de la provincia de Corrientes y, posteriormente, trasladar las operaciones al territorio paraguayo.[38][39]
Incorporación al Ejército Argentino de Operaciones
[editar]Julio Argentino Roca formaba parte del reducido núcleo de oficiales profesionales del Ejército de Línea y contaba con veintidós años de edad. Su experiencia previa le había proporcionado conocimientos sobre la conducción de tropas y el servicio de campaña, pero el conflicto que comenzaba presentaba características completamente diferentes. Por primera vez integraría un ejército de dimensiones sin precedentes para la historia argentina, compuesto por decenas de miles de hombres pertenecientes a tres Estados soberanos, sometido a una conducción combinada y destinado a operar en un teatro de operaciones desconocido para la mayor parte de sus integrantes.[40]

Al iniciarse la campaña, Roca revistaba como capitán del Regimiento N.º 6 de Infantería de Línea, unidad incorporada a la división del general Wenceslao Paunero. Su incorporación al Ejército Argentino de Operaciones le permitió actuar bajo las órdenes de algunos de los principales jefes militares de la época, experiencia que resultaría decisiva para su formación profesional.[41][42]
La movilización hacia el litoral constituyó una empresa logística de enorme magnitud. El Ejército Argentino debía concentrar tropas provenientes de distintas provincias, organizar su abastecimiento, asegurar las comunicaciones entre los centros de aprovisionamiento y el frente de operaciones, coordinar sus movimientos con los ejércitos aliados y adaptar su estructura a una campaña que, inicialmente concebida como breve, terminaría prolongándose durante cinco años. Para numerosos oficiales argentinos, entre ellos Roca, aquella movilización representó el primer contacto con un ejército permanente organizado conforme a criterios modernos de disciplina, administración y planificación estratégica.[39]
La campaña poseía además una dimensión profundamente personal para la familia Roca. El coronel José Segundo Roca volvió al servicio activo para incorporarse al Ejército Argentino de Operaciones. Lo acompañaban varios de sus hijos —Julio Argentino, Celedonio Roca y Rudecindo Roca—, además de su primo Florencio Paz. Sin embargo, la campaña paraguaya transformaría aquella participación conjunta en una tragedia familiar de profundas consecuencias, cuyas pérdidas marcarían de manera permanente la vida de Julio Argentino Roca.[40][42]

Las primeras operaciones en la campaña de Corrientes
[editar]Cuando Julio Argentino Roca se incorporó al Ejército Argentino de Operaciones, la guerra aún no se desarrollaba en territorio paraguayo. La prioridad estratégica de los aliados consistía en recuperar la provincia de Corrientes, ocupada desde abril de 1865 por las fuerzas del Paraguay, restablecer el control sobre las líneas de comunicación del litoral y eliminar la amenaza que representaban las columnas paraguayas desplegadas tanto en territorio argentino como en el sur del Brasil. Solo una vez alcanzados esos objetivos podría iniciarse la invasión del Paraguay, prevista por el alto mando aliado como la fase decisiva de la campaña.[39][38]
Las operaciones militares se desarrollaron sobre un amplio escenario geográfico caracterizado por esteros, bañados, montes y numerosos cursos de agua que dificultaban los desplazamientos de grandes contingentes. La insuficiencia de caminos, las grandes distancias y la precariedad de las comunicaciones obligaban a los comandantes a otorgar una importancia decisiva a los servicios de exploración y reconocimiento. El conocimiento preciso de los movimientos del enemigo, del estado de los caminos, de los vados y de las posiciones ocupadas por las fuerzas paraguayas resultaba indispensable para planificar las maniobras del Ejército Argentino y coordinar sus operaciones con las tropas imperiales brasileñas y orientales.[39]
Fue en ese contexto donde Julio Argentino Roca recibió sus primeras responsabilidades durante la guerra. Fue destinado a cumplir diversas comisiones de reconocimiento y obtención de información sobre los movimientos del ejército paraguayo en la región de Rincón de Soto y de la costa del Payubre. Estas misiones exigían desplazamientos discretos en zonas próximas a las posiciones enemigas, la observación permanente de las columnas paraguayas y la transmisión rápida de la información obtenida al comando argentino, contribuyendo a la planificación de las operaciones desarrolladas durante la recuperación del territorio correntino.[41]La calidad de la información obtenida mediante las partidas de exploración condicionaba las decisiones de los mandos superiores y permitía reducir el riesgo de sorprender a las columnas propias durante la marcha. El desempeño de Roca en estas primeras comisiones fue considerado satisfactorio por sus superiores, quienes comenzaron a advertir en el joven capitán cualidades de iniciativa, disciplina, serenidad y capacidad de observación que más adelante volverían a manifestarse en acciones de mayor envergadura.[43]

Mientras tanto, el desarrollo general de la campaña modificaba progresivamente la situación estratégica. El primer gran enfrentamiento en el que participó fue la Batalla de Yatay, librada el 17 de agosto de 1865,[44] por el ejército aliado al mando del general Venancio Flores. La derrota redujo considerablemente la capacidad ofensiva paraguaya en el litoral y facilitó el cerco de la ciudad brasileña de Uruguayana, donde permanecía aislada una importante columna al mando del teniente coronel Antonio de la Cruz Estigarribia. Fue así como el Ejército Aliado inició entonces un sitio que reunió a tropas argentinas, brasileñas y uruguayas bajo la dirección de Bartolomé Mitre y con la presencia del emperador Pedro II de Brasil. Tras varias semanas de sitio, la guarnición paraguaya capituló el 18 de septiembre de 1865, privando al Paraguay de toda presencia militar organizada al sur del río Paraná y poniendo fin a la campaña ofensiva iniciada meses antes por Solano López.[39][38]
La recuperación del territorio argentino permitió al alto mando aliado concentrar sus esfuerzos en la siguiente fase de la guerra. Durante los últimos meses de 1865 comenzaron los preparativos para trasladar el grueso de las fuerzas hacia Paso de la Patria, desde donde se proyectaba el cruce del río Paraná y el comienzo de las operaciones sobre territorio paraguayo. Sin embargo, antes de que pudiera incorporarse a esa nueva etapa de la campaña, Roca debió interrumpir temporalmente su servicio activo como consecuencia de una grave enfermedad que lo obligó a regresar a Buenos Aires para recibir tratamiento médico. La interrupción resultó particularmente frustrante para el joven oficial, que veía alejarse la posibilidad de participar en la inminente invasión del Paraguay mientras el resto del Ejército Argentino continuaba concentrándose para la mayor operación militar emprendida hasta entonces por la República.[40][42]
El regreso al Ejército y la invasión del territorio paraguayo
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La enfermedad que obligó a Julio Argentino Roca a abandonar temporalmente el Ejército Argentino de Operaciones no puso fin a su participación en la campaña. Después de permanecer varios meses en Buenos Aires recuperándose, solicitó reincorporarse al servicio activo apenas su estado de salud se lo permitió. La petición fue aceptada y volvió inmediatamente al frente, decidido a reunirse nuevamente con el ejército que se preparaba para iniciar la invasión del territorio paraguayo.[40][42]
Durante su ausencia, la situación militar había cambiado sustancialmente. La derrota de las fuerzas paraguayas habían eliminado la amenaza inmediata sobre el territorio argentino y el sur del del Brasil. En consecuencia, el mando aliado resolvió trasladar el teatro principal de operaciones hacia la República del Paraguay. A finales de 1865 y comienzos de 1866, los ejércitos de la Triple Alianza comenzaron a concentrarse en las inmediaciones de Paso de la Patria, sobre la margen argentina del río Paraná, donde se organizaba la mayor operación anfibia emprendida hasta entonces por los ejércitos sudamericanos.[39][38]La concentración de tropas en Paso de la Patria constituyó una empresa logística de enorme complejidad. Miles de soldados argentinos, brasileños y orientales fueron reunidos en un espacio reducido, mientras ingenieros militares, pontoneros y marinos preparaban los medios necesarios para efectuar el cruce del río Paraná, transportar la artillería, los animales de carga, los parques de municiones y los abastecimientos indispensables para sostener una campaña prolongada en territorio enemigo. La coordinación entre fuerzas pertenecientes a tres Estados soberanos imponía además dificultades de organización inéditas para los mandos aliados, que debían armonizar distintos reglamentos, idiomas, sistemas administrativos y cadenas de mando bajo la dirección general de Bartolomé Mitre.[39]
Fue en ese escenario donde Roca volvió a incorporarse a las filas del Regimiento N.º 6 de Infantería de Línea.
La reincorporación coincidió asimismo con uno de los momentos más significativos de su vida familiar. En el mismo ejército continuaban sirviendo su padre, el coronel José Segundo Roca, y varios de sus hermanos. La posibilidad de compartir nuevamente la campaña junto a ellos alimentó la expectativa de que la guerra representara no sólo una oportunidad para servir a la Nación, sino también para fortalecer los vínculos familiares en medio de una empresa militar común. Años más tarde, al recordar aquel período, Roca evocaría precisamente esos meses como el momento en que comenzó a conocer verdaderamente a su padre, ya no únicamente como la autoridad familiar, sino también como un jefe militar experimentado, respetado por sus subordinados y admirado por quienes servían bajo sus órdenes.[40]
A comienzos de abril de 1866 el Ejército Aliado completó finalmente el cruce del río Paraná e ingresó en territorio paraguayo. La campaña adquiría desde entonces características completamente distintas de las conocidas hasta ese momento. Atrás quedaban las operaciones destinadas a expulsar al invasor del territorio argentino; comenzaba ahora una ofensiva prolongada contra un adversario que combatía en su propio país, protegido por un terreno favorable y por un elaborado sistema de fortificaciones que convertía cada avance en una operación cuidadosamente planificada.[39]
La muerte de José Segundo Roca
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Mientras el Ejército Argentino completaba los preparativos para el cruce del río Paraná, la campaña adquirió para Roca un carácter profundamente personal. Su padre, el coronel José Segundo Roca acompañó la movilización desde el noroeste argentino hasta el litoral y permaneció con el ejército concentrado en las inmediaciones de Paso de la Patria, donde se ultimaban los preparativos para la invasión del territorio paraguayo. Sin embargo, el deterioro de las condiciones sanitarias de los campamentos comenzó a afectar gravemente a numerosos oficiales y soldados. Las enfermedades infecciosas, favorecidas por el clima, las dificultades de abastecimiento y la concentración de miles de hombres en espacios reducidos ocasionaban un número creciente de bajas incluso antes de iniciarse las grandes operaciones militares.[39]

El 8 de marzo de 1866, cuando el Ejército Aliado todavía no había cruzado el río Paraná, el coronel José Segundo Roca falleció en el campamento de Ensenaditas. Su muerte privó al Ejército Argentino de uno de sus oficiales de mayor antigüedad y puso fin a una carrera militar iniciada medio siglo antes. El mando de la división que comandaba fue asumido por el teniente coronel Antonio Susini. Y por si fuera poco, su hermano Caledonio Roca también murió durante el conflicto.
Lejos de solicitar el relevo, Roca permaneció incorporado a su unidad. Pocas semanas después, el Ejército Aliado inició finalmente el cruce del río Paraná e ingresó en territorio paraguayo. La guerra dejaba atrás su etapa preparatoria para transformarse en una campaña de operaciones permanentes, donde las tropas argentinas enfrentarían por primera vez al ejército combatiría en grandes campales.[39][40]
El inicio de la Campaña de Humaitá
[editar]El 2 de mayo de 1866 esa respuesta se produjo en las inmediaciones de la Batalla de Estero Bellaco. Aprovechando el conocimiento del terreno y el efecto de la sorpresa, fuerzas paraguayas atacaron las avanzadas aliadas con el propósito de desorganizar su despliegue y recuperar la iniciativa estratégica. El combate se desarrolló en condiciones particularmente difíciles, entre terrenos anegadizos, vegetación densa y escasa visibilidad, factores que dificultaban el empleo coordinado de las distintas armas y obligaban a los oficiales a improvisar decisiones con rapidez para mantener la cohesión de sus unidades.[39][38]
Roca participó en aquella acción formando parte de las fuerzas argentinas comprometidas en la defensa de las posiciones aliadas. Su presencia en Estero Bellaco marcó su primer enfrentamiento en territorio paraguayo. La violencia del ataque, la rapidez con que evolucionó la acción y las pérdidas sufridas por ambos bandos demostraron que el ejército paraguayo conservaba una notable capacidad ofensiva y que la campaña distaría de resolverse mediante una rápida sucesión de victorias aliadas.[40][42]El combate concluyó con el rechazo de las fuerzas paraguayas, pero también puso de manifiesto las limitaciones del dispositivo aliado y la necesidad de extremar las medidas de seguridad durante el avance. La campaña comenzaba a exigir no solamente valor personal, sino también capacidad de adaptación, disciplina bajo presión y rapidez para ejecutar órdenes en un terreno particularmente desfavorable.[40]
Después del combate se continuó avanzando lentamente sobre el territorio paraguayo. Mitre procuró consolidar las posiciones alcanzadas antes de reanudar la ofensiva, consciente de que el mariscal Solano López conservaba intacto el grueso de su ejército y que un ataque frontal podía comprometer toda la campaña. Durante las semanas siguientes, las tropas reorganizaron sus líneas, reforzaron sus campamentos y efectuaron permanentes reconocimientos del terreno, mientras el mando paraguayo preparaba una operación destinada a destruir al ejército aliado mediante un ataque sorpresivo de gran escala.[39]
López comprendía que una prolongación de la guerra favorecería a los aliados, cuyos recursos humanos y materiales superaban ampliamente a los del Paraguay. En consecuencia, resolvió asumir la iniciativa y concentrar la mayor parte de sus fuerzas en un ataque simultáneo contra los campamentos establecidos en Tuyutí, una extensa planicie rodeada por esteros, lagunas y montes que restringían considerablemente la maniobra de grandes unidades militares. El objetivo consistía en irrumpir sobre las posiciones aliadas antes de que estas completaran su despliegue, provocar su desorganización y obtener una victoria decisiva que modificara el curso de la guerra.[39]Durante la mañana del 24 de mayo de 1866 dio inicio la Batalla de Tuyutí, aproximadamente veinticuatro mil soldados paraguayos avanzaron sobre el dispositivo aliado desde distintas direcciones. Frente a ellos se encontraban cerca de treinta y cinco mil efectivos argentinos, brasileños y orientales distribuidos en un amplio frente defensivo. El enfrentamiento que siguió sería reconocido posteriormente como la mayor batalla campal librada en América del Sur durante el siglo XIX, tanto por el número de combatientes comprometidos como por la intensidad de los combates desarrollados durante varias horas.[39][38]
Durante la acción, Roca demostró serenidad para mantener cohesionada su unidad bajo el fuego enemigo y ejecutar las órdenes recibidas en condiciones extremadamente adversas.[42][40]
El combate se desarrolló con extraordinaria violencia. Las columnas paraguayas lograron penetrar inicialmente en algunos sectores del dispositivo aliado, obligando a varias unidades argentinas y brasileñas a sostener combates cuerpo a cuerpo para impedir el desmoronamiento de la línea defensiva. Sin embargo, la resistencia organizada de las tropas aliadas y el empleo concentrado de la artillería terminaron por detener el impulso inicial del ataque. A medida que transcurrían las horas, el ejército paraguayo comenzó a sufrir pérdidas cada vez más elevadas, hasta verse obligado a iniciar la retirada hacia sus posiciones originales.[39]
Leopoldo Lugones sostiene que su actuación fue una de las más distinguidas entre los jóvenes oficiales argentinos y que la batalla contribuyó decisivamente a acelerar su carrera militar, mientras que Félix Luna considera que fue uno de los episodios que terminaron de modelar su personalidad como conductor de tropas y fortalecieron la confianza que sus jefes depositaban en él.[42][40]Tras la cual fue ascendido al grado de Sargento Mayor por el general Juan Andrés Gelly y Obes y designado segundo jefe del Batallón Salta.[45]posteriormente intervino en las operaciones de Yataytí-Corá y en la Batalla de Boquerón del Sauce.
No obstante, la victoria de Tuyutí no produjo el desenlace que los aliados esperaban. El ejército paraguayo, aunque gravemente castigado, logró replegarse ordenadamente hacia una poderosa línea defensiva organizada sobre los fortines de Curuzú, Curupaytí y Humaitá. Entretanto, el alto mando aliado elaboraba un plan destinado a quebrar el sistema defensivo paraguayo mediante la captura sucesiva de Curuzú y Curupaytí, posiciones consideradas indispensables para abrir el camino hacia Humaitá. La operación exigía una estrecha coordinación entre la escuadra brasileña y las fuerzas terrestres, así como una cuidadosa preparación artillera para neutralizar las fortificaciones construidas por el ejército paraguayo.[39][38]
Roca participaria en las operaciones contra Curuzú constituyeron el preludio inmediato de aquella nueva etapa. La captura de esa posición abrió momentáneamente la expectativa de una rápida ruptura del frente paraguayo.[42][40]
El desastre de Curupaytí
[editar]El éxito obtenido fortaleció la confianza de Bartolomé Mitre y de los mandos brasileños, quienes consideraron que una nueva ofensiva permitiría ocupar rápidamente Curupaytí y abrir el camino hacia Humaitá.[46][47]

Durante los meses posteriores a Tuyutí, los ingenieros paraguayos habían transformado Curupaytí en una de las posiciones defensivas más sólidas del continente. Aprovechando las condiciones naturales del terreno, levantaron una extensa línea de trincheras protegidas por parapetos de tierra, fosos, abatíes —obstáculos construidos con troncos y ramas entrelazadas— y numerosas piezas de artillería cuidadosamente emplazadas para batir los sectores por donde necesariamente debía avanzar la infantería atacante. La posición estaba comandada por el general José Eduvigis Díaz, considerado uno de los oficiales más capaces del ejército paraguayo.[46]
El plan aliado preveía que la escuadra imperial brasileña bombardeará intensamente las fortificaciones paraguayas durante varias horas para destruir la artillería enemiga y desorganizar sus defensas. Finalizado el bombardeo, la infantería argentina y brasileña avanzaría simultáneamente sobre las trincheras para ocupar la posición mediante un asalto general.[46]
En la mañana del 22 de septiembre de 1866, la escuadra brasileña inició el cañoneo dirigido por el almirante Joaquim Marques Lisboa fue así como dio inicio la Batalla de Curupaytí. Durante aproximadamente cuatro horas, centenares de proyectiles fueron lanzados contra las posiciones paraguayas. Desde la distancia, el intenso humo levantado por las explosiones hizo creer a muchos oficiales aliados que la mayor parte de las defensas había sido destruida. En realidad, la mayor parte de la artillería paraguaya permanecía intacta. Los parapetos de tierra absorbían eficazmente el impacto de los proyectiles y los defensores permanecían protegidos dentro de las trincheras, esperando el momento en que la infantería iniciara su avance.[46][47]Julio Argentino Roca participó en el ataque al frente del Batallón Salta.[48][49]
Cuando cesó el bombardeo naval, las columnas aliadas comenzaron a avanzar sobre el terreno abierto que separaba sus posiciones de las trincheras paraguayas. Muy pronto comprobaron que el bombardeo no había alcanzado los resultados esperados. Apenas las primeras líneas quedaron al alcance efectivo de las baterías paraguayas, un intenso fuego de artillería y fusilería cayó sobre los atacantes. Las columnas comenzaron a sufrir pérdidas extraordinariamente elevadas antes incluso de aproximarse a los abatíes que protegían el frente defensivo.[46]
El Batallón Salta, conducido por Roca, avanzó junto con las restantes unidades argentinas soportando el fuego continuo procedente de las trincheras. La progresión se hizo cada vez más difícil. Los soldados debían atravesar un terreno embarrado, cubierto de obstáculos naturales y artificiales, mientras la artillería paraguaya barría sistemáticamente los sectores de aproximación. Las bajas comenzaron a multiplicarse con rapidez entre oficiales y tropa.[48]
Lejos de abandonar la conducción de la unidad, Roca permaneció al frente de sus hombres durante las fases más críticas del combate, recorrió continuamente la línea procurando mantener la cohesión del batallón, reorganizar las fracciones desordenadas por el fuego enemigo y sostener el impulso del ataque pese a las pérdidas sufridas.[48]En medio del desorden provocado por el intenso fuego paraguayo, las unidades argentinas comenzaron a retirarse dejando el campo cubierto de muertos, heridos y restos de material de guerra. Roca, que había combatido al frente de sus hombres, logró abrirse paso entre el humo y el barro montando su caballo. Roca se metió en la trinchera enemiga, logró tomar la Bandera del Batallón que estaba cerca del cuerpo de su primo, Francisco Paz y en lugar de retirarse solo, recogió a un compañero gravemente herido: el mayor Daniel de Solier.
Solier, bañado en sangre e incapaz de continuar por sus propios medios, fue colocado sobre la grupa del caballo de Roca. A pesar del peligro de permanecer bajo el alcance de la artillería y la fusilería enemigas, Roca condujo al herido fuera de la zona de combate hasta ponerlo a salvo. La acción implicaba reducir la movilidad del caballo y convertir a ambos en un blanco mucho más visible, pero el oficial prefirió asegurar la vida de su camarada antes que acelerar su propia retirada.
Garmendia evocó aquella escena con una de las imágenes más célebres de la literatura sobre Curupaytí:
Vi á la distancia que Roca salia solitario con la bandera de su cuerpo: en torno de aquella gloriosa enseña reinaba el vacío de la tumba; cuando se aproximó y soslayó su mohíno caballo, pude distinguir que alguno venia sobre la grupa: era Solier bañado en sangre, el amigo habia salvado al amigo. José Ignacio Garmendia, Recuerdos de la Guerra del Paraguay.[50] pagina 117
A pesar del valor demostrado por las tropas argentinas y brasileñas, el resultado de la operación se volvió irreversible. Ninguna de las columnas consiguió romper el sistema defensivo paraguayo. Los abatíes permanecían prácticamente intactos, las trincheras continuaban dominando el terreno y la artillería enemiga seguía disparando con extraordinaria eficacia. Después de varias horas de combate, Bartolomé Mitre ordenó finalmente la suspensión del ataque y el repliegue general de las fuerzas aliadas.[46][47]
Curupaytí constituyó una de las derrotas más severas sufridas por la Triple Alianza durante toda la guerra. En pocas horas los aliados perdieron varios miles de hombres entre muertos y heridos, mientras las bajas paraguayas fueron comparativamente reducidas. El fracaso paralizó las operaciones ofensivas durante largos meses y obligó al mando aliado a revisar profundamente los métodos empleadosEl desastre de Curupaytí para atacar posiciones fortificadas.[46][47]
Para Julio Argentino Roca, sin embargo, la derrota tuvo un significado diferente del que podía desprenderse del resultado general de la batalla. Su comportamiento al frente del Batallón Salta fue ampliamente reconocido por sus superiores. Según Leopoldo Lugones, permaneció conduciendo a su unidad hasta el límite de las posibilidades materiales, retirándose únicamente cuando recibió la orden correspondiente y auxiliando personalmente a oficiales heridos durante el repliegue. Esa actuación dio origen a la propuesta de ascenderlo sobre el propio campo de batalla al grado de teniente coronel graduado, ascenso cuya formalización administrativa tardaría. [48][49]
Las consecuencias de Curupaytí
[editar]Durante una recorrida nocturna por el campamento, Mitre encontró a Roca leyendo una obra de Tito Livi y recibió la misión de trasladar hasta la capital del país el parte oficial de la batalla. Más allá de las discusiones historiográficas sobre algunos aspectos del episodio, el relato refleja el grado de confianza que inspiraba entre sus superiores.[45]Tas embarcarse en Corrientes, llegó a la capital pocos días después, donde informó sobre el resultado de la acción y permaneció junto a su tío, profundamente afectado por la muerte de su hijo durante el asalto, llevando con el su parte para ser ascendido, pero su tío se negó para evitar opiniones sobre un "favoritismo" a un familiar desde el Poder Ejecutivo. Una acción de total profesionalidad, poco visto en políticos.
La derrota sufrida en Curupaytí, produjo una profunda conmoción en la opinión pública argentina. La prensa criticó duramente la conducción de la campaña, mientras diversos sectores políticos comenzaron a cuestionar la continuidad de la guerra, alimentando incluso expectativas sobre una posible mediación internacional que pusiera fin al conflicto. En las provincias del interior, donde la guerra nunca había despertado un apoyo generalizado agravó una situación política que desde hacía meses se deterioraba en el interior de la República. La prolongación de la guerra, los continuos reclutamientos y el rechazo que el conflicto despertaba en amplios sectores del federalismo favorecieron el resurgimiento de una insurrección contra el gobierno de Mitre.[40]
Vuelta a los conflictos internos
[editar]Revolución de los Colorados
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La insurrección estalló el 9 de noviembre de 1866 en Mendoza. Bajo la conducción del coronel Carlos Juan Rodríguez, los revolucionarios depusieron al gobernador Melitón Arroyo y derrotaron a las fuerzas nacionales enviadas para sostener al gobierno provincial. Poco después, el movimiento se extendió a San Juan, donde Juan de Dios Videla venció a las tropas nacionales en la Rinconada del Pocito, y posteriormente a San Luis, donde fueron capturadas las principales autoridades provinciales. Paralelamente, los jefes revolucionarios aguardaban el regreso desde Chile del general Juan Saá, destinado a asumir la dirección militar del levantamiento, mientras mantenían contacto con Felipe Varela, quien preparaba su incorporación desde el otro lado de la cordillera. La revolución poseía además simpatizantes en Córdoba, La Rioja y Catamarca, lo que hacía temer que el conflicto adquiriera una dimensión nacional.[51]
La magnitud de la insurrección obligó al gobierno nacional a modificar completamente sus prioridades militares. Las operaciones ofensivas en Paraguay quedaron prácticamente suspendidas y numerosos cuerpos veteranos fueron retirados del frente para intervenir en las provincias sublevadas. Entre los oficiales llamados a integrar ese ejército se encontraba Julio Argentino Roca, quien, concluida su misión de trasladar a Buenos Aires el parte oficial de Curupaytí, fue incorporado a comienzos de 1867 a la división organizada por el brigadier general Wenceslao Paunero por tercera vez consecutiva para restaurar la autoridad nacional en Cuyo. Durante el mes de febrero pasó a formar parte de la fuerza destinada a combatir a las montoneras dirigidas por Juan de Dios Videla, Carlos Juan Rodríguez y otros jefes federales.[52]
La gravedad de la situación obligó a Mitre a abandonar temporalmente el teatro de operaciones del Paraguay y regresar al país para dirigir personalmente la represión del levantamiento. El mando del ejército aliado quedó provisionalmente en manos de los generales brasileños, mientras el gobierno argentino concentraba sus esfuerzos en sofocar la insurrección federal que amenazaba con extenderse por el interior. La concentración de tropas en Córdoba puso de manifiesto, sin embargo, que la rebelión era más profunda de lo que suponían las autoridades nacionales. Muchos de los contingentes movilizados para reforzar el ejército de Paunero simpatizaban con la causa federal, durante su instrucción era frecuente escuchar entre los reclutas vivas a Felipe Varela, a los generales Saá y al Paraguay, acompañados de expresiones hostiles hacia Mitre.[53]
A comienzos de 1867, una vez completada la concentración de las fuerzas nacionales, el mando operativo fue confiado al general José Miguel Arredondo, quien inició el avance hacia San Luis con el propósito de obligar a los ejércitos revolucionarios a presentar batalla, entre los oficiales que integraban aquella columna marchaba Roca.[52]
La Batalla de San Ignacio
[editar]A comienzos de abril de 1867, las fuerzas revolucionarias resolvieron presentar batalla en las inmediaciones del paso de San Ignacio, sobre el río Quinto, en la provincia de San Luis. Allí esperaban detener el avance del Ejército Nacional y conservar el control alcanzado sobre las provincias cuyanas. El enfrentamiento adquiría una importancia decisiva para ambos bandos: para los revolucionarios representaba la posibilidad de consolidar la insurrección y facilitar la incorporación de Varela y de Saá; para el gobierno nacional constituía la oportunidad de destruir el principal ejército federal antes de que el movimiento pudiera extenderse al resto del país.[51]
El mando de las fuerzas nacionales correspondía al coronel Arredondo, subordinado del brigadier general Paunero, mientras que el ejército revolucionario reunía a las tropas dirigidas por Juan Saá, Felipe Saá, Juan de Dios Videla y otros jefes federales. Insurgentes disponían de una clara superioridad numérica, estimada por distintas fuentes entre 3.500 y 8.000 hombres, frente a un ejército nacional considerablemente más reducido. Sin embargo, la ventaja material de los revolucionarios se veía compensada por la mayor disciplina de las tropas nacionales, integradas en buena medida por veteranos del Paraguay.[51][52]
La visión del campamento revolucionario produjo una profunda impresión en Roca. Desde las alturas próximas al campo de batalla, el joven oficial contempló la extensa línea de tropas federales desplegadas sobre las lomas, cubiertas por banderas coloradas que parecían dominar completamente el terreno. Pese a la inferioridad numérica de las fuerzas nacionales, Arredondo con serenidad recorrió las filas antes del combate, transmitiendo confianza a sus subordinados y convencido de que la disciplina adquirida en la Guerra del Paraguay sería suficiente para imponerse sobre un adversario más numeroso, aunque menos organizado.[40]
La batalla comenzó en la mañana del 1 de abril de 1867. La caballería revolucionaria lanzó sucesivas cargas destinadas a quebrar el dispositivo nacional, logrando la dispersión de jefes nacionales y locales, pero Arredondo consiguió mantener la cohesión de sus líneas y aprovechar la experiencia de su infantería veterana al mando de mayor Luis María Campos, jefe del Batallón 6 de Línea. El fuego disciplinado de los batallones nacionales, apoyado por la artillería, terminó desorganizando el ataque federal y permitió pasar a la ofensiva. A medida que avanzaba el combate, la resistencia de los Colorados comenzó a desmoronarse y la batalla se transformó en una retirada general hacia la cordillera.[51][52]
Los hermanos Saá y Videla debieron abandonar las provincias cuyanas y buscar refugio al otro lado de la cordillera, diez días después del combate, las tropas nacionales ocuparon la ciudad de Mendoza, abandonada por los revolucionarios. Fue allí donde comenzaron a llegar las noticias de la victoria obtenida por Antonino Taboada sobre Felipe Varela en la Batalla de Pozo de Vargas, librada el 10 de abril de 1867. Aunque ese nuevo revés redujo considerablemente la capacidad militar del caudillo riojano, no puso fin a la resistencia federal. Varela logró escapar con un reducido grupo de sobrevivientes, reorganizó sus fuerzas en Jáchal y obligó a los ejércitos de Paunero, Taboada e Ignacio Navarro a emprender una larga persecución por los valles y quebradas del oeste argentino.[54]
San Juan y la guarnición en La Rioja
[editar]Las montoneras evitaron presentar combate en campo abierto y recurrieron a desplazamientos rápidos por la cordillera, donde los comandantes nacionales encontraban enormes dificultades para seguirlas debido a la falta de baqueanos y al desconocimiento del terreno, en acciones como el Combate de Las Bateas y el Combate de la quebrada de Miranda, donde las fuerzas de Varela consiguieron sorprender a destacamentos nacionales antes de volver a desaparecer entre los pasos cordilleranos. Aunque militarmente debilitados, los rebeldes conservaban una notable capacidad para prolongar el conflicto.[55]Mientras tanto, el Ejército Nacional debía afrontar nuevas dificultades políticas. En Córdoba, el federal Simón Luengo encabezó un nuevo levantamiento en agosto de 1867, aprovechando la simpatía que numerosos contingentes provinciales manifestaban hacia la causa de Varela. Aunque la insurrección fue rápidamente sofocada por las fuerzas nacionales, obligó al gobierno a mantener importantes efectivos distribuidos por el interior del país.[55]
En este escenario continuó prestando servicios Roca. Finalizadas las operaciones principales de la campaña de Cuyo, fue destinado a la provincia de San Juan, donde permaneció con el Batallón 7.º de Infantería de Línea. El 13 de julio de 1867 fue promovido al grado de mayor efectivo y designado segundo jefe de dicha unidad. El ascenso reconocía tanto su actuación durante el Paraguay como su participación en la campaña contra los rebeldes federales con veinticuatro años.[56]Poco después fue trasladado a la guarnición de La Rioja, donde permaneció entre septiembre de 1867 y marzo de 1868. Su destino coincidió con la reorganización política de la provincia tras la derrota de los rebeldes.
Las tropas de Taboada, vencedoras sobre las montoneras, habían consolidado la influencia política de los hermanos Taboada mediante el respaldo al gobernador Cesáreo Dávila, procurando asegurar para Rufino de Elizalde el voto de los electores riojanos en las elecciones presidenciales de 1868.[57]
Roca sostuvo que tanto él como el coronel Arredondo, jefe del Regimiento 7.º de Línea, resolvieron apoyar a los sectores políticos riojanos favorables a la candidatura de Sarmiento, encabezados por las familias De la Vega, Bazán y Luna. En sus memorias admitió que ambos abandonaron la neutralidad política que en teoría debía observar el Ejército, afirmando que nunca dudaron sobre la actitud que debían adoptar y reconociendo que durante aquellos meses realizaron diversas gestiones para favorecer a sus aliados.[57]La intervención de ambos oficiales trascendió el plano político, según el mismo Roca, Arredondo llegó a encabezar personalmente una compañía para dispersar una pequeña fuerza organizada por el sector adversario, mientras Roca mantuvo una intensa correspondencia con su tío Marcos Paz, solicitándole que evitara el traslado de Arredondo y argumentando que la permanencia del Regimiento 7.º constituía la principal garantía para mantener el orden en la provincia y prevenir una eventual reorganización de las montoneras federales.[57]
Las actuaciones de Roca y Arredondo provocaron reiteradas protestas de los hermanos Taboada ante el Gobierno nacional. Arredondo fue convocado a un consejo de guerra y el Poder Ejecutivo envió un comisionado para intervenir en el conflicto político riojano. Roca recuerda que el grupo al que apoyaban logró neutralizar aquella intervención difundiendo rumores sobre un supuesto levantamiento inminente, circunstancia que llevó al enviado nacional a abandonar rápidamente la provincia sin alterar la situación existente. Finalmente, el sector respaldado por ambos oficiales consiguió imponerse sobre el gobierno de Cesáreo Dávila y los electores riojanos terminaron apoyando la candidatura presidencial de Sarmiento.[57]
Campaña de Salta
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Concluidas sus funciones en La Rioja, Roca viajó a Buenos Aires, donde se alojó en la casa de su hermano Ataliva. Poco después recibió una comunicación del ministro de Guerra y Marina, Martín de Gainza, quien le informó que el presidente Domingo Faustino Sarmiento deseaba entrevistarlo para confiarle una misión en el norte del país.[58]
Según la reconstrucción de Félix Luna, antes de recibirlo, Sarmiento preguntó a Gainza por el oficial recomendado. Al oír el apellido respondió:
«¿Roca? Es un barbilindo...».
El ministro insistió en que, pese a su juventud, se trataba de uno de los oficiales más capaces del Ejército y que había demostrado iniciativa tanto en la Guerra del Paraguay como durante las campañas contra las montoneras. En las notas de la obra, Luna aclara que el diálogo reproducido constituye una recreación literaria, aunque señala que existen testimonios contemporáneos que atribuyen a Sarmiento el calificativo de «barbilindo» y que confirman que Gainza recomendó personalmente a Roca para la misión.[59]
Recibido en la Casa de Gobierno, instalada todavía en el antiguo Fuerte de Buenos Aires, Roca fue informado de que el Poder Ejecutivo había confirmado el despacho correspondiente a su ascenso a teniente coronel, pendiente desde la finalización de la campaña del campaña de Humaitá, posteriormente el ministro Gainza junto a Roca entraron al despacho presidencial y Sarmiento clavó en él su mirada más inquisitiva y, tras una breve entrevista, lo descartó, explicando que lo encontraba "demasiado joven, buen mozo y elegante", y que deseaba un enviado "más arrugado y en lo posible feo". Gainza aclaró inmediatamente: "Es un muchacho pero con cabeza de viejo" y, luego de una segunda reunión, el presidente aceptó confiar y le expuso la situación del norte argentino y le encomendó una misión de confianza. Debería trasladarse a la provincia de Salta, asumir el mando del Batallón 7.º de Línea, reorganizar las fuerzas nacionales destacadas en la región y relevar del mando al coronel Martín Cornejo, procurando ejecutar la operación «con juicio y sin barullo» para evitar cualquier enfrentamiento armado.[60]
La misión tenía además un objetivo estratégico. Los informes del Ministerio de Guerra indicaban que Varela, refugiado alternativamente en Bolivia y Chile, intentaba reorganizar sus fuerzas para emprender una nueva incursión sobre el noroeste argentino. Por ello, además de reorganizar el mando militar de Salta, Roca debía reforzar la vigilancia de la frontera y preparar las operaciones destinadas a impedir un nuevo ingreso de las montoneras federales.[61]
Recibidas las instrucciones del presidente, Roca emprendió viaje hacia el noroeste argentino para asumir la misión que le había sido encomendada. Su itinerario lo condujo primero a Santiago del Estero, donde fue recibido por el gobernador Manuel Taboada,[62]el encuentro se desarrolló dentro de las formas protocolares, aunque estuvo marcado por las tensiones derivadas de los recientes acontecimientos políticos de La Rioja. Según recordaría posteriormente Roca, Taboada fingió ignorar que él había contribuido, junto con el coronel Arredondo, a debilitar la influencia política santiagueña en aquella provincia durante la campaña presidencial de 1868. Por su parte, Roca evitó deliberadamente cualquier discusión sobre ese asunto y limitó la conversación a cuestiones militares y administrativas.[62]Después de abandonar Santiago del Estero, Roca supo que Manuel Taboada había informado al presidente Sarmiento que continuaba interviniendo en la política del norte argentino. A pesar de ello, prosiguió su marcha hacia Salta con las instrucciones recibidas del Poder Ejecutivo, convencido de que la consolidación de la autoridad nacional exigía reorganizar tanto el mando militar como la situación política de la región.[62]
En lugar de establecer inmediatamente su cuartel en la ciudad de Salta, Roca decidió instalar su base de operaciones en Molinos, en los Valles Calchaquíes. La elección respondía a razones estratégicas: desde allí podía controlar los principales accesos procedentes de la Puna y, al mismo tiempo, ejecutar las instrucciones reservadas que le había confiado el presidente Sarmiento.[63]
La misión principal consistía en relevar del mando al coronel Martín Cornejo, comandante de las fuerzas nacionales destacadas en Salta. Según recordaría Roca, Cornejo había intervenido en la política provincial durante la campaña presidencial de 1868, circunstancia que el nuevo gobierno consideraba incompatible con la subordinación del Ejército al poder civil. El propio Roca establecería posteriormente un paralelo entre ambos al afirmar que Cornejo «había hecho en su provincia lo mismo que yo en La Rioja», aunque justificaba su propia actuación por haber apoyado la candidatura de Sarmiento.[60]Para evitar cualquier enfrentamiento, Roca reunió previamente las fuerzas disponibles en la región. El 7 de enero de 1869, desde Vipos solicitó al gobernador de Tucumán, Octavio Luna el envío de aproximadamente doscientos hombres al mando de Lucas Córdoba, y obtuvo además un centenar de efectivos proporcionados por el gobierno salteño. Simultáneamente ordenó a Cornejo que pusiera las tropas nacionales bajo las órdenes de su segundo jefe, disposición que éste cumplió sin advertir que perdía el control efectivo de la guarnición. Cuando concluyó la concentración, Roca disponía de cerca de quinientos soldados sin haber recurrido a la violencia.[63]
Una vez asegurada la obediencia de las tropas, Roca se presentó personalmente ante Cornejo para comunicarle que había sido relevado del mando por disposición del Gobierno nacional. Le concedió un plazo de veinticuatro horas para abandonar la provincia y presentarse en Buenos Aires. Cornejo aceptó la decisión sin ofrecer resistencia el 10 de enero, cumpliéndose así la misión encomendada por Sarmiento sin derramamiento de sangre. El gobernador de Salta, Sixto Ovejero expresó su satisfacción por el resultado de la operación y Roca quedó temporalmente al frente de las fuerzas nacionales destacadas en la provincia.[64]
La campaña contra Felipe Varela
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Simultáneamente Felipe Varela se había refugiado en Bolivia, desde donde esperaba una oportunidad para reiniciar la lucha armada, mientras el coronel Navarro perseguía a los últimos montoneros de Aurelio Zalazar en La Rioja, Varela permanecía bajo la vigilancia Roca. La misión asignada a Roca consistía en impedir que el caudillo federal lograra internarse nuevamente en el territorio argentino y reorganizar la resistencia en las provincias del noroeste.[54]
La ejecución de Zalazar en septiembre de 1868, pese a haberse acogido a la amnistía, convenció a Varela de emprender una última campaña. A fines de ese año cruzó nuevamente la cordillera con un reducido contingente, compuesto por poco más de un centenar de hombres, con la esperanza de levantar otra vez a las montoneras federales. Sin embargo las provincias cuyanas habían sido pacificadas y el Ejército Nacional mantenía bajo vigilancia los principales pasos de la frontera septentrional.[54]
Roca destacó al teniente Pedro Corvalán con la misión de cerrarle a Varela el paso de las Salinas, procurando impedir su ingreso al noroeste argentino.
«...el mayor Roca, que está en Salta al frente del 7.º de línea, destaca al teniente Pedro Corvalán para cerrarle el paso de las Salinas; el 12 de enero Varela será batido definitivamente en Pastos Grandes al querer forzar el paso...» Rosa Jose Maria - La Guerra Del Paraguay Y Las Montoneras Argentinas. Capítulo 37.
La medida formaba parte del dispositivo organizado para interceptar los movimientos del caudillo federal y evitar que encontrara apoyo entre las poblaciones de la región.[54]El intento de Varela fracasó pocos días después. El 12 de enero de 1869, al intentar forzar el paso de las Salinas, las fuerzas federales fueron derrotadas en el Combate de Pastos Grandes por tropas nacionales y milicias salteñas. Si bien las fuentes no sitúan a Roca participando personalmente en ese combate, sí lo presentan como uno de los oficiales responsables del dispositivo militar desplegado para impedir el avance de Varela y conducir su persecución durante la campaña.[54][52]
Derrotado definitivamente, Felipe Varela se dirigió hacia Chile, donde falleció en Copiapó el 4 de junio de 1870. Con su desaparición concluyó el último gran intento de las montoneras federales por reanudar la guerra civil iniciada tras Pavón.[54]Concluida la campaña, Roca fue designado jefe de la Frontera de Orán, conservando el mando del Batallón 7.º de Línea.[52]La famosa zamba en honor al caudillo –que inmortalizó Horacio Guaraní- refiere indirectamente a Roca como "uno de los valientes que Varela encontró en los senderos".
Rebelión Jordanista
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El conflicto se inició en Entre Ríos después del asesinato de Justo José de Urquiza, ocurrido el 11 de abril de 1870 en el Palacio San José. La muerte de Urquiza abrió una nueva crisis política y militar en una provincia que había ocupado un lugar central durante el proceso de organización nacional. Tres días después, el 14 de abril, Ricardo López Jordán asumió el gobierno de Entre Ríos, pero el Gobierno nacional desconoció su autoridad y dispuso la intervención militar de la provincia.[65]El asesinato de Urquiza fue cometido por partidarios de Jordán con la colaboración de Nicomedes Coronel, mayordomo del gobernador, también fueron asesinados dos de los hijos de Urquiza. El progresivo distanciamiento entre Urquiza y sectores importantes del federalismo entrerriano después de la Pavón, particularmente por la posición adoptada por Urquiza frente a la Guerra del Paraguay, su relación con los gobiernos nacionales y, finalmente, su acercamiento al presidente Sarmiento en febrero de 1870.[66]
El conflicto, por lo tanto, no quedó reducido a una disputa por la sucesión del gobierno entrerriano y Jordán procuraba extender el movimiento y segregar las provincias del Litoral del resto de la República, circunstancia que transformaba la crisis provincial en una amenaza para la organización política nacional.[66] Ante esta situación, Sarmiento dispuso la intervención militar de la provincia de Entre Ríos.
Las primeras operaciones nacionales
[editar]El Gobierno nacional organizó inicialmente un importante dispositivo militar para sofocar la insurrección. En la reconstrucción de Rodolfo Sala aparecen entre los principales responsables de las operaciones el general Emilio Mitre, designado jefe del Comando General; el general Emilio Conesa, encargado de operar sobre ambas márgenes del río Paraná; el general Juan Andrés Gelly y Obes, destinado a actuar desde Corrientes; Galarza, encargado de reunir fuerzas favorables al Gobierno nacional; e Ignacio Rivas, destinado a operar sobre los departamentos de la costa del río Uruguay.[67]
Las primeras operaciones, sin embargo, no produjeron una derrota decisiva de López Jordán. Los jordanistas evitaban comprometerse en grandes batallas y aprovechaban la movilidad de sus fuerzas y el conocimiento del territorio, desarrollando una modalidad de guerra irregular que dificultaba considerablemente su persecución. Sala menciona, entre otras acciones, el ataque a Federación como una muestra de esta modalidad de combate.[67]
La situación se complicó todavía más cuando la rebelión comenzó a extenderse hacia Corrientes. Las fuerzas nacionales encontraban dificultades para localizar a López Jordán y la información disponible sobre sus movimientos era deficiente, simultáneamente la prensa se burlaba de los jefes del ejército al no poder detener una insurrección provincial. Aunque se produjeron algunos éxitos parciales, el Gobierno no conseguía imponer un enfrentamiento decisivo. Sarmiento, preocupado por la prolongación de la campaña, relevó a Emilio Mitre y colocó al general José Miguel Arredondo al frente del comando. En este contexto adquirió especial importancia el Regimiento 7.º de Infantería de Línea, que se encontraba bajo el mando de Julio Argentino Roca.[67]
El traslado del 7.º de Línea a Corrientes
[editar]Después de la campaña de Salta, Roca había sido destinado a la guarnición de Tucumán, donde permaneció durante un período relativamente breve, en la cuál aprovecho para estar con su familia. Cuando la rebelión extendió sus operaciones hacia Corrientes y se hizo necesario reforzar las fuerzas gubernamentales, Sarmiento decidió confiarle la misión a Roca. Lugones condensó aquella determinación presidencial en la conocida expresión:
«¡Quiero que vaya Roca!».
El teniente coronel salió entonces de Tucumán al frente del 7.º de Infantería para incorporarse a la campaña[68]y el 2 de septiembre Roca llegó con su batallón a Córdoba, donde permaneció hasta noviembre. Durante ese período, la unidad quedó incorporada al dispositivo militar nacional que se estaba reorganizando frente a la crisis del Litoral. En noviembre, el Regimiento 7 continuó su desplazamiento hacia el teatro de operaciones jordanista, marchando posteriormente hacia Entre Ríos. Desde allí, Roca sería incorporado a las fuerzas que, bajo el mando de Santiago Baibiene, se concentraban para enfrentar a López Jordán en Corrientes.
El desplazamiento del Regimiento 7.º hacia Corrientes fue realizado, procurando preservar el factor sorpresa. La posición de las fuerzas jordanistas estaba favorecida por las características geográficas de la región, particularmente por la presencia de los ríos Paraná y Uruguay y por las fronteras internacionales, que dificultaban las operaciones de persecución y maniobra de las fuerzas nacionales.[67]
Para impedir que los rebeldes conocieran anticipadamente la llegada del regimiento, Roca ordenó que sus soldados permanecieran ocultos bajo la cubierta del vapor que los transportaba hacia Goya. Mientras la embarcación pasaba frente a puestos de vigilancia jordanistas, los soldados aparentaban ser simples pasajeros y saludaban ostensiblemente desde el barco. De esta manera, el 7.º de Línea pudo atravesar la zona sin revelar su verdadera fuerza ni el verdadero objetivo de su desplazamiento.[67]
Una vez llegado a Corrientes, Roca tuvo que operar en condiciones particularmente difíciles. No había podido reconocer previamente el terreno y Jordán había conseguido disponer sus fuerzas de manera que los cursos de agua limitaran las posibilidades de maniobra de las tropas nacionales. A estas dificultades geográficas se añadía una importante inferioridad material de las fuerzas gubernamentales.[67]

La situación previa al enfrentamiento decisivo era particularmente desfavorable para las fuerzas gubernamentales. Sala calcula que los jordanistas reunían aproximadamente 7.000 hombres y nueve piezas de artillería, mientras que las fuerzas nacionales disponían de unos 3.000 hombres y seis cañones. Estas cifras deben atribuirse específicamente a la reconstrucción de Sala y no presentarse como una estimación unánime de la historiografía; no obstante, permiten comprender la desproporción militar que el autor atribuye a ambos contendientes.[67]Las fuerzas gubernamentales de Corrientes, comandadas por el coronel Santiago Baibiene, gobernador de la provincia, estaban en condiciones de marcada inferioridad. Baibiene disponía de una fuerza aproximadamente dos veces menor que la del adversario y padecía además escasez de pertrechos. El enfrentamiento decisivo se produjo el 26 de enero de 1871, en el estero de Ñaembé.[68]La estructura de mando debe ser precisada. Roca no era el comandante supremo de todas las fuerzas gubernamentales. El mando superior correspondía a Santiago Baibiene, mientras Roca ejercía el mando del 7.º de Infantería de Línea.
La Batalla de Ñaembé
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Batalla de Ñaembé, librado el 26 de enero de 1871, constituyó el episodio militar decisivo de la primera rebelión jordanista encabezada por Jordán. Las fuerzas gubernamentales se encontraban bajo el mando superior del gobernador de Corrientes, Santiago Baibiene, y estaban organizadas en diversos cuerpos de infantería y caballería. Dentro de este dispositivo se encontraba el Regimiento 7.º de Infantería de Línea, que inicialmente permanecía en la reserva junto con el escuadrón de escolta, mientras que en el sector adversario se encontraban las fuerzas de las montoneras de Entre Ríos bajo el mando de López Jordán.[69]
El combate comenzó en condiciones de incertidumbre para las fuerzas gubernamentales. Según la reconstrucción de Rodolfo Sala, la situación era especialmente desfavorable debido a la posición ocupada por los jordanistas y a la superioridad numérica que les atribuye. El autor calcula aproximadamente 7.000 hombres y 9 piezas de artillería para las fuerzas de Jordán, frente a unos 3.000 hombres y 6 cañones para las fuerzas nacionales.[67]
A medida que se desarrollaba el combate, la situación de las tropas de Baibiene se volvió comprometida. La superioridad de los jordanistas hacía peligrosa la prolongación de una actitud exclusivamente defensiva. Fue entonces cuando el gobernador le consultó a Roca acerca de la conducta que debían adoptar. Roca respondió:
«Si no atacamos, esto va a ser un desastre».
Baibiene le habría contestado:
«Haga lo que crea más conveniente, comandante».
Roca decidió entonces abandonar una actitud puramente defensiva y emplear ofensivamente la reserva que tenía bajo su mando, combatido durante la jornada padeciendo «chucho», enfermedad que identifica como propia de la región.[67]

La decisión implicaba comprometer directamente al Regimiento 7.º de Infantería de Línea en el momento crítico del combate. La ofensiva exigía no solamente una decisión táctica, sino también la capacidad del jefe para imponer su voluntad sobre una tropa que, aunque perteneciente a una unidad de tradición militar, había sido recientemente remontada y contaba con numerosos soldados bisoños. Roca avanzó personalmente junto a sus soldados, rebenque en mano, interviniendo directamente para impedir que algunos hombres retrocedieran y exponiéndose junto a ellos en la línea de ataque. La presencia física del comandante habría tenido un efecto inmediato sobre la tropa, que continuó avanzando detrás de él. En la interpretación, Ñaembé demostraría así que Roca no era únicamente un militar dotado de capacidad intelectual y organizativa, sino también un jefe capaz de asumir personalmente los riesgos de la acción ofensiva. En esta batalla se manifestó que Roca era, además de un hombre de capacidad «cerebral», «un guerrero».[67]
La acción del 7.º de Línea se desarrolló mediante una maniobra envolvente. Roca condujo rápidamente a sus hombres a través de aproximadamente dos kilómetros de terreno anegadizo y cubierto por un espeso espinar, buscando alcanzar una posición desde la cual pudiera atacar a las fuerzas adversarias desde un sector inesperado.[68]
El avance no estuvo exento de dificultades. El movimiento produjo cierto desorden dentro de la formación del Regimiento 7, pero Roca consiguió reorganizar a sus hombres bajo el fuego y, una vez restablecida la cohesión de la unidad, reanudó inmediatamente la ofensiva. La capacidad de recuperar el orden durante el propio combate resultó esencial para que la maniobra no perdiera su impulso. La maniobra permitió al 7.º de Línea penetrar sobre el dispositivo adversario y atacar desde un sector inesperado. La importancia de la acción no residió únicamente en el número de hombres que comandaba, sino también en el momento en que empleó la unidad y en la dirección que imprimió a su ataque.[68]
El primer cuerpo jordanista que recibió directamente la presión del Regimiento 7 estaba comandado por el coronel Pedro P. Seguí, el mismo solicitó auxilio a Jordán ante la presión ejercida por las tropas de Roca. El jefe entrerriano habría ordenado que Seguí resistiera en lugar de retirarse hacia su posición principal. Esta decisión permitió que Roca continuara avanzando sobre las tropas que retrocedían y profundizara la presión sobre el dispositivo rebelde.

La situación comenzó entonces a producir un efecto de desorganización en las fuerzas jordanistas. Las unidades que retrocedían terminaron arrastrando a otras que todavía conservaban su capacidad de combate. De esta manera, la presión ejercida por el 7.º de Línea sobre la vanguardia no quedó limitada a la formación inmediatamente atacada, sino que comenzó a repercutir sobre las unidades situadas detrás. La resistencia de la vanguardia perdió cohesión y el movimiento ofensivo de Roca adquirió una importancia creciente dentro del desarrollo general de la batalla. La acción de Roca coincidió con la recuperación de la iniciativa por parte del conjunto de las fuerzas gubernamentales. Las unidades correntinas que habían soportado la primera fase del combate pudieron reorganizarse y aprovechar la desarticulación producida en las fuerzas de Jordán.
El avance terminó afectando directamente las piezas enemigas, cuya captura contribuyó decisivamente a quebrar la capacidad de resistencia de las fuerzas. La pérdida de la artillería privó al ejército rebelde de uno de sus principales elementos de combate y agravó la desorganización producida por el avance de la infantería de Roca.[68]
La combinación de la maniobra del 7.º de Línea, la desorganización de la vanguardia y la pérdida de la artillería terminó por quebrar la resistencia jordanista.
El combate terminó con la derrota de López Jordán el 26 de enero de 1871. La victoria permitió a las fuerzas nacionales recuperar la iniciativa y constituyó el golpe militar más importante sufrido por la primera rebelión jordanista. Ñaembé presento «el primer combate de Roca con repercusiones nacionales», y la actuación de Roca fue reconocida inmediatamente después de la batalla, Sarmiento lo ascendió a coronel en el propio campo de batalla, cuando tenía veintisiete años, debido a su «pericia y denuedo».[69]
Línea Sur de Córdoba
[editar]Después de la campaña jordanista: a los veintinueve años, Roca fue designado jefe de la Línea Sur de fortines de Córdoba, con asiento en Río Cuarto. El nombramiento significó el comienzo de una etapa distinta de su trayectoria, en la que la conducción militar comenzó a combinarse con responsabilidades territoriales, administrativas, sociales y políticas.[65]
Río Cuarto y la frontera interior
[editar]La posición de Río Cuarto tenía una importancia estratégica considerable, la comandancia era un punto de contacto entre distintas regiones del país: hacia el Litoral, mediante la llanura santafesina, y hacia Cuyo, por la provincia de San Luis. Por ello, el jefe de Río Cuarto no tenía únicamente una función vinculada con la defensa frente a las incursiones indígenas. La ubicación de la comandancia hacía que también pudiera adquirir importancia frente a las crisis políticas y los levantamientos provinciales que periódicamente afectaban al interior argentino. Río Cuarto era simultáneamente una guarnición fronteriza y un punto de influencia del poder nacional sobre una extensa zona del centro del país.[68]
La estructura de la frontera que encontró Roca era extensa. Según Rodolfo Sala, la línea de fortines se prolongaba desde la Cordillera de los Andes, en las proximidades de la naciente del río Atuel, pasando por Río Cuarto, hasta Melincué, Junín, 25 de Mayo, Bahía Blanca y Carmen de Patagones. En el sector correspondiente al sur de Córdoba actuaban principalmente los ranqueles, mientras que hacia otros sectores se encontraban grupos relacionados con las Salinas Grandes y contingentes indígenas procedentes de Chile.[67]
El Estado mantenía fortines y tropas, pero también recurría a tratados, raciones, subvenciones, mercancías y, en algunos casos, al otorgamiento de grados y sueldos militares a determinados caciques. Las relaciones podían modificarse rápidamente y una situación aparentemente pacífica podía transformarse en un conflicto militar.[68]Esta realidad obligaba al jefe de la frontera a desempeñar funciones mucho más amplias que las estrictamente militares. Debía mantener la disciplina de las tropas, administrar los recursos, conocer el terreno, relacionarse con las autoridades civiles y mantener contactos con las poblaciones indígenas.[68]
Roca realizó varias actividades de reconocimiento que contribuyeron a darle un conocimiento directo de la región. En una de ellas, acompañado por Arredondo, realizó una incursión hacia Leuvucó, centro del poder de Mariano Rosas. La expedición llegó hasta las proximidades de Villa Mercedes y permitió relevar las características topográficas del territorio, especialmente sus bañados y lagunas. Paralelamente, el teniente coronel Hilario Lagos, hijo del general homónimo realizó una operación semejante desde el fuerte General Paz.[67]
El coronel hizo sembrar maíz, alfalfa y cebada, parte de cuya producción estaba destinada a la alimentación de la caballada. También solicitó al Ministerio de Guerra máquinas segadoras para reducir el trabajo manual de los soldados. El cuidado de los caballos ocupó asimismo un lugar importante, Roca procuró mejorar la relación entre los soldados y sus cabalgaduras mediante ejercicios destinados a mantener la familiaridad de cada hombre con el caballo que utilizaba.
Roca comenzó asimismo a participar de manera activa en la vida civil de Río Cuarto. Participó en la creación de la primera Biblioteca Pública y en la fundación del periódico La Voz de Río Cuarto. Para poner en funcionamiento la imprenta fue incorporado Simón Ostwald, un alemán con experiencia en el oficio, quien quedó encargado de su dirección.
El propio Roca colaboraba con artículos relacionados con cuestiones de interés nacional, suscribiendo acciones de la sociedad editora y convirtiéndose en accionista del futuro Banco de Río Cuarto. La ciudad contaba con sociedades de socorros mutuos de españoles, italianos y franceses, un club social y nuevas conexiones ferroviarias y telegráficas.
La permanencia en Río Cuarto también tuvo consecuencias económicas personales. Roca conservó tierras situadas en la amplia franja comprendida entre Las Acequias y Los Cisnes, al sur de la ciudad. Según, aquellas tierras fueron adquiridas por indicación de Carlos María Bouquet, uno de los hombres económicamente más importantes de Córdoba y amigo de Miguel Juárez Celman. En aquel momento poseían escaso valor, pero posteriormente se convertirían en una parte importante del patrimonio de Roca.[70]
El matrimonio con Clara Funes
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Antes de establecerse definitivamente en la Línea Sur, Roca había desarrollado una relación con Clara Dolores Funes Díaz, perteneciente a una de las familias tradicionales de Córdoba. Ambos llevaban aproximadamente tres años de noviazgo y la relación había adquirido suficiente estabilidad como para proyectar el matrimonio.[70]
La familia de Clara tenía una posición destacada en la sociedad cordobesa, los Funes eran una de las familias antiguas de la provincia, mientras que por la rama materna Clara pertenecía a los Díaz, familia que reunía linaje, riqueza y poder político. En el centro de ese patrimonio se encontraba la estancia de Santa Catalina, antigua propiedad jesuítica que había pasado posteriormente a manos de la familia. Dentro de ella sobresalía Felipe Díaz, tío de Clara, cuya influencia social y económica era considerable.[70]
La relación con los Funes también acercó a Roca a Miguel Juárez Celman. Clara era hermana de Elisa Funes, novia de Juárez Celman, ambos jóvenes establecieron una relación de amistad mientras visitaban a sus respectivas prometidas en las casas familiares y en la estancia de Santa Catalina.[70]

Roca y Clara se casaron el lunes 22 de agosto de 1872, en la Catedral de Córdoba, esta unión le dio los mecanismos mediante los cuales Roca echó raíces en Córdoba y comenzó a incorporarse a la sociedad dirigente provincial. La pareja se instaló inicialmente en Villa Nueva, donde estaba la sede del comando, en una vivienda que describe como poco más que un rancho. El contraste entre la pertenencia de Clara a una familia tradicional de Córdoba y la austeridad de la vida fronteriza.[70]
El primer hijo del matrimonio, Julio Argentino Pascual Roca Funes, nació el 17 de mayo de 1873. José Miguel Arredondo fue su padrino, le siguió Alejandro Roca Funes en julio de 1874, quien murió ese mismo año, Elisa Clara Genoveva Roca Funes el 3 de enero de 1876, Maria Marcela Roca el 2 de junio de 1877 y en Buenos Aires nacieron Clara del Corazón Jesus Roca Funes, Agustina Eloísa Roca Funes y Elena Josefina Roca Funes
Sin embargo, años atrás tuvo con la tucumana Ignacia Robles un amorío que estaba prohibido por los padres de Ignacia, Roca llegó a raptarla por unos días, pero al final la devolvió con su familia, de este amorío nació una niña, que Roca no reconocería sino décadas después, a quien, según la fuente, enviaba dinero y encargos, pero existe una discrepancia sobre su nombre.
Mientras algunas publicaciones la denominaron Emilia, la información periodística relacionada con el proceso judicial de 1915 la identificó como Carmen Robles de Ludwig, en 1915, Carmen inició un juicio de filiación natural contra los herederos de Roca. El litigio contó con numerosos testigos de Tucumán y Buenos Aires. Al final terminó perdiendo el juicio sin razón concreta y Carmen quedo en el anonimato. Hay una anécdota que cuenta Daniel Balmaceda:
Durante el velorio de Roca en 1914, Carmen Robles se encontraba llorando junto al cuerpo del expresidente. Al preguntarle Clara Roca a su hermana Agustina quién era aquella mujer, esta habría respondido: «Es una hija de papá».
La vida familiar, sin embargo, no significó que Roca abandonara sus obligaciones militares. Sala señala que realizaba recorridas periódicas por los fortines del río Quinto, de aproximadamente diez días de duración y con una frecuencia cercana a dos meses. Estas inspecciones le permitían mantener contacto directo con las unidades y conocer personalmente el estado de la línea.[67]
- Julio Argentino Pascual Roca Funes
- Elisa Clara Genoveva Roca Funes
- María Marcela Roca Funes
- Agustina Eloísa Roca Funes
- Clara Roca Funes
- Elena Josefina Roca Funes
1° Guerra de sucesión presidencial
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El conflicto estalló para determinar al sucesor presidencial de Sarmiento, entre los principales candidatos se encontraban Adolfo Alsina, Bartolomé Mitre y Nicolás Avellaneda. Alsina contaba con un importante sector del autonomismo, pero su candidatura quedó comprometida por las objeciones constitucionales planteadas alrededor de la posibilidad de que un vicepresidente en ejercicio pudiera acceder directamente a la Presidencia. Mitre cuestionó públicamente esa posibilidad desde La Nación y Alsina terminó retirando su candidatura, acercándose posteriormente a Avellaneda.
La candidatura de Avellaneda terminó consolidándose en las provincias del interior, con el apoyo de la Liga de Gobernadores. Sala relaciona este proceso con los acuerdos políticos establecidos durante la Exposición Industrial de Córdoba de 1871, donde varios gobernadores habían comprometido su apoyo a la candidatura de Avellaneda.[71]
Las elecciones se realizaron el 1 de febrero de 1874. Hubo irregularidades y presiones, como era habitual en los procesos electorales de la época. Aquellas elecciones fueron fraudulentas, aunque no necesariamente más que otras de aquellos años; sectores vinculados a Alsina alteraron resultados para obtener una mayor representación de Buenos Aires, mientras que los mitristas utilizaron esas irregularidades como argumento para desconocer el proceso y comenzar a preparar un levantamiento.[72]
El 12 de abril de 1874, los Colegios Electorales consagraron la fórmula Nicolás Avellaneda–Mariano Acosta, que obtuvo 146 votos, frente a los 79 correspondientes a Bartolomé Mitre–Juan E. Torrent. Los derrotados intentaron impedir que la fórmula triunfante asumiera el gobierno y promovieron un movimiento cívico-militar en el que quedaron comprometidos, entre otros, los generales José Miguel Arredondo e Ignacio Rivas.[72]
Roca procuró mantener públicamente una posición de neutralidad durante la contienda electoral, evitando una adhesión explícita porque una intervención política de un militar de su jerarquía podía comprometer su posición institucional. Sin embargo, quienes lo conocían sabían que sus preferencias se inclinaban hacia Avellaneda: ambos eran comprovincianos, Roca valoraba especialmente su labor educativa y Avellaneda contaba con el respaldo de Sarmiento. Roca reconocía que las elecciones legislativas habían sido falsificadas, al menos en la provincia de Buenos Aires, y que las elecciones presidenciales se habían desarrollado bajo presiones; pero consideraba que esas prácticas formaban parte de los hábitos políticos de la época y que no podían utilizarse como fundamento para desconocer al poder nacional constituido. El Colegio Electoral había consagrado a Avellaneda por 146 votos contra 79 de Mitre y, desde su condición de militar, Roca entendía que debía ponerse a las órdenes del presidente electo.[73]
La crisis dejó de ser exclusivamente electoral durante los meses siguientes. Parte de la Marina se sublevó, numerosos opositores abandonaron Buenos Aires para incorporarse al movimiento armado y Mitre pasó a la Banda Oriental para asumir la conducción política de la revolución. En Santiago del Estero, la familia de los Taboada y el gobernador Absalón Ibarra se pronunciaron por la revolución. En la provincia de Buenos Aires, Rivas comenzó a reunir fuerzas y procuró incorporar a los indígenas vinculados con Juan José Catriel. En el interior, mientras tanto, Arredondo se preparaba para utilizar Villa Mercedes como centro de operaciones.[73]
El levantamiento de Arredondo
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Arredondo convirtió la crisis política en una insurrección militar abierta en el interior. Su decisión tenía para Roca un significado particular, ya que Arredondo había sido uno de sus antiguos superiores y compañeros de armas, había ejercido la Comandancia General de Fronteras con asiento en Villa Mercedes y, además, era padrino de su primer hijo. La actitud de Arredondo produjo en Roca una profunda decepción, especialmente porque había utilizado el pretexto de una enfermedad para trasladarse al interior cuando su verdadero propósito era ponerse al frente del movimiento revolucionario.[72]
Arredondo había solicitado autorización al presidente Sarmiento para trasladarse al interior con el argumento de que necesitaba recuperarse de su estado de salud. En agosto de 1874 pasó por Río Cuarto, donde permaneció algunos días y tomó contacto con dirigentes y militares vinculados al movimiento revolucionario. Desde allí continuó hacia Villa Mercedes, antiguo centro de su autoridad fronteriza, donde conservaba relaciones personales y políticas construidas durante los años en que había ejercido la comandancia de la frontera.[74]
La situación de la guarnición de Villa Mercedes era especialmente importante porque su comandante, el general de origen polaco y que había nacido en el Reino de Prusia, Teófilo Ivanowsky, había quedado encargado de la defensa de aquella frontera después de la salida de Arredondo. Su fidelidad al Gobierno nacional lo convertía en el principal obstáculo para que Arredondo pudiera apoderarse de las fuerzas de la plaza.[75]
Antes del levantamiento, el Gobierno nacional mantenía comunicación telegráfica con la guarnición de Villa Mercedes. La localidad se encontraba conectada con la red del Telégrafo Trasandino, inaugurada en 1872, que comunicaba Villa María, Río Cuarto y Villa Mercedes con las provincias de Cuyo y, a través de la cordillera, con Chile.[76]
El 23 de septiembre de 1874, Sarmiento envió a Ivanowsky una advertencia telegráfica para que vigilara a Arredondo, cuya presencia en Villa Mercedes había comenzado a despertar sospechas. Ivanowsky, que mantenía una relación personal de confianza con su antiguo compañero de armas, mostró a Arredondo aquella comunicación, permitiéndole conocer que el Gobierno estaba al tanto de sus movimientos.[77]El 24 de septiembre, una vez conocido el estallido de la revolución, Sarmiento envió un nuevo despacho a Ivanowsky ordenándole detener a Arredondo y depurar la guarnición de los jefes comprometidos con el movimiento. El telegrama fue llevado a Arredondo por Ceballos, un joven de dieciséis años que se desempeñaba como telegrafista en Villa Mercedes y cuya actividad en la oficina se encontraba bajo vigilancia de un oficial de Arredondo.[78]
Arredondo conoció así directamente las órdenes que Sarmiento había impartido a Ivanowsky y de alguna manera consiguió hacerse con el control de la comunicación telegráfica y responder al presidente como si fuera el comandante de la guarnición. Arredondo consultó qué debía hacer en caso de que el propio general revolucionario se resistiera a ser detenido, y que Sarmiento respondió ordenando que fuese fusilado inmediatamente.[77] Arredondo habría contestado entonces:
«¡Pues váyase al diablo, viejo loco!».
El levantamiento se produjo finalmente el 24 de septiembre de 1874. Villa Mercedes se encontraba celebrando la festividad de Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de la localidad. Después de la misa y del desfile militar, Arredondo puso en marcha el movimiento destinado a apoderarse de la guarnición. La operación contaba con la participación de otros oficiales comprometidos con la revolución, entre ellos el teniente coronel Benjamín Sastre y el mayor Martín Viñales.[75]
Arredondo intentó inicialmente apartar a Ivanowsky mediante un procedimiento que evitara un enfrentamiento abierto. Sastre y Viñales lo invitaron a un almuerzo en casa de Viñales con la intención de reducirlo y encerrarlo, pues consideraban que la oposición de Ivanowsky podía impedir el éxito del movimiento. Ivanowsky rechazó la invitación, alegando que necesitaba descansar, y permaneció en su domicilio.[75]
Fracasado el intento de atraerlo mediante el engaño, Arredondo ordenó detenerlo. Según el relato transmitido por Ignacio Hamilton Fotheringham, el jefe del Regimiento 4.º de Caballería recibió la orden de tomar a Ivanowsky vivo o muerto y encargó la operación al teniente Crisólogo Frías, quien avanzó hacia la casa del comandante acompañado por seis soldados.[74]
Frías entró en el domicilio de Ivanowsky y le ordenó que se rindiera. El general se negó a entregar las armas. Se produjo entonces una lucha cuerpo a cuerpo durante la cual Ivanowsky consiguió arrebatar el revólver que llevaba Frías y efectuó un disparo que no alcanzó al teniente y un segundo que lo hirió. Al escuchar las detonaciones, los seis soldados que aguardaban en el exterior entraron en acción y dispararon contra Ivanowsky. La muerte de Ivanowsky permitió a Arredondo apoderarse de la guarnición, las fuerzas que permanecían en Villa Mercedes quedaron bajo su autoridad y el movimiento dejó de ser una conspiración limitada a algunos oficiales para convertirse en una sublevación militar con tropas regulares y guardias nacionales a disposición del jefe revolucionario.[75]
Ivanowsky fue sepultado en Villa Mercedes, inicialmente recibió un entierro modesto y sin honores militares. Posteriormente, el Congreso Nacional dispuso la erección de un monumento sobre su sepultura, con la inscripción «Al general Ivanowsky, la República agradecida» . Después de derrotar a Arredondo, Roca regresaría a Villa Mercedes y rendiría homenaje a Ivanowsky ante su sepultura. La tradición local sostiene que la placa o inscripción existente sobre su tumba quedó asociada a ese homenaje de Roca.[79]
Una vez asegurada Villa Mercedes, Arredondo comenzó a organizar las fuerzas que había incorporado a la revolución para marchar hacia el norte. El 25 de septiembre abandonó la localidad al frente de una columna de entre 800 y 900 hombres. Entre las unidades que componían la fuerza se encontraban el Batallón 3.º de Línea, comandado por Joaquín Montaña, el Regimiento 4.º de Caballería de Línea, al mando de José de la Fuente, y parte del 3.º de Guardias Nacionales de Caballería.[80]
Arredondo se dirigió hacia Río Cuarto, teniendo como objetivo ampliar sus efectivos, aprovechar las fuerzas comprometidas con la revolución y establecer contacto con otros sectores que se habían pronunciado contra el Gobierno nacional.[81]

Roca recibió en Río Cuarto las primeras noticias concretas de la sublevación de Villa Mercedes. Un despacho le comunicó que Ivanowsky había muerto y que Arredondo avanzaba hacia Río Cuarto con las fuerzas de la guarnición de Mercedes. La noticia modificó inmediatamente la situación militar de Roca, que pasó de encontrarse al frente de una comandancia fronteriza a tener que organizar una fuerza para enfrentar una rebelión militar en expansión.[82]
El Gobierno nacional reaccionó rápidamente ante la sublevación. El 28 de septiembre de 1874, Sarmiento designó a Roca Comandante General y Jefe del Ejército del Norte. El coronel recibió así la responsabilidad de conducir las operaciones contra Arredondo y de impedir que el movimiento revolucionario se extendiera por las provincias del centro y del oeste del país.[79]
La situación inicial era desfavorable para Roca. Su fuerza era reducida frente a la que había conseguido reunir Arredondo y varias unidades de la frontera habían quedado comprometidas con el movimiento revolucionario. Antes de buscar una batalla, Roca tendría que conservar las tropas que permanecían bajo su autoridad, retirarse si la superioridad enemiga hacía imposible el combate y comenzar a reunir nuevos efectivos y armamento.
La retirada de Roca y el avance de Arredondo
[editar]Al recibir el mando del Ejército del Norte, Roca comprendió que no podía aceptar inmediatamente una batalla decisiva con las fuerzas de Arredondo. Su ejército era todavía reducido y parte de las unidades que se encontraban en la frontera habían pasado al bando revolucionario. La prioridad consistía en conservar el núcleo de tropas leales, mantener abiertas las comunicaciones con el Gobierno nacional y ganar tiempo para reunir refuerzos y armamento.[83]
Arredondo avanzó hacia Río Cuarto mientras Roca comenzaba a retirar sus fuerzas hacia el este. La retirada no significaba el abandono de la campaña, sino una decisión destinada a evitar que el Ejército del Norte fuera obligado a combatir en condiciones desfavorables. Roca buscaba conservar sus efectivos mientras esperaba los refuerzos que el Gobierno nacional estaba enviando desde otras provincias.[83]

La situación en Río Cuarto se volvió insostenible ante la superioridad de las fuerzas revolucionarias. Roca evacuó la plaza y comenzó el repliegue hacia el este, procurando conservar la fuerza que todavía permanecía bajo su mando. La retirada se efectuó utilizando el eje ferroviario que comunicaba Río Cuarto con Villa María y el resto de la red del interior. El ferrocarril adquirió así una importancia militar inmediata, ya que permitía desplazar tropas, armamento y pertrechos con mayor rapidez que por los caminos ordinarios y mantener la comunicación con las provincias que podían proporcionar refuerzos. Roca estableció sucesivamente sus fuerzas en Ballesteros y Fraile Muerto. El desplazamiento se realizó aprovechando el tramo del Ferrocarril Andino que comunicaba Villa María con Río Cuarto, inaugurado en 1873. Desde Villa María, la línea permitía además conectar con el Ferrocarril Central Argentino y alcanzar Rosario y el litoral.[81]
La decisión provocó críticas contra Roca. La retirada frente a Arredondo podía ser presentada políticamente como una derrota del Gobierno nacional, y distintos sectores reclamaron que el Ejército del Norte abandonara su actitud defensiva y enfrentara al ejército revolucionario. El propio Sarmiento presionó a Roca para que pasara a la ofensiva.[84]
Roca mantuvo su decisión. Consideraba que todavía no disponía de una fuerza suficientemente organizada para arriesgar una batalla decisiva. Las tropas procedían de distintas unidades y provincias, tenían diferentes niveles de instrucción y no habían alcanzado todavía la cohesión necesaria para afrontar una operación de gran magnitud. El objetivo inmediato no era recuperar terreno a cualquier precio, sino conservar un núcleo militar capaz de recibir refuerzos y convertirse posteriormente en una fuerza de campaña.[84]
La permanencia de Roca en Fraile Muerto permitió comenzar la reorganización del Ejército del Norte. Desde allí recibió nuevos contingentes enviados por el Gobierno nacional. Entre los refuerzos llegaron dos batallones de infantería y un regimiento de caballería, destinados a completar los efectivos de la fuerza que Roca estaba reuniendo.[80]
La reorganización estuvo acompañada por una mejora sustancial del armamento. Roca recibió quinientos fusiles Remington, cincuenta mil cartuchos para esas armas y dos piezas de artillería Krupp. La llegada de estos elementos aumentó considerablemente la capacidad de fuego del Ejército del Norte y permitió que las tropas nacionales comenzaran a compensar la superioridad inicial de Arredondo.[80]
Roca también comenzó a prestar especial atención a las comunicaciones utilizadas por los revolucionarios. El ferrocarril constituía un elemento estratégico para el movimiento de tropas entre Córdoba, Santa Fe y el litoral, por lo que impedir que Arredondo pudiera utilizarlo para comunicarse con los revolucionarios de Buenos Aires pasó a ser una de las preocupaciones del jefe nacional.[81]
En este contexto, Roca encomendó al coronel Ignacio Hamilton Fotheringham una operación sobre Río Segundo. La finalidad era interrumpir el empleo de la línea ferroviaria por las fuerzas revolucionarias y dificultar que Arredondo pudiera utilizarla para desplazarse hacia el litoral. La operación incluyó el levantamiento de las vías y el retiro de dos locomotoras, con lo cual se buscaba impedir que el ferrocarril pudiera convertirse en un medio de transporte para el ejército revolucionario.[83]
Mientras Roca reorganizaba sus fuerzas en Fraile Muerto, Arredondo continuaba avanzando hacia el centro de la provincia. El 2 de octubre de 1874 llegó a Villa María, punto de importancia estratégica por su posición sobre el Ferrocarril Andino y por su conexión con el Ferrocarril Central Argentino. La ocupación de Villa María permitía a Arredondo amenazar directamente las comunicaciones ferroviarias que comunicaban el interior con Rosario y el litoral. Arredondo ocupó la estación y la oficina telegráfica de Villa María. En la oficina encontró las cintas que registraban las comunicaciones telegráficas mantenidas entre Roca y el Gobierno nacional. Hizo decodificar y transcribir las cintas y pudo conocer de esa manera información relativa a los movimientos y disposiciones de las fuerzas nacionales.[80]
Desde Villa María, Arredondo decidió continuar hacia la ciudad de Córdoba. La ocupación de la capital provincial podía proporcionarle una base política más importante, permitirle reunir nuevas fuerzas y establecer contacto con dirigentes y contingentes que habían comprometido su apoyo a la revolución.
Arredondo consiguió ocupar Córdoba, pero la operación no produjo el levantamiento general que esperaba. Su presencia en la capital provincial no se tradujo en una incorporación significativa de nuevos efectivos y tampoco consiguió convertir la ocupación en una base militar estable. Una de las expectativas del jefe revolucionario era recibir importantes contingentes de Santiago del Estero vinculados con los Taboada, pero los refuerzos esperados no llegaron en la magnitud prevista.
Los dirigentes revolucionarios del norte habían hecho referencias a la posibilidad de reunir varios miles de Guardias Nacionales para incorporarlos a Arredondo. Sin embargo, esos contingentes no llegaron a Córdoba y la ocupación de la capital provincial terminó sin producir el incremento de fuerzas que Arredondo necesitaba para enfrentarse con el Ejército del Norte en mejores condiciones.[81]
La permanencia de Arredondo en Córdoba fue breve. Al comprobar que no podía consolidar allí su posición y ante la proximidad de las fuerzas nacionales que se estaban reorganizando, decidió abandonar la ciudad y regresar hacia el oeste. El movimiento revolucionario volvía a orientarse hacia el espacio cuyano, donde Arredondo podía aprovechar sus antiguas relaciones militares y políticas y encontrar un territorio más favorable para continuar la resistencia.[81]

Arredondo pasó nuevamente por Río Cuarto durante su desplazamiento hacia Cuyo. La ciudad, que había constituido uno de los principales centros de operaciones de Roca, quedó así sucesivamente bajo la amenaza y el tránsito de ambos ejércitos. Roca, entretanto, había conseguido conservar el núcleo de su fuerza y continuaba recibiendo refuerzos en el este de Córdoba.[81]
Arredondo se dirigió finalmente hacia Mendoza. Su objetivo era transformar Cuyo en una base territorial desde la cual pudiera continuar la revolución después de la falta de resultados obtenida en Córdoba. Para ello debía derrotar primero a las fuerzas provinciales que intentaban impedir su entrada en Mendoza.[85]
El 29 de octubre de 1874, las fuerzas revolucionarias se enfrentaron en Santa Rosa con las tropas mendocinas comandadas por el teniente coronel Amaro Catalán. El combate terminó con la derrota de las fuerzas provinciales y la muerte de Catalán.[85]
La victoria abrió a Arredondo el camino hacia la capital mendocina. El gobernador Francisco Civit abandonó la provincia mientras las fuerzas revolucionarias avanzaban sobre Mendoza. Arredondo entró en la ciudad y desplazó a las autoridades vinculadas con el Gobierno nacional. Para organizar el nuevo poder provincial, convocó el 1 de noviembre de 1874 a un plebiscito que designó como gobernador interino a Eliseo N. Marenco, dirigente vinculado al sector gonzalista opositor a Civit. Marenco quedó al frente de un gobierno provisional sostenido por las redes políticas que habían apoyado la revolución en Mendoza.[86]
Arredondo extendió posteriormente su influencia sobre San Juan. Allí depuso al gobernador Manuel José Gómez Rufino y colocó en su lugar a Sandalio Echevarría, estableciendo una autoridad provincial vinculada al movimiento revolucionario. La intervención en San Juan permitió a Arredondo ampliar temporalmente su control sobre Cuyo y utilizar los recursos provinciales para sostener su ejército, aunque el reclutamiento obtenido no eliminó las dificultades que enfrentaba para mantener una fuerza numerosa y preparada para una campaña prolongada.
Mientras Arredondo consolidaba temporalmente su dominio sobre Cuyo, Roca continuaba en el este reuniendo fuerzas y esperando el momento adecuado para avanzar. No intentó recuperar inmediatamente Mendoza mediante un ataque frontal. Su estrategia consistía en mantener intacto el Ejército del Norte, dejar que las fuerzas revolucionarias se desgastaran por las deserciones y avanzar cuando la relación de fuerzas fuera más favorable.[84]
La derrota de Mitre en la Batalla de La Verde, el 26 de noviembre de 1874, modificó decisivamente la situación. Las fuerzas revolucionarias de Buenos Aires no consiguieron quebrar la posición nacional comandada por el coronel José Inocencio Arias y terminaron derrotadas. Mitre quedó aislado y posteriormente capituló en Junín.[87]
La capitulación de Mitre modificó el carácter de la campaña de Roca. Arredondo quedó como el principal jefe revolucionario que todavía conservaba un ejército organizado y un territorio desde el cual podía continuar combatiendo. El foco de Cuyo pasó entonces a concentrar toda la atención militar del Gobierno nacional.[84]
Aproximación de Roca a Santa Rosa y el gaucho inocente, Cabituna
[editar]Durante la marcha del Ejército del Norte hacia Mendoza, Roca recibió a un gaucho que afirmaba haber sido enviado por el gobernador de Mendoza, Francisco Civit, para entregarle un mensaje. El hombre dijo llamarse Cabituna y aseguró que había salido desde Mendoza y recorrido durante unas veinte horas el campo para cumplir la misión que se le había encomendado.

Cabituna se presentó montado en un caballo colorado y llevaba consigo una nota que aparentaba proceder de Civit. Las circunstancias de su llegada despertaron inmediatamente sospechas entre los hombres que acompañaban a Roca. El principal indicio fue el estado del caballo: quienes observaron al animal consideraron poco verosímil que pudiera encontrarse todavía en buenas condiciones después de haber recorrido durante unas veinte horas el trayecto que Cabituna afirmaba haber realizado. También llamó la atención el estado de la nota, que se encontraba demasiado limpia y conservada para un mensaje que, según el relato del gaucho, había sido llevado durante una larga marcha por el campo.
Roca interrogó personalmente a Cabituna para determinar la procedencia del mensaje y las circunstancias de su viaje. El gaucho mantuvo su versión y aseguró que había sido enviado por Civit. Sin embargo, sus explicaciones no consiguieron disipar las dudas de los oficiales que lo rodeaban. Roca terminó inclinándose por la interpretación de que se encontraba ante un agente del enemigo que intentaba aproximarse al jefe nacional bajo la apariencia de un mensajero del gobernador.[88]
Ignacio Fotheringham propuso entonces una forma de comprobar la afirmación de Cabituna. Si el gaucho realmente había realizado el trayecto desde Mendoza en aproximadamente veinte horas, el examen del caballo podía proporcionar un indicio sobre la veracidad de su relato. El estado físico del animal permitiría determinar si había sido sometido a una marcha semejante o si, por el contrario, había llegado recientemente desde otro lugar. La propuesta constituía una posibilidad concreta de verificar la declaración antes de adoptar una decisión irreversible.[88]
La comprobación no fue realizada. Roca terminó considerando que Cabituna era un agente enemigo y ordenó su ejecución. Antes de ser fusilado, el gaucho protestó por su inocencia y afirmó que se estaba dando muerte a un hombre que no había cometido el delito que se le atribuía. Según el relato transmitido por Félix Luna, sus últimas palabras fueron:
«Matan a un inocente».
Cabituna fue entonces fusilado por cuatro soldados.[88]
La columna nacional continuó su marcha hacia Mendoza sin que Roca conociera todavía la verdadera naturaleza de la misión que había llevado al gaucho hasta él. Una vez que llegó a la ciudad, Roca se entrevistó con el gobernador Francisco Civit y le preguntó directamente si había enviado un hombre con un mensaje para el jefe del Ejército del Norte.[88]
La respuesta de Civit confirmó los temores que Roca había tenido durante el interrogatorio, pero en sentido contrario al que había supuesto. El gobernador confirmó que efectivamente había enviado a Cabituna y que el gaucho era un hombre de su confianza. Roca comprendió entonces que las sospechas que habían llevado a ordenar su ejecución habían sido equivocadas y que el hombre fusilado por orden suya había sido realmente un mensajero enviado por las autoridades mendocinas.[88]
El conocimiento de la verdad produjo en Roca un profundo remordimiento. El episodio adquirió para él un carácter particularmente doloroso porque la muerte no había sido consecuencia de un combate ni de una operación militar contra las fuerzas revolucionarias, sino de una decisión tomada a partir de una apreciación equivocada durante una situación de campaña.
Roca procuró entonces reparar, en la medida de sus posibilidades, las consecuencias de lo sucedido. Buscó a la viuda de Cabituna y le entregó dos mil pesos procedentes de la Caja del Ejército, también le expresó sus condolencias y sus disculpas por la muerte de su marido. La compensación económica no podía revertir la ejecución, pero constituyó el reconocimiento personal de Roca de la injusticia cometida y de la responsabilidad que sentía por haber ordenado el fusilamiento.[88]
Según el mismo Fotheringham, la experiencia influyó profundamente en la actitud posterior de Roca frente a la pena capital y contribuyó a que resolviera no volver a firmar una sentencia de muerte.
Preparación para la batalla
[editar]Cuando Roca recibió la noticia de la capitulación de Mitre, algunos de sus oficiales consideraron que Arredondo abandonaría la lucha y buscaría refugio en Chile. Roca, que había sido subordinado de Arredondo y conocía personalmente su carácter, no compartió esa apreciación. Consideraba que su antiguo jefe continuaría combatiendo mientras conservara una fuerza organizada.[89]
Roca decidió entonces ofrecerle nuevamente la posibilidad de deponer las armas. Envió un chasqui con ejemplares de los diarios que informaban sobre la capitulación de Mitre y un mensaje en el que exhortaba a Arredondo a abandonar la revolución. Arredondo rechazó la propuesta y confirmó su decisión de continuar la lucha.[89]

La negativa eliminó la posibilidad de una solución negociada y Roca continuó su avance hacia Mendoza.[89]
Arredondo, entretanto, había concentrado sus fuerzas en Santa Rosa. La posición presentaba condiciones particularmente favorables para la defensa. El río Tunuyán protegía uno de los flancos, mientras que del lado opuesto se encontraban terrenos bajos y esteros que dificultaban el movimiento. Frente a la posición se había construido una zanja y un parapeto de tierra reforzado con ramas secas y espinillos, de modo que las ventajas naturales del lugar, combinadas con las obras defensivas, estaban destinadas a dificultar un ataque frontal.[90]
Antes del combate, Arredondo intentó parlamentar con Roca. Envió como intermediario al teniente coronel Benjamín Sastre, integrante de su Estado Mayor, quien se presentó ante el jefe del Ejército del Norte para transmitirle las condiciones propuestas por el jefe revolucionario. Roca comunicó la situación al presidente Nicolás Avellaneda y, de acuerdo con la decisión del Gobierno nacional, rechazó las condiciones de Arredondo.[90]
Al recibir la negativa, Sastre le advirtió a Roca que pronto se arrepentiría de su decisión. Roca respondió que quien se arrepentiría sería Arredondo y dio por terminada la entrevista.[90]
Roca se aproximó finalmente a las posiciones revolucionarias y realizó un reconocimiento del terreno con ayuda de los baqueanos. La disposición de las defensas le recordó la experiencia de la Batalla de Curupaytí. Allí había comprobado los enormes riesgos de lanzar tropas contra una posición fortificada protegida por obstáculos naturales y artificiales. El reconocimiento llevó a Roca a descartar un ataque frontal y en lugar de enviar sus tropas directamente contra la zanja y el parapeto, decidió buscar un camino que permitiera rodear la posición y alcanzar la retaguardia de Arredondo.[90]
La decisión tenía además una importancia particular porque Roca conocía personalmente a Arredondo y sabía que este esperaba un ataque frontal. El jefe nacional resolvió aprovechar esa expectativa para ocultar hasta el último momento la verdadera dirección de su maniobra. Roca comenzó entonces a preparar una operación destinada a mantener a Arredondo convencido de que el ataque se produciría por el frente mientras el grueso del Ejército del Norte se desplazaba hacia su retaguardia.[91]
Durante el día, las fuerzas nacionales mantuvieron frente a las posiciones revolucionarias las señales propias de un ejército que se preparaba para combatir desde ese sector. Las carpas permanecieron instaladas y se mantuvieron los fuegos del campamento, con el propósito de hacer creer a Arredondo que Roca continuaría preparando un ataque frontal. Mientras tanto, el movimiento decisivo se reservaría para la noche.[91]
Antes de ejecutar la maniobra, Roca debía reconocer con precisión los accidentes del terreno y establecer por dónde podrían desplazarse las columnas nacionales sin ser descubiertas. La operación debía atravesar terrenos difíciles, incluyendo esteros y potreros cercados, por lo que el conocimiento del terreno y la experiencia de los baqueanos resultaban fundamentales para encontrar un itinerario practicable, el plano del campamento fue elaborado por el subteniente Ramón L. Falcón.[91]
Roca se aproximó finalmente a las posiciones revolucionarias y realizó un reconocimiento del terreno con ayuda de baqueanos. La posición de Arredondo presentaba dificultades considerables para un ataque frontal: el río Tunuyán, crecido por esa época del año, protegía uno de los flancos, mientras que del lado opuesto se extendían terrenos bajos, esteros, montes y cercos que dificultaban el movimiento. Frente a las posiciones se había construido además una zanja acompañada por un parapeto de tierra reforzado con ramas secas y espinillos.[92]
El reconocimiento permitió a Roca apreciar que las características del terreno hacían particularmente peligroso un ataque directo. La disposición de la posición revolucionaria le recordó inmediatamente la experiencia de Curupaytí, donde había participado en una acción contra una posición fortificada protegida por obstáculos naturales y artificiales. La semejanza entre ambos campos de batalla reforzó su decisión de no repetir un ataque frontal contra una posición preparada para recibirlo.[92]
Mientras Roca estudiaba el terreno, Arredondo intentó todavía obtener una solución negociada. Envió como representante al teniente coronel Benjamín Sastre, uno de los oficiales de su Estado Mayor y antiguo jefe de tropas de línea, quien se presentó ante Roca como enviado del jefe revolucionario. Sastre transmitió las condiciones que Arredondo proponía para parlamentar, pero Roca, después de consultar la situación con el presidente Nicolás Avellaneda, resolvió no aceptar un acuerdo que no implicara la terminación de la revolución.[92]
La entrevista terminó en términos ásperos. Cuando Sastre recibió la negativa de Roca, manifestó que el coronel se arrepentiría pronto de su decisión. Roca respondió que quien se arrepentiría sería Arredondo y dio por terminada la entrevista. El intercambio dejó en claro que ninguna de las dos partes esperaba ya resolver la situación mediante una negociación y que el enfrentamiento armado era inminente.[92]

Roca reunió entonces a sus principales jefes y les comunicó el plan que había decidido ejecutar. En lugar de atacar las fortificaciones desde el frente, el Ejército del Norte debía aparentar que se preparaba para hacerlo mientras una parte principal de sus fuerzas realizaba durante la noche un movimiento envolvente destinado a alcanzar la retaguardia de Arredondo.[93]
Durante el día, Roca mantuvo frente a la posición revolucionaria la apariencia de que preparaba un ataque convencional. Las carpas permanecieron levantadas y se conservaron los fuegos del campamento, mientras las tropas visibles continuaban ocupando el sector desde el cual Arredondo esperaba recibir el ataque.[93]
La finalidad de esta disposición era engañar a los revolucionarios acerca de la verdadera dirección del ataque. Mientras una parte del Ejército del Norte conservaba la apariencia de permanecer frente a las fortificaciones, el grueso de las tropas debía desplazarse durante la noche por un recorrido que permitiera alcanzar la retaguardia de la posición.[93]
Roca ordenó adoptar numerosas precauciones para impedir que la marcha fuese descubierta. Los hombres que participarían en el movimiento nocturno debían vestir ropas oscuras y evitar cualquier objeto que pudiera producir ruido. Los elementos metálicos fueron acondicionados para impedir que chocaran entre sí durante la marcha y se prohibió fumar o encender fósforos, ya que cualquier luz podía revelar la presencia de la columna.[93]
También se seleccionó cuidadosamente a los hombres que integrarían la columna. Los soldados que padecían tos o se encontraban resfriados fueron excluidos del movimiento nocturno, debido al riesgo de que un ruido inesperado pudiera alertar a los centinelas revolucionarios.[93]
La elección del recorrido dependía además del conocimiento preciso del terreno. Los baqueanos tuvieron un papel fundamental en la conducción de la columna, pues debían guiar a las tropas por los sectores que permitieran rodear la posición sin quedar expuestas a las fortificaciones de Arredondo. La maniobra debía aprovechar precisamente aquellos obstáculos naturales que dificultaban el movimiento de un ejército regular pero que, utilizados correctamente, podían servir para ocultar el desplazamiento.[93]
La columna inició su marcha durante la noche del 6 al 7 de diciembre. Los hombres avanzaron en silencio por los esteros y potreros cercados que rodeaban la posición revolucionaria. El desplazamiento se realizó durante varias horas y exigió mantener la cohesión de la formación en medio de la oscuridad y de un terreno irregular.[93]
El movimiento permitió a Roca evitar las fortificaciones principales de Arredondo. Mientras las tropas revolucionarias permanecían orientadas hacia el frente donde esperaban el ataque, las fuerzas nacionales fueron desplazándose hacia los sectores posteriores de la posición. La operación buscaba alcanzar la retaguardia antes del amanecer, de modo que Arredondo no dispusiera del tiempo necesario para modificar su dispositivo defensivo.[93]
El recorrido quedó posteriormente representado en el plano de la batalla levantado por el subteniente de Artillería de Línea Ramón L. Falcón. El documento fue levantado sobre el campo de batalla y permite reconstruir la disposición de las posiciones y el espacio en el que se desarrolló la maniobra del Ejército del Norte.[94]
Durante el día, Roca conservó frente a las posiciones revolucionarias una parte visible de los elementos del ejército. Las carpas permanecieron levantadas y se mantuvo la actividad habitual de un campamento militar. La finalidad era que Arredondo continuara creyendo que las tropas nacionales se preparaban para atacarlo desde el frente.[95]
Roca dispuso además que quedaran visibles los carros y otros elementos del campamento. Se mantuvieron encendidos los fuegos durante la noche y se procuró conservar la apariencia de que una parte importante del ejército permanecía en su posición. La simulación debía ocultar el desplazamiento de la columna que ejecutaría el rodeo.[95]
La marcha exigía, sin embargo, extremar las precauciones. Cualquier ruido podía revelar la operación a las fuerzas revolucionarias. Roca ordenó por ello que los objetos metálicos susceptibles de producir golpes o tintineos fueran envueltos antes de comenzar el movimiento.[95]
Los soldados recibieron asimismo la orden de no fumar ni encender fósforos durante la marcha. La prohibición no respondía solamente a la necesidad de mantener el silencio: una luz visible en medio de la oscuridad podía revelar inmediatamente la posición de la columna y comprometer toda la operación.[95]
También se adoptaron precauciones respecto de los propios hombres. Los soldados que padecían tos o se encontraban resfriados fueron excluidos de la columna que realizaría el movimiento nocturno. Roca consideraba que una tos podía producir un ruido suficiente para alertar a los centinelas enemigos.[95]
La columna comenzó a desplazarse durante la noche del 6 al 7 de diciembre. Los hombres marcharon en silencio y evitando cualquier movimiento que pudiera producir ruido. La oscuridad y las características del terreno dificultaban la orientación, por lo que los baqueanos desempeñaron un papel importante en la elección del recorrido.[95]
El camino elegido no era sencillo. La columna tuvo que atravesar terrenos bajos, esteros, cercos y sectores cubiertos por vegetación espinosa. Estos mismos obstáculos que hacían difícil el desplazamiento permitían ocultar el movimiento de las tropas y contribuían a impedir que los observadores de Arredondo descubrieran la maniobra.[95]
La marcha se realizó manteniendo la cohesión de la columna. Los hombres debían avanzar sin perder contacto entre sí y conservar el silencio mientras atravesaban los sectores más difíciles del terreno. La operación dependía de alcanzar la retaguardia antes de que amaneciera y de que Arredondo no recibiera ninguna señal que le permitiera modificar su dispositivo.[95]
Mientras la columna ejecutaba el rodeo, el sector que había quedado frente a las posiciones revolucionarias debía conservar la apariencia de un ejército dispuesto a combatir por ese lado. De esta manera, Roca intentaba fijar la atención de Arredondo sobre el frente mientras el grueso de sus fuerzas avanzaba por un recorrido que no podía ser observado directamente desde las fortificaciones.[95]
La marcha continuó durante varias horas. La columna fue rodeando progresivamente las posiciones revolucionarias hasta alcanzar el sector posterior del dispositivo de Arredondo. El movimiento había conseguido convertir la posición defensiva, concebida para resistir un ataque frontal, en una posición vulnerable a un ataque procedente de la retaguardia.[95]
Al aproximarse el amanecer, Roca ordenó completar el despliegue. Las fuerzas nacionales debían ocupar sus posiciones antes de que la luz permitiera a los revolucionarios reconocerlas y reorganizar su defensa. El objetivo de toda la operación era que Arredondo descubriera la presencia del Ejército del Norte solamente cuando las tropas nacionales estuvieran ya en condiciones de atacar.[95]
La maniobra consiguió su propósito. Al amanecer del 7 de diciembre, las fuerzas de Roca habían alcanzado la retaguardia de las posiciones revolucionarias. Arredondo se encontró así obligado a combatir en condiciones completamente distintas de aquellas para las que había preparado su sistema defensivo.[96]
Al aproximarse el amanecer, Roca ordenó completar el movimiento y desplegar las fuerzas para el ataque. El Ejército del Norte había conseguido así alcanzar la retaguardia de la posición revolucionaria sin tener que atravesar frontalmente las principales obras defensivas construidas por Arredondo.[93]
Dispositivo del Ejército del Norte
[editar]Al momento de la batalla, el ejército revolucionario de José Miguel Arredondo contaba con aproximadamente 4.500 hombres, aunque no se dispone de una cifra exacta para los efectivos desplegados dentro de la posición fortificada. Su dispositivo comprendía las siguientes unidades:
Fuerzas revolucionarias
- Infantería:
- Batallón 3.º de Línea, al mando del teniente coronel Joaquín Montaña.
- Batallón San Luis, al mando del teniente coronel Lucero.
- Batallón Villa Mercedes, al mando del teniente coronel Benjamín Sastre.
- Batallón Mendoza.
- Batallón San Juan.
- Caballería:
- Regimiento 4.º de Caballería de Línea, al mando del teniente coronel José de la Fuente.
- Regimiento 3.º de Caballería, al mando del coronel Panelo.
- Artillería:
- Tres piezas de artillería.
- Dos ametralladoras o cañones revólver, al mando del mayor Monterroso y del teniente Galán.
A estas fuerzas se agregaban los cuerpos de guardiacárceles de Mendoza, San Juan y San Luis.[97]
Ejército del Norte
El Ejército del Norte, comandado por el coronel Julio Argentino Roca, estaba constituido por ocho batallones y medio de infantería, diez elementos de caballería y dos baterías de artillería de cuatro piezas cada una.[97]
- Infantería:
- Batallón 9.º de Infantería, al mando del teniente coronel Manuel José Olascoaga.
- Batallón 10.º de Infantería de Línea, reducido en efectivos, al mando del mayor Sócrates Anaya.
- Batallón 1.º de Córdoba, al mando del teniente coronel Cuenca.
- Batallón 2.º de Córdoba, al mando del teniente coronel Argüello.
- Batallón 3.º de Córdoba, al mando del mayor Ignacio Hamilton Fotheringham.
- Batallón de Gendarmes de Rosario, al mando del teniente coronel Vasques.
- Batallón San Luis, al mando del teniente coronel Suárez.
- Batallón San Martín, de Santa Fe, al mando del teniente coronel Rojas.
- Batallón Río Cuarto, al mando del mayor Vargas.
- Caballería:
- Regimiento 1.º de Caballería, al mando del mayor Sarmiento.
- Regimiento 6.º de Caballería, al mando del mayor Luis Tejedor.
- Regimiento 7.º de Caballería, al mando del mayor Alzogaray.
- Regimiento 8.º de Caballería, al mando del mayor Barros.
- Regimiento Pringles, al mando del teniente coronel Zoilo Concha.
- Regimiento de Caballería de Río Cuarto, al mando del mayor Díaz.
- Regimiento de Caballería de Nueva Creación, al mando del mayor Kleine.
- Regimiento San Lorenzo, al mando del teniente coronel Córdoba.
- Escuadrón de Caballería de Bell Ville, al mando del teniente coronel Taborda.
- Escolta del comandante en jefe del Ejército del Norte, al mando del teniente coronel Villanueva.
- Artillería:
- Dos baterías de cuatro piezas cada una, al mando del teniente coronel Ruiz Moreno.[97]
El dispositivo de combate del Ejército del Norte quedó organizado en dos alas, un centro y una reserva general. El ala derecha quedó bajo el mando del teniente coronel Eduardo Racedo, quien se desempeñaba además como jefe del Estado Mayor del ejército. El ala izquierda quedó bajo el mando del coronel Leopoldo Nelson.[97]
- Ala derecha: Agrupación del teniente coronel Eduardo Racedo
- Brigada de Caballería del coronel Villar:
- Regimiento 1.º de Caballería.
- Regimiento 6.º de Caballería.
- Regimiento Pringles.
- Regimiento de Caballería de Río Cuarto.
- Escuadrón de Caballería de Bell Ville.
- Brigada de Infantería del coronel Molina:
- Batallón 10.º de Infantería de Línea, reducido en efectivos.
- Batallón Río Cuarto.
- Batallón 1.º de Córdoba.
- Brigada de Caballería del coronel Villar:
- Centro:
- Artillería del Ejército del Norte, bajo las órdenes directas del comandante en jefe.[97]
- Ala izquierda: Agrupación del coronel Leopoldo Nelson
- Brigada de Infantería del coronel Carlos Paz:
- Batallón 2.º de Córdoba.
- Batallón de Gendarmes de Rosario.
- Batallón San Luis.
- Batallón San Martín, de Santa Fe.
- Brigada de Caballería del teniente coronel Córdoba:
- Regimiento de Caballería de Nueva Creación.
- Regimiento San Lorenzo.
- Brigada de Infantería del coronel Carlos Paz:
- Reserva general:
- Permaneció bajo las órdenes directas del comandante en jefe.
- Brigada de Infantería del teniente coronel Manuel José Olascoaga:
- Batallón 9.º de Infantería.
- Batallón 3.º de Córdoba.
- Brigada de Caballería del comandante Timote:
- Regimiento 7.º de Caballería.
- Regimiento 8.º de Caballería.
- Escolta del comandante en jefe del Ejército del Norte.[97]
En conjunto, el Ejército del Norte reunía aproximadamente 4500 hombres. La infantería estaba formada por ocho batallones y medio, la caballería por diez elementos —entre regimientos, escuadrón y escolta— y la artillería por dos baterías de cuatro piezas cada una.[98]
El Ejército del Norte se encontraba así dispuesto para iniciar el ataque. La maniobra de la noche había resuelto el problema fundamental planteado por las fortificaciones de Arredondo: el ejército nacional ya no tenía que atacar de frente la zanja y el parapeto. El combate comenzaría ahora fuera de la posición que el jefe revolucionario había preparado para recibir a Roca.
Segunda Batalla de Santa Rosa
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Al amanecer del 7 de diciembre de 1874 comenzó el combate. Arredondo había recibido durante la noche distintos indicios sobre los movimientos del Ejército del Norte y había intentado modificar parcialmente su disposición, por lo que el encuentro no se produjo entre un ejército completamente desprevenido y otro que avanzaba sin oposición. Las primeras fracciones de ambos bandos entraron en contacto en las inmediaciones de Santa Rosa y el fuego se generalizó rápidamente.[99]
Roca ordenó el ataque a las seis de la mañana. La acción comenzó con un intenso fuego de artillería y fusilería, seguido por el avance de las tropas nacionales sobre las fuerzas revolucionarias. Los distintos cuerpos de Arredondo intentaron sostenerse y responder al ataque, pero la presión de las tropas nacionales fue aumentando rápidamente a medida que avanzaban sobre sus posiciones.[99]
El combate se desarrolló en distintos sectores simultáneamente. Las tropas nacionales avanzaron sobre los cuerpos revolucionarios mientras la caballería buscaba aprovechar los espacios que permitían el movimiento de sus escuadrones. La lucha fue particularmente intensa en los sectores donde las unidades de infantería entraron en contacto directo. La resistencia de los revolucionarios se mantuvo durante una parte importante de la acción, pero comenzó a quebrarse cuando sus cuerpos perdieron la posibilidad de sostener una línea continua.[99]
En el sector donde combatía el coronel Carlos Paz, la lucha alcanzó especial violencia. Paz se encontraba al frente del Regimiento 3.º de Línea y avanzó contra tres compañías del 3.º de Línea revolucionario con la intención de obligarlas a rendirse. Durante la acción recibió doce heridas de bala y murió al frente de sus hombres. Su caída constituyó una de las pérdidas más importantes sufridas por el Ejército del Norte durante la batalla.[99]
También murió el teniente coronel Pedro Timote, jefe del 8.º Regimiento de Caballería de Línea. Roca informó que Timote cayó «en el espesor de las filas enemigas», mientras se desarrollaba el combate. Su muerte se produjo durante uno de los momentos más intensos de la acción y fue posteriormente señalada junto con la de Carlos Paz entre las principales pérdidas de los jefes nacionales.[99]
Durante la lucha murieron asimismo el capitán Ascurra y el teniente Viera. Las bajas entre las fuerzas nacionales fueron importantes: además de estos oficiales y otros jefes, murieron alrededor de cuarenta soldados y resultaron heridos numerosos oficiales y hombres de tropa.[99]
A pesar de estas pérdidas, el avance nacional continuó. Las unidades revolucionarias comenzaron a quedar separadas unas de otras y varias de ellas fueron rodeadas. La infantería de Arredondo fue perdiendo progresivamente su capacidad de resistencia, mientras distintos grupos de caballería intentaban retirarse del campo de batalla antes de quedar encerrados por las fuerzas nacionales.[99]
El combate se convirtió entonces en una sucesión de acciones parciales contra los cuerpos revolucionarios que todavía conservaban su formación. Algunas unidades continuaron resistiendo mientras otras fueron obligadas a rendirse. Los oficiales procuraron mantener el orden de sus hombres, pero la presión del Ejército del Norte terminó provocando la desorganización general de las fuerzas de Arredondo.[99]
La infantería revolucionaria sufrió especialmente la derrota. Una parte considerable de sus efectivos quedó rodeada y fue capturada junto con sus oficiales. La caballería tuvo mayores posibilidades de retirarse y algunos de sus escuadrones consiguieron abandonar el campo, aunque otra parte también quedó en poder de las fuerzas nacionales.
La resistencia terminó quebrándose hacia las ocho y media de la mañana. Roca informó que, después del intenso fuego de artillería y fusilería, el enemigo había sido derrotado completamente en toda la línea de batalla. La acción había durado aproximadamente dos horas y había terminado con la destrucción de la fuerza organizada que Arredondo había reunido en Cuyo.
La magnitud de la derrota quedó reflejada en el número de prisioneros. Fueron capturados catorce jefes, más de cien oficiales y entre 1.800 y 2.000 soldados. La totalidad de la infantería revolucionaria quedó en poder del Ejército del Norte, mientras solamente una parte de la caballería consiguió escapar.
Entre los prisioneros se encontraba el propio José Miguel Arredondo, su captura significó, en consecuencia, el final de la última fuerza militar organizada que todavía combatía contra el Gobierno nacional.[99]
Roca destacó posteriormente en su parte la actuación de los principales oficiales del Ejército del Norte. Recomendó especialmente al teniente coronel Eduardo Racedo, jefe del Estado Mayor y comandante de las fuerzas que actuaron en el sector derecho, y al coronel Leopoldo Nelson, que dirigió las fuerzas del sector izquierdo. También mencionó al teniente coronel José Cortés Funes, al sargento mayor Marcelino Reyes, a los comandantes José María Segura, Pedro Fierro y Pedro Altamira, y a los sargentos mayores Rudecindo Roca, Francisco Vila y Artemio Gramajo. Entre los oficiales subalternos recomendó asimismo a Nazario Oviedo, Elías Paz, José Luque, Pedro Gordillo y Pedro Ríos.[99]
El triunfo tuvo una consecuencia inmediata para Roca. El 7 de diciembre de 1874, el mismo día de la batalla, el presidente electo Nicolás Avellaneda ascendió a Roca al grado de coronel mayor, jerarquía que en la organización militar de la época equivalía a la de general de brigada. La promoción fue realizada como reconocimiento por la victoria obtenida sobre las fuerzas de Arredondo con tan solo treinta y un años.[100]
Después de la batalla, Roca se dirigió hacia la ciudad de Mendoza, donde debía completarse la recuperación del territorio ocupado por los revolucionarios. La entrada de las fuerzas nacionales significó la restauración de las autoridades desplazadas por Arredondo durante su ocupación de la provincia. El triunfo permitió asimismo reorganizar la administración militar y política de la región después de varias semanas de dominio revolucionario.[101]
Fuga de Arredondo
[editar]La situación de Arredondo era particularmente grave porque, además de haberse levantado en armas contra el Gobierno nacional, se le atribuía responsabilidad directa en la muerte del general Teófilo Ivanowsky durante la sublevación de Villa Mercedes. La posibilidad de que fuera sometido a un consejo de guerra y condenado a muerte comenzó a cobrar fuerza en los días posteriores a la derrota.[102]
La situación de Arredondo colocó a Roca ante un conflicto personal y político. El general vencido había sido uno de sus antiguos superiores y había mantenido con él una relación de amistad y camaradería desde las campañas militares anteriores. Roca, que acababa de derrotarlo en el campo de batalla, consideraba sin embargo que la ejecución de su antiguo jefe constituiría una medida innecesariamente severa una vez terminada la lucha.[103]
Desde Mendoza, Roca comenzó entonces a gestionar la vida de Arredondo ante el presidente Avellaneda. El 25 de enero de 1875 escribió a su pariente Miguel Juárez Celman, que se encontraba en Córdoba, manifestándole la preocupación que le producía la situación de su antiguo superior. En aquella carta recordó la amistad que los había unido y los servicios que Arredondo había prestado al país, y expresó su temor de que fuera fusilado. En Córdoba se promovió además una petición de clemencia destinada al presidente. Roca consiguió que damas cordobesas, riojanas y sanjuaninas suscribieran un pedido para que se respetara la vida de Arredondo.[103]
Aquí estoy mortificado, sin gusto para nada, viéndolo a Arredondo metido en un calabozo. Sólo me acuerdo de nuestra antigua amistad y de los servicios que le debo y lo que el país le debe. Será un acto de barbarie injustificada el que lo fusilen, como se dice. ¿Qué se va a ganar con matarlo? ¿Satisfacer solamente los odios de algunos miserables?
He escrito a Avellaneda pidiéndole, como un gran servicio, la vida de Arredondo. Si no lo consigo, yo no sé por dónde estallaré de rabia e indignación. Las damas de San Juan y La Rioja van a hacer una solicitud pidiéndolo. ¿No se podría intentar algo parecido en Córdoba?…
Fragmento de la carta de J. Roca enviada a Celman, 25 de enero de 1875.
La posición de Roca chocaba con la de otros dirigentes. El expresidente Domingo Faustino Sarmiento había sostenido una actitud mucho más severa hacia los jefes revolucionarios y el gobernador mendocino Francisco Civit y otros sectores de la política provincial también reclamaban un castigo ejemplar para Arredondo. El antecedente de la muerte de Ivanowsky hacía especialmente difícil cualquier decisión de clemencia.[102]
Mientras tanto, Arredondo permanecía detenido en Mendoza. El Gobierno nacional había iniciado el procedimiento destinado a juzgar a los militares que habían participado de la revolución. La cuestión jurídica no era sencilla, porque debía determinarse la responsabilidad de los jefes que habían abandonado sus mandos y empleado tropas nacionales y provinciales contra el Gobierno constituido.[104]
La situación de Arredondo cambió durante los primeros días de febrero de 1875. El general consiguió escapar de la prisión donde se encontraba detenido y emprendió el camino hacia Chile. Las fuentes provinciales sitúan la desaparición de Arredondo de su celda el 13 de febrero de 1875 y señalan que pocos días después apareció en territorio chileno.[105]
La forma exacta en que se produjo la fuga no quedó completamente aclarada. La tradición histórica atribuyó a Roca una intervención directa, sosteniendo que el vencedor de Santa Rosa habría facilitado deliberadamente la salida de su antiguo jefe para evitar que fuese ejecutado. Algunas biografías de Roca presentan esta versión de manera afirmativa y sostienen que el propio Roca habría preparado la evasión e incluso proporcionado dinero a Arredondo para emprender el viaje.[106]

La fuga produjo inmediatamente consecuencias políticas para Roca. El 24 de febrero de 1875 escribió nuevamente a Juárez Celman y se refirió expresamente al efecto que había producido la evasión. Señaló que el episodio había provocado su ruptura con Civit y con otros dirigentes mendocinos, a quienes reprochaba la violencia de sus reacciones contra quienes habían sido sus enemigos durante la revolución.
Arredondo consiguió finalmente refugiarse en Chile. La revolución de 1874 había terminado militarmente, pero su antiguo jefe permanecía fuera del país mientras continuaban los procesos contra los militares que habían participado en el levantamiento. La cuestión sería resuelta posteriormente mediante la política de conciliación impulsada por Avellaneda y la amnistía general sancionada en 1875.[104]
La salida de Arredondo tuvo así un doble significado para Roca. Desde el punto de vista militar, había conseguido derrotarlo y capturarlo, completando la campaña de 1874. Desde el punto de vista personal y político, había quedado comprometido con la suerte de su antiguo superior y debió afrontar las consecuencias de haber procurado evitar su ejecución. La relación entre ambos, iniciada años antes en las campañas del Ejército Argentino, había sobrevivido incluso a la guerra civil y reaparecería posteriormente en la trayectoria militar de ambos.[103]
Ministro de Guerra y Campaña del Desierto
[editar]Antecedentes
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La Patagonia y la porción occidental de la región pampeana habían estado habitadas antiguamente por pueblos indígenas de etnia tehuelche hasta que fueron paulatinamente absorbidos por grupos de origen mapuche que provenían de la región de los Andes, principalmente de territorios que hoy forman parte de Chile. Se ha disputado, sin haberse resuelto aún, si los mapuches ya habitaban las provincias argentinas de la cordillera patagónica al momento de la llegada de los españoles, especialmente Neuquén, y desde cuándo.
Desde mediados del siglo XVIII hubo avances del Imperio Español primero y las distintas conformaciones políticas de Argentina una vez independizada, con el fin de conquistar nuevos territorios y apropiarse de sus recursos ganaderos. Ante el avance de la frontera por parte de "los blancos o huincas", los indígenas reaccionaron lanzando malones sobre las poblaciones hispano-argentinas y las estancias, apropiándose del ganado salvaje, principalmente para venderlo en Chile— y también para tomar cautivas mujeres, quienes eran trasladadas a los asentamientos indígenas.[107]
Tras la Revolución de Mayo de 1810 que inició el proceso de independencia, numerosas expediciones militares se efectuaron con la finalidad de contener los malones y avanzar sobre esas regiones para incorporarlas a la soberanía argentina. La más notable de las expediciones de la primera mitad del siglo XIX fue la Campaña de Rosas al Desierto.

Hasta después de terminada la guerra del Paraguay no se pudo tomar iniciativa importante alguna contra los indígenas, que en la década de 1870 lanzaron los ataques más grandes de su historia.
Campaña de Alsina
[editar]En 1876, Adolfo Alsina —el ministro de Guerra del Presidente de Argentina, Nicolás Avellaneda— lanzó una nueva campaña para ocupar el oeste bonaerense, tomando los principales asentamientos de avanzada de los indígenas y construyendo una obra defensiva, conocida como la Zanja de Alsina, de 374 km de largo entre el sur de la provincia de Córdoba y las cercanías de Bahía Blanca.[108][109] Con esta campaña ocupó los territorios utilizados para mantener alimentados a sus caballos y engordar los animales arreados por los malones. Esta circunstancia —sumada a la epidemia de viruela que costó la vida a miles de indígenas— causó una crisis militar y demográfica que los debilitó enormemente.[110]
La campaña de Roca
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En el centro de la composición aparece el general Julio Argentino Roca, rodeado por los principales oficiales de su Estado Mayor y otros jefes militares, representados mayoritariamente a caballo y con sus uniformes de época. Entre ellos se encuentran Manuel J. Campos, Artemio Gramajo, Luis Fábrega, Manuel J. Olascoaga, Palemón González, Lorenzo Vintter, Nicolás Levalle, Julio Morosini, Teodoro García, Eduardo Pico, Francisco Leyría, Rufino Ortega, Diego Lucero, Conrado Villegas, Ignacio Fotheringham, Manuel Fernández Oro, Victoriano Rodríguez, Eduardo Racedo, Manuel Rubial y Napoleón Uriburu.
A la izquierda del grupo ecuestre aparece el capellán Antonio Espinosa, acompañado por otras figuras civiles e indígenas, mientras que un trompa de órdenes forma parte de la escena militar.
En el sector derecho se encuentra la Comisión Científica, integrada por Paul Günther Lorentz, Adolfo Doering, Gustavo Niederlein y Federico Schulz, representada junto a sus instrumentos y elementos de trabajo.
También aparecen miembros de la Armada Argentina vinculados con la expedición: Erasmo Obligado, Martín Guerrico, Ramón Falcón, Atilio Barilari, Miguel Lescano, Leopoldo Funes e Hipólito Oliva. Detrás de los protagonistas se extienden largas formaciones de tropas, caballería, infantería, artillería y elementos de la expedición sobre la llanura patagónica.
La obra presenta una composición deliberadamente monumental: el amplio cielo ocupa gran parte del lienzo, mientras que la línea de oficiales y sus caballos constituye el eje visual de la escena. Blanes combina el retrato individual de los protagonistas con una representación colectiva de la expedición, incorporando también personajes que no necesariamente se encontraban juntos en el momento concreto representado. Actualmente se encuentra en el Museo Histórico Nacional.
Tras la muerte de Alsina (jefe del Partido Autonomista) en diciembre de 1877, Avellaneda nombró en su reemplazo al general Roca,[111] que había criticado la supuesta actitud defensiva de Alsina. En contraste con su antecesor, que había intentado incorporar a los indígenas a la civilización occidental, Roca creía que la única solución contra la amenaza de los indígenas era su sometimiento definitivo. Plasmó su posición en el discurso que dio ante el Congreso Nacional el 13 de septiembre de 1878, en el cual planteó la «absorción y asimilación» del indio:[112]
Tenemos seis mil soldados armados con los últimos inventos modernos de la guerra, para oponerlos a dos mil indios que no tienen otra defensa que la dispersión ni otras armas que la lanza primitiva.
Sobre la base de esa premisa propuso un proyecto de ley para ocupar todo el territorio indígena hasta los ríos Negro y Neuquén en dos años. La Ley N.º 947 de distribución de la tierra fue sancionada el 4 de octubre de 1878, acordando 1.600.000 pesos fuertes al proyecto, cuando el plan ya estaba en marcha. En los considerandos de la ley se afirmaba que[113]
…la presencia del indio impide el acceso al inmigrante que quiere trabajar.
Y en el artículo 1.º de su texto se estableció la línea de fronteras:
…previo sometimiento o desalojo de los indios bárbaros de la Pampa,…
El presidente Avellaneda apoyó el proyecto de Roca debido a que temía la ocupación y conquista de esos territorios por el ejército chileno, ya que el área al sur del río Colorado estaba en disputa entre las dos naciones.[114] En efecto, una vez concluida la guerra del Pacífico, Chile se dedicaría de lleno a dominar a los indígenas al sur del río Bío-Bío —antigua frontera entre el Imperio Español y el pueblo mapuche— a través de la Ocupación de la Araucanía.[115]
Pero también habían motivos políticos internos para el aval del presidente, ya que se incorporarían bajo jurisdicción nacional territorios que eran considerados parte de la provincia de Buenos Aires. Así lo explica Carlos Tejedor, entonces gobernador de la provincia:[116]
El Dr. Avellaneda perseguía su plan de destruir el poder económico de la Provincia. La ocasión era propicia.Acababa de morir el Dr. Alsina, y lo había reemplazado con el General Roca.
Conseguía así un doble objeto, elevar con pretexto loable la candidatura de éste; y hacer daño a Buenos Aires, su sueño dorado de siempre.
Era como para refregarse las manos.
Luego no mas, el Ministro presentó al Congreso (Agosto 1878) un proyecto para la ocupación militar del Río Negro, como frontera de la República sobre los indios de la pampa, declarando tierra nacional la comprendida entre la línea efectiva de aquella época, y la que debía establecerse.
El Congreso reformó este proyecto, declarando límite de las tierras nacionales la línea del Río Negro, desde su desembocadura en el Océano, remontando su corriente hasta encontrar el grado 5º de longitud occidental del meridiano de Buenos Aires.
Por esta traza, quedaban pertenecientes al Gobierno Nacional, no solo las tierras al Sud del Río Negro, que la Provincia entendía haber poseído como suyas, aunque no las ocupaba efectivamente sino también una población fundada con el nombre de Mercedes, en la margen derecha del río.
El 11 de octubre de 1878, mediante la Ley N.° 954, se creó la Gobernación de la Patagonia, con sede en Mercedes de Patagones, actual Viedma, cuyo primer gobernador fue el coronel Álvaro Barros; su jurisdicción alcanzaba hasta el cabo de Hornos.[117]
A lo largo del año 1878 se lanzaron sucesivas ofensivas sobre las posiciones indígenas, causando centenares de bajas a las fuerzas de Namuncurá y la captura de los temidos caciques ranqueles Pincén, Catriel y Epumer. Unos 4000 indígenas —en su mayoría mujeres y niños— fueron capturados en estas campañas.[118]
En abril de 1879 se lanzó el ataque final: cinco divisiones que sumaban 6000 hombres —incluyendo 820 indígenas aliados— avanzaron hacia el río Negro, y el ministro Roca festejó el 25 de mayo en la isla Choele Choel.[119] De acuerdo a la Memoria presentada por el ministro de Guerra, 1313 indios de lanza resultaron muertos y 1271 tomados prisioneros; cinco caciques principales fueron tomados prisioneros y uno fue muerto; 10.513 indios de chusma —mujeres y niños— fueron tomados prisioneros, y otros 1049 fueron reducidos.[120] De acuerdo al informe presentado por Roca ante el Congreso, se habían tomado como prisioneros a 10.539 mujeres y niños y 2320 guerreros.
Sobre el origen del término Conquista del Desierto hay al menos tres teorías: según una de ellas, se denominó así debido a las condiciones geográficas de la Patagonia, que presentaba un clima desértico. Según otra, la denominación deriva más del etnocentrismo del gobierno argentino: la región estaba completamente deshabitada de gente de raza blanca y civilización europea. Solo estaba poblada por indios nómadas, representantes de la barbarie, por lo tanto, era un «desierto» de civilización.[121] Una tercera hipótesis sostiene que el territorio conquistado, ocupado hasta hacía poco por más de 30.000 indígenas, en el momento de la campaña sorprendió a los expedicionarios por la escasa población, fruto de la sobreestimación de su número, de la despoblación en años recientes y de la huida de los indígenas hacia la Cordillera de los Andes.
Las tribus que sobrevivieron fueron desplazadas a las zonas más periféricas y estériles de la Patagonia. Unos 10 000 nativos fueron tomados prisioneros y unos 3000 enviados a Buenos Aires, donde eran separados por sexo, a fin de evitar que procrearan hijos.[nota 4] Las mujeres fueron dispersas por los diferentes barrios de la ciudad como sirvientas, mientras una parte de los hombres fueron enviados a la isla Martín García, donde murieron, en su gran mayoría, a los pocos años de reclusión.
El 21 de enero de 1879, La Nación publicó la siguiente crónica:
Llegan los indios prisioneros con sus familias a los cuales los trajeron caminando en su mayor parte o en carros, la desesperación, el llanto no cesa, se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano los hombres indios se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización.
Consecuencias territoriales
[editar]El Informe Oficial de la Comisión Científica que acompañó al Ejército Argentino es considerablemente específico respecto de los resultados de la guerra, y a la opinión que el gobierno argentino tenía sobre los indígenas:[122]
Se trataba de conquistar un área de 15.000 leguas cuadradas ocupadas cuando menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14.000 el número de muertos y prisioneros que ha reportado la campaña. Se trataba de conquistarlas en el sentido más lato de la expresión. No era cuestión de recorrerlas y de dominar con gran aparato, pero transitoriamente, como lo había hecho la expedición del Gral. Pacheco al Neuquén, el espacio que pisaban los cascos de los caballos del ejército y el círculo donde alcanzaban las balas de sus fusiles. Era necesario conquistar real y eficazmente esas 15.000 leguas, limpiarlas de indios de un modo tan absoluto, tan incuestionable, que la más asustadiza de las asustadizas cosas del mundo, el capital destinado a vivificar las empresas de ganadería y agricultura, tuviera él mismo que tributar homenaje a la evidencia, que no experimentase recelo en lanzarse sobre las huellas del ejército expedicionario y sellar la toma de posesión por el hombre civilizado de tan dilatadas comarcas.
Es evidente que en una gran parte de las llanuras recién abiertas al trabajo humano, la naturaleza no lo ha hecho todo, y que el arte y la ciencia deben intervenir en su cultivo, como han tenido parte en su conquista. Pero se debe considerar, por una parte, que los esfuerzos que habría que hacer para transformar estos campos en valiosos elementos de riqueza y de progreso, no están fuera de proporción con las aspiraciones de una raza joven y emprendedora; por otra parte, que la superioridad intelectual, la actividad y la ilustración, que ensanchan los horizontes del porvenir y hacen brotar nuevas fuentes de producción para la humanidad, son los mejores títulos para el dominio de las tierras nuevas. Precisamente al amparo de estos principios, se han quitado éstas a la raza estéril que las ocupaba.
Millones de hectáreas se sumaron así a la República Argentina. Estas enormes extensiones fueron adjudicadas a bajo precio, o directamente regaladas, a terratenientes y políticos influyentes. Ya antes de la operación militar habían sido asignadas las tierras a los nuevos propietarios mediante la suscripción de 4000 bonos de 400 pesos, cada uno de los cuales dio derecho a 2500 hectáreas. Un total de diez millones de hectáreas fueron vendidas por el Estado a comerciantes y estancieros bonaerenses en forma previa a la conquista de las tierras, mientras que el excedente obtenido, en lotes de a 40.000 hectáreas cada uno, fue rematado en 1882 en Londres y París. En 1885 se cancelaron con tierras las deudas acumuladas con los soldados desde 1878; como tanto los oficiales como la milicia necesitaban efectivo, terminaron malvendiendo sus partes a los mismos que habían sido los financistas primitivos, de manera tal que toda esa superficie pasó a manos de 344 propietarios, a un promedio de 31.596 hectáreas cada uno.[123][nota 5]
Elección como presidente y federalización de Buenos Aires
[editar]A mediados de 1878, tras la muerte de Adolfo Alsina, el personaje más prestigioso del Partido Autonomista Nacional era el general Julio Argentino Roca, que fue propuesto como candidato por su cuñado, el gobernador cordobés Miguel Juárez Celman, y en Buenos Aires por el médico Eduardo Wilde; adhiriendo rápidamente el apoyo de la mayor parte de los gobernadores argentinos.[124] El 11 de abril se realizaron las elecciones para presidente, de las que surgió una amplia victoria para los electores de Roca, excepto en Buenos Aires y Corrientes.[125]
El 13 de junio se reunió el Colegio Electoral, que eligió presidente al general Roca y vicepresidente a Francisco Bernabé Madero.[126] Pero en Buenos Aires se estaba gestando una revolución contra el triunfo de Roca y el proyecto de Nicolás Avellaneda de federalizar la ciudad de Buenos Aires.
Cuatro días más tarde comenzaron los combates, que terminaron el 25 de junio con un acuerdo entre la provincia y la Nación; la revolución de 1880 había costado 3000 muertos. Poco antes de la asunción presidencial de Roca fue aprobada en el Congreso la federalización de Buenos Aires.[127]
Primera presidencia
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Con la asunción presidencial de Julio Argentino Roca, el 12 de octubre de 1880, culminó la etapa histórica llamada «de las presidencias históricas» y se inició el período denominado «república conservadora», que fue apoyado por una élite que integró la generación del ochenta.
Al momento de asumir Roca tenía 37 años, lo que lo hizo el segundo presidente más joven de la historia argentina, precedido solo por Avellaneda, su antecesor, que tenía sólo unos meses menos al asumir su gobierno. El lema de su gobierno fue «Paz y administración»:
Necesito paz duradera, orden estable y libertad permanente; y a este respecto lo declaro bien alto desde este elevado asiento, para que me oiga la República entera, emplearé todos los resortes y facultades que la Constitución ha puesto en manos del Poder Ejecutivo para evitar sofocar y reprimir cualquier tentativa contra la paz pública.
El sistema político que lo había llevado a la presidencia, y que mantuvo una notable estabilidad hasta mucho después de que la abandonara, reposaba sobre una serie de acuerdos inestables entre los gobernadores provinciales —que controlaban las elecciones por medio del fraude electoral y el clientelismo— y el presidente, que disponía del control del presupuesto nacional a favor o en contra de las provincias y podía deponer a los gobernadores desafectos por medio de las intervenciones federales. Necesitados mutuamente, los gobernadores y el presidente llevaban a cabo continuos acuerdos que permitían a unos y otros avanzar en las políticas deseadas. En todo caso, la estabilidad de semejante sistema exigía –en la práctica– la inexistencia de cualquier oposición; a ese objetivo apuntaban también las prácticas políticas fraudulentas.[128][129]
Durante su gestión se sancionó el Código Penal y el de Minería de la Nación; se organizó el gobierno municipal de la nueva Capital Federal[130] y se fundó la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires.[131]
La situación sanitaria del país no había mejorado significativamente desde la epidemia de fiebre amarilla de 1871: entre 1884 y 1887, una serie de epidemias de cólera causaron centenares de muertos en la capital y el interior.[132]
Economía
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Roca inició su primer mandato (1880-1886) en una situación económica favorable, ya que ese año comenzó a superarse en gran parte del mundo la Gran Depresión mundial iniciada en 1873. Este período se caracterizaría por la introducción en 1883 del frigorífico, inventado poco antes, como uno de los ejes centrales de la economía argentina. El frigorífico llevó a que los terratenientes bonaerenses adoptaran en sus estancias una modalidad de producción mixta, combinando agricultura y ganadería, modalidad que dio a Argentina el adjetivo de modelo "agropecuario",[133] aunque tardarían más de dos décadas en adaptar los ganados vacunos al mercado inglés, manteniendo una alta producción de tasajo (destinado al consumo de esclavos y población en situación servil) producida por saladeros hasta fin de siglo.[134][135]
El sistema económico se sostenía por el intercambio de productos primarios —exclusivamente de origen agropecuario, y en gran medida generados en la región pampeana— por productos manufacturados del exterior, especialmente de Europa.[136]
Si al asumir Roca el principal rubro de exportación era, por mucha diferencia, la lana de oveja, durante su gobierno será el maíz el producto que ascenderá vertiginosamente dejando atrás a la lana, seguida ahora de cerca por el trigo.
| 1875-79 | 1885-89 | 1895-99 | 1900-04 | 1910-14 | |
|---|---|---|---|---|---|
| Cueros | 70 | 85 | 100 | 100 | 125 |
| Lana | 90 | 129 | 211 | 178 | 137 |
| Trigo | 6 | 111 | 801 | 1591 | 2277 |
| Lino | 0 | 51 | 209 | 475 | 679 |
| Maíz | 13 | 277 | 910 | 1518 | 3194 |
| Carne | 34 | 45 | 95 | 161 | 437 |
| Fuente: Gerchunoff-Llach.[137] | |||||
Obra pública
[editar]El primer gobierno de Roca se destacó por la gran cantidad de obra pública realizada, financiada con un alto déficit fiscal.[138] El Estado financió un amplio plan de obras de infraestructura, principalmente ferrocarriles, puertos, edificios públicos y créditos subsidiados, que se precisaban para establecer el sistema de comercio internacional que puso a Europa, y dentro de Europa al Imperio británico, como centro industrial del mundo.
La red ferroviaria pasó de 2516 a 6161 km durante su mandato.[139] Asimismo una parte muy importante de los recursos se destinó a construir edificios importantes, principalmente en Buenos Aires y la nueva capital bonaerense, La Plata.[140] Se inició una política de créditos a los particulares, de los cuales una proporción alarmante fue a parar a manos de especuladores y hasta de deudores crónicos, que nunca los cancelarían.[141]
Durante su primer mandato (1880-1886) dictó en 1882 un decreto para la construcción del Puerto de Ensenada en la provincia de Buenos Aires, poco tiempo después de declarar a La Plata como capital de la misma.[142] También en 1882 se aprobó en el Congreso el proyecto de construcción de un nuevo Puerto de Buenos Aires (Puerto Madero y Dock Sud), siguiendo el diseño de Eduardo Madero. La ley fue promulgada de inmediato por Roca, pero el contrato para su construcción se firmó en 1884 y las obras recién comenzaron en 1886, cuando Roca finalizó su mandato presidencial.[143] El desarrollo de la infraestructura portuaria fue clave para permitir el crecimiento de las exportaciones e importaciones, así como el transporte de pasajeros, incluyendo la gran ola de inmigración europea y árabe que ingresó al país entre 1870 y 1930.
Política monetaria y "período del gran endeudamiento"
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Roca fue quien creó la moneda argentina como tal, a la vez que adoptó una política de alto endeudamiento y déficit fiscal, que hicieron crecer fuertemente la deuda externa,[144] y que continuó su concuñado y sucesor en el poder Miguel Juárez Celman, estallando una crisis en 1888, cuando el país entró en default durante cuatro años.[145][146] El Estado nacional prácticamente carecía de moneda propia, a lo que el gobierno de Roca respondió creando el peso moneda nacional (símbolo: m$n), o "peso oro", debido a que se garantizaba su paridad con el oro, que solo pudo mantenerse durante 17 meses.[138]
La Ley N.º 1130 de Moneda Nacional, sancionada en 1881, unificó el sistema monetario argentino y permitió la emisión de moneda a cinco bancos: Banco Nacional, Banco de la provincia de Buenos Aires, Banco de Córdoba, Banco de Santa Fe y Banco Otero.[147][148] La nueva moneda comenzó a circular en julio de 1883.[138]
En 1884 estalló una crisis que obligó a Roca a dejar sin efecto el peso-oro que había creado el año anterior, decretando el curso forzoso del papel moneda y tomando un nuevo empréstito externo.[149]
Ya en 1884 los prestamistas europeos, inquietos por la frecuencia sin precedentes con que Argentina se presentaba en el mercado de préstamos, comenzaban a preocuparse.
Pese a esas señales, el alto déficit fiscal y el alto endeudamiento del país, el peso argentino se mantuvo un 40 % por encima del oro, llevando a que los mercados internacionales compraran grandes cantidades de bonos argentinos, en una operación que no tenía parangón a nivel mundial.[150] La continuidad de la bonanza económica y del crecimiento de la producción agrícola —impulsada por esa misma bonanza— le permitió a Roca completar su mandato manteniendo su "audaz" política de déficit fiscal,[150] inversiones y endeudamiento, sin mayores sobresaltos,[151] pero los desequilibrios se manifestarían tan solo dos años después, cuando Argentina entró en default y la crisis económica creó un descontento social de enorme magnitud, que desembocó en la Revolución del Parque, conducida por una alianza liderada por Leandro Alem y Bartolomé Mitre, que causó la caída del presidente Juárez Celman.
Política educativa y cultural
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Impulsado por el laicismo, el presidente Roca y su gobierno se esforzaron por separar la Iglesia católica del Estado: se sancionó la ley de Registro Civil y, tras la celebración del primer Congreso Pedagógico Nacional, se impulsó la Ley 1420 de Educación, iniciativa del expresidente Domingo Faustino Sarmiento, por entonces director del Consejo Nacional de Educación, quien consideraba que la educación es la principal herramienta democratizante de una sociedad. La ley estableció la educación primaria obligatoria, gratuita y laica.[152] Previo a la sanción de esta ley, en 1883, se realizó el primer censo educativo de la nación (Censo Escolar Nacional), que permitió recabar datos exactos sobre la población en edad escolar, índices de alfabetización y condiciones de los establecimientos educativos existentes. Este censo permitió el desarrollo de las políticas educativas posteriores a nivel nacional.[153]
A través de la Ley de Educación, Roca y Sarmiento consiguieron tres objetivos: el primero, obligar el acceso a la educación básica de la población argentina; el segundo, reducir los niveles de analfabetismo nacional y el tercero, utilizar a estos recursos como un instrumental hábil para el afianzamiento de la democracia.
En virtud de esa ley se realizaron grandes progresos en cuanto a la alfabetización de la población: a su llegada existían 1214 escuelas públicas en todo el país, legando a su sucesor un total de 1804; las escuelas normales, destinadas a educar maestros, pasaron de 10 a 17, el total de docentes aumentó de 1915 a 5348, y el número total de alumnos pasó de 86.927 a 180.768.[154]
El internuncio apostólico, monseñor Luigi Matera, atacaba con un tono exaltado la Ley de Educación porque prohibía a las escuelas públicas impartir educación religiosa, incluyendo velados llamados a la desobediencia civil. En respuesta, por orden del presidente Roca, el ministro Francisco J. Ortiz devolvió sus credenciales al nuncio y ordenó su salida inmediata del país; las relaciones exteriores con la Santa Sede quedaron interrumpidas durante varios años.[155] Como respuesta se formó una agrupación política católica liderada por José Manuel Estrada, que pretendió enfrentar la hegemonía liberal y anticlerical del grupo gobernante, que consideraban atacaba a la religión tradicional.[156]
El 25 de junio de 1885 se promulga la ley Estatutos de las Universidades Nacionales, también conocida como Ley Avellaneda. La importancia de esta ley, redactada por Nicolás Avellaneda, radicaba en que otorgaba a las universidades autonomía en diversas cuestiones y un marco de funcionamiento sobre a la elección de rector a través de una asamblea universitaria y votación de profesores para cátedras vacantes, aunque su elección final dependía del poder ejecutivo. También posibilitaba a las facultades la elaboración de los planes de estudio. Otro punto relevante de la ley es la constitución de un fondo universitario propio obtenido a partir de los derechos universitarios (arancel).[157][158]
Ampliación del territorio argentino: territorios nacionales
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Como presidente, Roca continuó con las acciones bélicas iniciadas en la década anterior con el fin de conquistar los territorios indígenas hacia el sur (región pampeana y Patagonia argentina) y hacia el norte (Gran Chaco).
Tras la fase principal de la llamada Conquista del Desierto o Puel Mapu según los pueblos indígenas (1878-1879) que él mismo comandó en el terreno, Roca decidió terminar con las últimas resistencias indígenas ordenando la Campaña al Neuquén y Río Negro (1880-1881) y la Campaña a los Andes (1882-1883), así como las campañas finales (1883-1885). Mediante esas campañas militares la República Argentina terminó de ocupar los actuales territorios de las provincias del Neuquén y Chubut, y el sur de la de Río Negro.[159]
Hacia el norte, Roca continuó con la conquista del Chaco, que había iniciado el presidente Sarmiento en 1870. La campaña más importante fue la que comandó el ministro de Guerra Benjamín Victorica en 1884, derrotando a los grandes caciques qom Yaloshi (ejecutado y decapitado para utilizar su cabeza como símbolo de fundación del pueblo que bautizó con el nombre del presidente), Cambá y el mocoví Juan el Raí.[160][161][162][163][164]
En 1884 se sancionó la Ley N.º 1532 de Territorios Nacionales, por la cual se establecieron los territorios nacionales de Misiones, Formosa y Chaco en el norte, y los de La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego en el sur. Los habitantes de los territorios nacionales carecieron de derechos políticos hasta que fueron provincializados más de seis décadas después durante el gobierno de Juan Domingo Perón.[165]
En los nuevos territorios hubo continuos conflictos de propiedad entre propietarios que habían comprado sus títulos en Buenos Aires y pobladores establecidos en el lugar. La situación de los indígenas era mucho peor, ya que eran reunidos a la fuerza en reducciones ubicadas en tierras marginales y que -en muchos casos- se mudaban periódicamente de lugar.[166]
La única excepción la constituía la colonia galesa del Chubut, organizada social y culturalmente al margen de la sociedad argentina en 1865, pero cuidadosamente controlada por las autoridades.[167] Desde 1884, tuvieron incluso su propio ferrocarril.[168]
Política exterior
[editar]La principal preocupación en política exterior del gobierno de Roca fue fijar los límites con Chile, que nunca habían sido determinados con suficiente precisión. Roca aprovechó que en ese año de 1881, Chile estaba disputando la guerra del Pacífico contra los aliados Bolivia y Perú, y le resultaba conveniente no tener un segundo frente abierto con Argentina.
A este fin se firma en Buenos Aires el Tratado de Límites con ese país, del año 1881; que establecía "La línea fronteriza correrá en esa extensión por las cumbres más elevadas de dicha Cordillera que dividan las aguas y pasará por entre las vertientes que se desprenden a un lado y otro..." hasta el paralelo 52.º Sur; a partir de allí se fijaba que el Estrecho de Magallanes sería enteramente chileno, que una fracción de la isla Grande de Tierra del Fuego pertenecería a la Argentina, que las islas ubicadas al sur del canal de Beagle hasta el cabo de Hornos pertenecerían a Chile; mientras que la isla de los Estados y las demás islas que haya sobre el Atlántico al oriente de la Tierra del Fuego y costas orientales de la Patagonia pertenecerán a la República Argentina.[169]
Si bien el tratado resultó un evidente avance, quedaban varios temas sin resolver, especialmente determinar los límites en las extensas áreas en que las “cumbres más elevadas” no coincidían con la divisoria de aguas.[170]
Una expedición, al mando de Augusto Lasserre, visitó Tierra del Fuego en octubre de 1883, ocasión en que compró al misionero británico Thomas Bridges sus instalaciones sobre el canal de Beagle, fecha en que quedó fundada la ciudad de Ushuaia.[171] La Argentina procuró también asegurarse la posesión de los valles más ricos de los Andes patagónicos; el gobernador del Territorio Nacional del Chubut, Luis Jorge Fontana, ocupó el Valle 16 de octubre, donde fundó la ciudad de Trevelin junto a los colonos galeses, en el mes de octubre de 1885.[172]
En cuanto a las relaciones con Europa, el gobierno priorizó todas las acciones destinadas a estrechar relaciones comerciales o a fomentar la inmigración. Respecto a ésta, se firmaron acuerdos con varios países para asegurar la continuidad del flujo inmigratorio hacia la Argentina.
Las relaciones con Gran Bretaña, excelentes durante toda su presidencia, alentaron a Roca a reiniciar los reclamos argentinos por la soberanía sobre las islas Malvinas,[173] que habían sido iniciadas en la época de Juan Manuel de Rosas, pero no habían sido formalmente reclamadas por ningún gobierno de la época de la Organización Nacional.[174] Por orden del presidente Roca, el ministro Ortiz informó al representante del Reino Unido en Buenos Aires que su gobierno intentaba recurrir a un laudo internacional para zanjar el asunto. Pese a que ese mecanismo había sido fomentado por Gran Bretaña en distintos conflictos entre naciones sudamericanas, el intento fue rechazado de modo rotundo.[175]
A fines de su mandato, el apoyo dado por su gobierno al militar uruguayo José Miguel Arredondo durante la Revolución de Quebracho generó un breve incidente con el Uruguay, que se solucionó con la promesa —que nunca se cumpliría— de castigar a los responsables de esa ayuda.[176]
Gabinete ministerial
[editar]| Cartera | Titular | Período |
|---|---|---|
| Ministerio del Interior | Antonio del Viso Bernardo de Irigoyen Benjamín Paz Isaac Chavarría |
12 de octubre de 1880—11 de febrero de 1882 12 de febrero de 1882—30 de mayo de 1885 30 de mayo de 1885—9 de febrero de 1886 10 de abril de 1886—12 de octubre de 1886 |
| Ministerio de Relaciones Exteriores |
Bernardo de Irigoyen Victorino de la Plaza Francisco J. Ortiz |
12 de octubre de 1880—11 de febrero de 1882 11 de febrero de 1882—25 de octubre de 1883 25 de octubre de 1883—12 de octubre de 1886 |
| Ministerio de Guerra y Marina | Benjamín Victorica Carlos Pellegrini |
12 de octubre de 1880—11 de julio de 1885 11 de julio de 1885—12 de octubre de 1886 |
| Ministerio de Hacienda | Santiago Cortínez Juan José Romero Victorino de la Plaza Wenceslao Pacheco |
12 de octubre de 1880—9 de abril de 1881 9 de abril de 1881—12 de octubre de 1883 25 de octubre de 1883—9 de marzo de 1885 9 de marzo de 1885—12 de octubre de 1886 |
| Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública |
Manuel D. Pizarro Eduardo Wilde |
12 de octubre de 1880—13 de febrero de 1882 14 de febrero de 1882—12 de octubre de 1886 |
Acción tras su primera presidencia
[editar]Fue sucedido por su concuñado, Miguel Juárez Celman, aunque los resortes de la política nacional siguieron en buena medida en manos de Roca. El esfuerzo de Juárez Celman por apropiarse de la estructura del PAN llevó a la concentración de todo el poder en manos del presidente, lo que se llamó el Unicato. El nombre provenía de su intención ser reconocido como Jefe Único de la Nación.[177] En su mensaje al Congreso del año 1889, Juárez Celman afirmó que[178]
No existe otro partido que el Partido Autonomista Nacional, al cual pertenecen las mayorías parlamentarias y todos los gobiernos de la nación y sus estados.
Hacia 1890 hizo eclosión una grave crisis económica, que sumada a la corrupción y la oposición generalizada a las pretensiones hegemónicas de Juárez Celman, crearon el ámbito propicio para la Revolución del Parque, que estalló el 26 de julio de 1890: los rebeldes controlaron gran parte de la ciudad de Buenos Aires durante tres días, aunque fueron finalmente derrotados.[179] Pero Juárez Celman no contaba ya con apoyo alguno: el expresidente Roca se había enemistado profundamente con él, y el vicepresidente Carlos Pellegrini le negó su apoyo, por lo que el presidente tuvo que renunciar.[179]
Durante la presidencia de Pellegrini, Roca se mostró como su principal aliado político; con su apoyo, el nuevo presidente logró revertir la crisis por medio de un programa de austeridad, la renegociación de la deuda pública y la reformulación del sistema bancario en base al Banco de la Nación Argentina, fundado en 1891.[180] La continua expansión del área sembrada, especialmente de trigo, junto al alza de los precios de este y de la carne ayudaron significativamente a superar la crisis; el ciclo de la lana daba paso al ciclo de los granos y la carne.[181]
En 1891 se inició la búsqueda de un sucesor en la presidencia: la principal candidatura parecía ser la de Roque Sáenz Peña, líder del Partido Modernista, seguida por la del expresidente Bartolomé Mitre, candidato de la Unión Cívica, que había liderado la revolución del 90. Roca comenzó a maniobrar para destruir ambas amenazas: primeramente ofreció a Mitre la candidatura presidencial por el PAN, a cambio de que uniera las listas de candidatos del partido oficialista y de la UC.[182] La mayoría de la Unión Cívica rechazó el acuerdo, por lo que los seguidores de Mitre se separaron de la misma, fundando la Unión Cívica Nacional, que durante diez años continuaría con la política del acuerdo.[183] Por su parte, los miembros de la otra facción fundaron la Unión Cívica Radical, dirigida por Leandro N. Alem.[184]
Entonces Roca convenció a Mitre de que ambos debían mostrarse prescindentes, y a continuación convenció al padre de Roque Sáenz Peña, Luis Sáenz Peña —un jurista con muy escasa vocación política— de ser el candidato oficialista a la presidencia. El hijo renunció a su candidatura presidencial para no enfrentar al padre.[185]
Por último, convenció a Pellegrini de arrestar a Alem y los principales dirigentes radicales, acusándolos de haber planeado una sangrienta revolución. Preso el candidato presidencial de la UCR, las elecciones se hicieron sin otra lista que la oficialista: Luis Sáenz Peña y José Evaristo de Uriburu fueron elegidos presidente y vice por unanimidad del Colegio Electoral.[186]
Durante la presidencia de Sáenz Peña tuvo lugar una nueva revolución radical, la cual —sumada a la evidente incapacidad del presidente para llevar adelante una gestión política— llevó a su renuncia en 1895. Tras una frustrada participación en elecciones provinciales, la UCR se encerró en una abstención electoral absoluta.[187]
El sucesor de Luis Sáenz Peña fue José Evaristo Uriburu, un político capaz pero sin ambiciones personales; bajo su gobierno, Roca se presentó como el único candidato capaz de reunir los apoyos necesarios —tanto a nivel del gobierno nacional como en las provincias— para sostener una candidatura presidencial exitosa. Sobre la base de acuerdos entre cúpulas y elecciones fraudulentas, Roca volvió a ser elegido presidente en 1898.[188]
Segunda presidencia
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Roca asumió por segunda vez la presidencia de la Argentina el 12 de octubre de 1898. Todas las provincias le respondían excepto la de Buenos Aires, donde triunfó Bernardo de Irigoyen de la Unión Cívica Radical, partidario de llegar a acuerdos con el roquismo y enfrentado al ala revolucionaria dirigida por Hipólito Yrigoyen, que sostenía la abstención electoral mientras no existiera un sistema de elecciones libres basada en el voto secreto.[189]

Política económica
[editar]La economía argentina había sufrido importantes cambios en la década anterior, dejando de girar en torno a la exportación de la lana para pasar a depender de las exportaciones de carnes vacunas —primeramente congeladas y luego enfriadas— y de granos, principalmente trigo, maíz y lino.[190]
El ministro de Obras Públicas Emilio Civit inició una moderada reforma en la política de concesiones ferroviarias, frenando la expansión de las empresas privadas, aumentando la extensión de las líneas estatales y ejerciendo, con algún rigor, el control de las tarifas de las empresas británicas, que estaban conscientemente diseñadas para perjudicar las producciones locales que pudieran competir con las británicas.[191]
Durante sus presidencias continuó el desarrollo de la telegrafía argentina: en 1905 se finalizó el enlace telegráfico que unía Cabo Vírgenes en el Estrecho de Magallanes con la red nacional, que para entonces contaba con 50.000 km de recorrido, que con relación a una población de ocho millones de habitantes, la convirtió en una de las más importantes del mundo. También sería uno de los principales propulsores del uso militar de dicha tecnología.
La economía seguía creciendo, movida por un constante aumento de los precios agropecuarios, que se mantenía desde los años de Uriburu.[192] De modo que el presidente quiso aprovechar la ocasión para reorganizar la situación financiera y unificar las deudas externas. Pero la situación económica se complicó cuando se inició una rápida baja del valor del papel moneda en relación con el oro. En términos actuales, se había producido un proceso de inflación acelerada en términos de papel moneda. Solo quienes tenían sus ingresos asegurados en pesos oro estaban libres de la misma. En respuesta, el senador Pellegrini presentó y defendió la Ley de Conversión, que era un primer paso para el regreso a la libre convertibilidad.[193]
Dos años más tarde, el mismo Pellegrini fue encargado por el presidente de iniciar gestiones en Europa para unificar la deuda externa del país: debía canjear una deuda de 392 millones de pesos oro a distintas tasas por otra de 435 millones al 4 %. Según Pellegrini, eso significaría un ahorro neto de 10 millones, pero la opinión pública entendió que se aumentaba el monto total en 43 millones.[194]
Cuando el proyecto fue presentado en el Senado, fue aprobado por una escasa diferencia de los senadores presentes, porque la mayor parte de sus opositores se había ausentado. Y en la discusión en la Cámara de Diputados, Pellegrini mismo debió confesar al diputado José Antonio Terry que el país se comprometía a girar diariamente a una cuenta especial en el Banco de la Nación el 8 % de los ingresos diarios de la Aduana. La opinión pública estalló de indignación y una gran cantidad de estudiantes salió a la calle –en Buenos Aires, Rosario y La Plata– para protestar contra el proyecto y también contra la ausencia de una democracia real. Fue la manifestación opositora más grande que se hubiera visto hasta entonces en el país, y concluyó con incidentes de violencia.[195]
El gobierno respondió pidiendo al Congreso la declaración del estado de sitio, y enseguida el presidente retiró el proyecto de unificación de la deuda, asignándole la autoría del mismo a Pellegrini.[196]
Política exterior
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A menos de tres meses de iniciado su gobierno, Roca emprende un viaje al sur del país; el primer paso fue una breve visita a la colonia galesa del Chubut. Siguió su navegación hasta Ushuaia y desde allí prosiguió su viaje por el Canal Beagle hacia el oeste, continuando luego por el Estrecho de Magallanes hasta Punta Arenas, donde se entrevistó con el presidente Errázuriz,[197] en un gesto que sirvió para acelerar la resolución del litigio de la Puna de Atacama, la cual se resolvió con un laudo arbitral del presidente estadounidense James Buchanan, que este saldó el 24 de marzo de 1899.[198] Como consecuencia del mismo, en el año 1900 se creó el nuevo Territorio Nacional de Los Andes.[199]
A continuación visitó el Uruguay y el Brasil, visitas que fueron correspondidas por los presidentes de esos países, en un intercambio sin mayores consecuencias.[200]
En 1901, por iniciativa presidencial, el gobierno reinició las relaciones diplomáticas con la Santa Sede; en los años siguientes hizo varios gestos de acercamiento con la jerarquía católica.[201]
El 28 de mayo de 1902, su representante en Chile firmó con ese país los llamados Pactos de mayo, que limitaban la carrera armamentista con ese país, y acordaba someter al arbitraje de la Corona británica los diferendos limítrofes que ya se habían suscitado y los que se suscitaran en el futuro.[202]
En diciembre de 1902, el canciller Luis María Drago inició una amplia campaña para repudiar el ataque militar por parte del Reino Unido y el Imperio alemán a las costas de Venezuela en reclamo del pago de deudas, estableciendo la Doctrina Drago, principio de aceptación universal desde entonces, que prohíbe que la deuda pública pueda dar lugar a una intervención armada.[203]
En 1902 el alférez de marina José María Sobral participó en la expedición sueca de Otto Nordenskjöld que viajaba a bordo del navío noruego "Antarctic", a cambio de recursos para invernar un año. Tras la trágica pérdida del buque, la expedición fue rescatada por la corbeta "Uruguay" al mando del teniente de navío Julián Irízar. Fue el primer rescate de vidas humanas en el continente antártico realizado por la Armada Argentina.[204] En 1904, la Argentina inició la ocupación del primer establecimiento permanente en territorio antártico, al establecer una base en las islas Orcadas del Sur.[205]
La «cuestión social»
[editar]Durante su segunda presidencia se produjo un auge del naciente movimiento obrero argentino: en 1901 se fundó la primera central sindical argentina, que sería conocida como FORA y el 22 de noviembre de 1902 se declaró la primera huelga general.[206] El tema era conocido en aquellos años como "cuestión social" o "cuestión obrera",[207] y fue enfrentado por Roca desde dos ángulos: un ángulo represivo y un ángulo concesivo.[208] Desde el ángulo represivo sancionó leyes y ordenó las primeras represiones armadas contra las manifestaciones obreras y los sindicatos. Desde el ángulo concesivo dio inicio en la Argentina al derecho de la seguridad social y al derecho laboral.
Desde el ángulo represivo, Roca llevó adelante una política de represión del movimiento obrero que tomó forma principalmente en la Ley n.º 4144 de Residencia de Extranjeros, más conocida como Ley de Residencia o Ley Cané, sancionada en 1902, que permitía el encarcelamiento y expulsión de inmigrantes sin juicio previo. Un tango cantado por Gardel, Al pie de la Santa Cruz, protesta contra aquellas persecuciones diciendo que "Se venga de un hombre la ley patronal". La política represiva del gobierno de Roca, adoptó un fuerte tono racista, clasista y antiinmigración, que fue encarnada principalmente por el ministro Miguel Cané.[207]
Durante el gobierno de Roca se produjeron también los primeros asesinatos causados por la policía en las huelgas y manifestaciones sindicales, iniciando con el asesinato de Cosme Budislavich el 20 de octubre de 1901, una trágica sucesión de masacres obreras que se ha extendido hasta los tiempos actuales.[209] El 1 de mayo de 1904 ordenó la represión por la policía de una reunión de aproximadamente 70.000 trabajadores en el barrio porteño de La Boca, la cual produjo la muerte de Juan Ocampo, un marinero de dieciocho años; durante su velatorio la policía también irrumpió y se llevó su cuerpo.[210][211]
El 20 de septiembre de 1904, pocos días antes de finalizar su mandato, Roca inició el sistema de seguridad social argentino, al promulgar la ley de creación la Caja Nacional de Jubilaciones y Pensiones para los Funcionarios, Empleados y Agentes Civiles, sobre la base de un sistema contributivo público de reparto. Si bien existían en la legislación argentina algunos antecedentes, fue la Ley N.º 4349 la que se considera como punto inicial.[212] Por esa razón el 20 de septiembre se considera en Argentina como el "Día del Jubilado y la Jubilada".[213] Con el paso de los años el beneficio, que abarcaba inicialmente a todos los empleados y funcionarios públicos, fue reclamado y obtenido por nuevos sectores de trabajadores públicos y privados que obtendrían sus propias "cajas": bancarios, empleados de comercio, industria, empleados provinciales, etc.[212][214]
Roca anticipó también la legislación laboral en Argentina. En su mensaje al Congreso dando inicio a las sesiones de 1904, Roca anunció y recomendó sancionar un proyecto de Ley Nacional de Trabajo, enviado por el Poder Ejecutivo, regulando el trabajo y las relaciones obrero-patronales. El proyecto de Ley Nacional del Trabajo, había sido elaborado bajo la gestión del ministro Joaquín V. González, en base al Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas encomendado a Juan Bialet Massé.[215] Constaba de 465 artículos y regulaba todos los aspectos de las relaciones laborales (contrato de trabajo, intermediarios, accidentes de trabajo, trabajo a domicilio, trabajo de los menores y mujeres, contrato de aprendizaje, contrato de los indios, higiene y seguridad; asociaciones patronales y obreras, autoridades administrativas y tribunales de conciliación y arbitraje).[216] Acusado de violar la "libertad de comercio",[217] el proyecto no llegó a ser debatido como un todo, pero fue tenido en cuenta para sancionar al año siguiente la primera ley laboral argentina, la Ley N.º 4661 de Descanso Dominical,[216][217] proyectada por el diputado Alfredo Palacios, quien había sido elegido en representación del barrio obrero de La Boca el año anterior,[217] y se constituyó en el primer legislador socialista en América.[218]
Política educativa
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Su ministro de instrucción pública, Osvaldo Magnasco, proyectó crear gran cantidad de escuelas técnicas y agrotécnicas, de las que hasta entonces existían muy pocas. El intento fue rechazado por el congreso, y Magnasco debió renunciar después de haber creado apenas unas decenas de escuelas técnicas.[219]
Política en defensa
[editar]El primer ministro de guerra de Roca, Luis María Campos, fundó la Escuela Superior de Guerra para lograr una formación constante y renovada del pensamiento militar argentino, así como la investigación ininterrumpida en materia de defensa nacional, estrategia e historia militar.[220] Su segundo ministro de guerra, Pablo Riccheri, estableció el servicio militar obligatorio por la Ley 4031.[221]
Continuando la política estratégica en materia de defensa naval, iniciada por José Evaristo Uriburu, comenzó la construcción del Puerto Militar el 19 de mayo de 1898 y finalizó la primera etapa en 1902, con la inauguración del Dique de Carena por parte del mismo presidente Roca, a bordo del Acorazado Garibaldi.[222]
También se inició una acelerada modernización del ejército y se adquirieron nuevas bases militares, como Campo de Mayo, con la intención de evitar que los cuarteles dentro de la capital fueran instrumento para revoluciones militares. Se refundó el Regimiento de Granaderos a Caballo que había creado el general José de San Martín, para funcionar como escolta del presidente de la nación.[223]
Situación política
[editar]En respuesta al desaire en el tema de la deuda pública, Pellegrini rompió con Roca y comenzó a formar el Partido Autonomista, en que comenzaron a militar varios dirigentes que habían sido seguidores de Juárez Celman y los miembros de un efímero Partido Demócrata, y al que se unió también Roque Sáenz Peña. Por su parte, los seguidores de Mitre habían abandonado la Unión Cívica Nacional para formar un nuevo partido, el Partido Republicano. A pesar de la importancia que la prensa les asignaba, en las elecciones de 1902 –en que aún no se había aprobado el sistema uninominal– ambos partidos obtuvieron pobres resultados.[224]
En la provincia de Buenos Aires, Marcelino Ugarte derrotó al candidato de Roca y del gobernador Irigoyen, con lo que accedió al gobierno; enseguida reforzó su estructura caudillista, extendió las redes de sus contactos, y negoció su incorporación al Partido Nacional.[225]
Si bien animado por la misma concepción de «progreso» —creación de infraestructura, fomento de la inmigración, definición de un perfil agroexportador— que el grupo de Roca, Carlos Pellegrini y otros políticos del autonomismo como Roque Sáenz Peña se plantearon la necesidad de abandonar el caudillismo en la política y el fraude electoral como mecanismo de acceso al poder, buscando abrir aunque fuera un poco los canales de participación y aumentar el número de votantes.
El alejamiento de Pellegrini provocó una crisis de gabinete y obligó a Roca a reorganizar el PAN. Durante el resto de su mandato debió cambiar de ministros varias veces.[226]
Por su parte, sorprendido por las protestas de julio de 1901, Roca decidió distraer a la opinión pública proponiendo y logrando la sanción de una Ley que establecía una reforma política ideado por el ministro del Interior, Joaquín V. González: en busca de aumentar la representatividad de los diputados, se reemplazaba el sistema de elecciones por lista completa por una división del país en circunscripciones, en cada una de las cuales se elegiría un diputado.[227]
Roca decidió controlar la elección de su sucesor, para lo que convocó a una Convención de Notables, que discutió varias alternativas. Tras el fracaso de la casi segura candidatura de Felipe Yofre, ésta eligió a un antiguo mitrista, Manuel Quintana, y al exgobernador cordobés José Figueroa Alcorta para vicepresidente.[228]
La ley de circunscripciones uninominales se aplicó solamente a la elección de diputados nacionales y electores de presidente en el año 1904; no tuvo efectos notables en la distribución de cargos políticos, con la sola excepción de la elección de Alfredo Palacios, primer diputado del Partido Socialista, que había sido fundado en 1896.[229] Por su parte, Quintana fue elegido por aplastante mayoría, en unas elecciones en que el número de votos solo aumentó significativamente en Buenos Aires y la Capital.[230]
Por su parte, el sector de la Unión Cívica Radical que seguía a Hipólito Yrigoyen y se oponía el régimen electoral fraudulento que el roquismo sostenía sobre la base del voto cantado, mantenía su postura abstencionista y organizaba un nuevo levantamiento armado, que se concretaría en la Revolución radical de 1905.
Gabinete ministerial
[editar]| Cartera | Titular | Período |
|---|---|---|
| Ministerio del Interior | Felipe Yofre Joaquín V. González |
12 de octubre de 1898 – 26 de agosto de 1901 9 de septiembre de 1901 – 12 de octubre de 1904 |
| Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto |
Amancio Alcorta Felipe Yofre Luis María Drago José A. Terry |
12 de octubre de 1898 – 21 de enero de 1899 21 de enero de 1899 – 7 de mayo de 1902 9 de mayo de 1902 – 18 de julio de 1903 20 de julio de 1903 – 12 de octubre de 1904 |
| Ministerio de Hacienda | José María Rosa Enrique Berduc Marco Avellaneda |
12 de octubre de 1898 – 7 de abril de 1900 7 de abril de 1900 – 5 de julio de 1901 11 de julio de 1901 – 12 de octubre de 1904 |
| Ministerio de Justicia e Instrucción Pública |
Osvaldo Magnasco Juan E. Serú Joaquín V. González Juan Ramón Fernández |
12 de octubre de 1898 – 1 de julio de 1901 11 de julio de 1901 – 15 de enero de 1902 15 de enero de 1902 – 22 de abril de 1902 22 de abril de 1902 – 12 de octubre de 1904 |
| Ministerio de Agricultura | Emilio Frers Emilio Civit Martín García Merou Ezequiel Ramos Mexía Wenceslao Escalante |
12 de octubre de 1898 – 1 de septiembre de 1899 1 de septiembre de 1899 - 11 de enero de 1900 11 de enero de 1900 - 21 de marzo de 1901 21 de marzo de 1901 - 18 de julio de 1901 18 de julio de 1901 – 12 de octubre de 1904 |
| Ministerio de Obras Públicas | Emilio Civit Wenceslao Escalante |
12 de octubre de 1898 –? 1904 – 12 de octubre de 1904 |
| Ministerio de Guerra | Luis María Campos Rosendo Fraga Pablo Riccheri |
12 de octubre de 1898 – 8 de agosto de 1899 8 de agosto de 1899 – 13 de julio de 1900 13 de julio de 1900 – 12 de octubre de 1904 |
| Ministerio de Marina | Martín Rivadavia Onofre Betbeder |
12 de octubre de 1898 – 23 de febrero de 1901 23 de febrero de 1901 – 12 de octubre de 1904 |
Corrupción: el verbo atalivar
[editar]Roca ha sido considerado como uno de los funcionarios públicos que más se enriquecieron mediante la función pública.[231] "Junto a sus hermanos y parientes políticos tejió una red de negociados en base a la repartición de la tierra indígena y de sus antiguos habitantes que le reportaron fabulosas ganancias".[231]
Su primera propiedad fue una estancia de 35 leguas adquirida tres años antes de ser presidente, en un remate escandaloso.[231] Durante su presidencia, en 1881, la Legislatura de la provincia de Buenos Aires, controlada por su partido, le donó 60.000 hectáreas en el lugar que él dispusiera.[231] En 1887, durante la presidencia de su concuñado, el Congreso Nacional, siempre controlado por su partido, lo premió otorgándole otras 15.000 hectáreas.[231]
El expresidente Domingo Faustino Sarmiento denunció la corrupción roquista desde su diario El Censor en los siguientes términos:
[La Campaña del Desierto] fue un pretexto para levantar un empréstito enajenando la tierra fiscal a razón de 400 nacionales la legua, a cuya operación, la Nación ha perdido 250 millones de pesos oro ganados por los Atalivas, Goyos y otras estrellas del cielo del presidente Roca. Pero si se puede explicar, aun cuando no se justifique, esta medida antieconómica y ruinosa para el Estado, por la famosa Campaña del Desierto, después de que ésta se realizó sin batallas ni pérdidas de ningún género para el gobierno, no hay razón, no hay motivo alguno para que tal empréstito continúe hoy abierto... para los amigos del general Roca, máxime cuando la suscripción se cerró hace ya mucho tiempo. Es necesario llamar a cuentas al presidente y a sus cómplices en estos fraudes inauditos. ¿En virtud de qué ley, el general Roca, clandestinamente, sigue enajenando la tierra pública a razón de 400 nacionales la legua que vale 3000? El presidente Roca, haciendo caso omiso de la ley, cada tantos días remite por camadas a las oficinas del crédito público órdenes directas, sin expedientes, ni tramitaciones inútiles para que suscriba a los agraciados, que son siempre los mismos, centenares de leguas. Allí están los libros del Crédito Público que cantan y en voz alta para todo el que quiera hacer la denuncia al fiscal. Al paso que vamos, dentro de poco no nos quedará un palmo de tierra en condiciones de dar al inmigrante y nos vemos obligados a expropiar lo que necesitamos, por el doble del valor, a los Atalivas.Domingo F. Sarmiento.[232]
La mayor parte de los negociados de Roca fueron realizados por su hermano Ataliva, quien obraba como testaferro. Entre otras adquisiciones indebidas, Ataliva Roca recibió 160.000 hectáreas de tierra en la provincia de La Pampa.[231] La corrupción roquista llegó a tal nivel de escándalo, que el expresidente Domingo Faustino Sarmiento inventó el verbo "atalivar" para referirse a la corrupción, verbo que ingresó al habla cotidiana hasta al menos mediados del siglo XX.[233]
El historiador Ricardo Titto relata la historia del verbo "atalivar" del siguiente modo:
El hermano de Roca se llamaba Ataliva y era el que manejaba las coimas y el que se ha favorecido siempre para armar al ejército en la campaña al desierto. Era el que manejaba los porcentajes que iban para la familia del Gobierno y los porcentajes de coimas que tenían que poner los empresarios de la época... El hermano de Roca quedó en la historia como el que le dio verbo al tema de la coima institucional en la Argentina.Ricardo Titto.[233]
Últimos años en Europa y fallecimiento en Argentina
[editar]
Terminado su mandato, Roca se alejó de la vida pública, residiendo la mayor parte del tiempo en su estancia «La Paz», cerca de Ascochinga, Córdoba. Aunque el autonomismo siguió controlando el gobierno por una década más, la falta de su conducción permitió a un sector del mismo desafiar a los amigos de Roca. Durante la presidencia de José Figueroa Alcorta se dedicaron a obstruir todas sus iniciativas en el Congreso.
Desde 1904 se produjo el paulatino alejamiento del expresidente a los cargos, pero no de la política: Roca siguió gravitando en la escena pública. Se dedicó a viajar con su familia por Europa y luego a residir en su estancia La Larga.
En sus últimos años realizó dos viajes a Brasil, con el objetivo diplomático de suavizar las tensiones. Uno en 1907 y otro en 1912. Fueron sus últimos servicios a la nación.[234]
En enero de 1908, el Congreso se negaba todavía a tratar el Presupuesto Nacional para el año que ya había empezado. Figueroa Alcorta retiró el proyecto, decretó que regía el presupuesto del año anterior y clausuró el Congreso con la policía.[235]
A continuación intervino activamente en la política de las provincias, declaró la intervención federal de dos de ellas, se alió con antiguos colaboradores de Juárez Celman y amigos de Pellegrini; con el PAN completamente renovado derrotó a los amigos de Roca en marzo de 1908, logrando mayoría parlamentaria y unificando los gobiernos provinciales bajo su dirección. El esquema político de Roca estaba liquidado.[236]
El general Julio Argentino Roca falleció el 19 de octubre de 1914 en la ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina. Sus restos reposan en el Cementerio de la Recoleta, ubicado en dicha ciudad.

Herencia
Roca dejó un patrimonio de más de 15 millones de pesos papel de la época, equivalentes a más de 6.600.000 pesos oro, y a más de 1.300.000 libras esterlinas de oro. Un peso oro era igual a 2,27 pesos papel (moneda nacional). Cada peso oro tenía 1,45161 gramos de oro fino. La libra esterlina tenía 7,3217 gramos de oro fino. [237]
Distinciones
[editar]• Nombramiento como subteniente de Artillería del Ejército Nacional, (Alférez). 20 de marzo de 1858, con antigüedad desde el 1 de marzo.[238]
• Ascenso a teniente segundo, 20 de septiembre de 1858.[239]
• Ascenso a teniente primero, 17 de septiembre de 1861, por su actuación en la Batalla de Pavón.[240]
• Ascenso a ayudante mayor primero, 22 de diciembre de 1862.[241]
• Ascenso a capitán del 6.º de Infantería de Línea, 17 de febrero de 1864.[242]
• Ascenso a argento mayor graduado, 26 de agosto de 1866, por su actuación en la Batalla de Tuyutí.[243]
• Ascenso a mayor efectivo y nombramiento como segundo jefe del 7.º de Infantería de Línea, 13 de julio de 1867.[244]
• Ascenso a teniente coronel, 15 de septiembre de 1868, con despachos expedidos el 3 de noviembre.[245]
• Ascenso a coronel sobre el campo de batalla, 26 de enero de 1871, por su actuación en la Batalla de Ñaembé.[246]
• Ascenso a coronel mayor, 7 de diciembre de 1874, por su victoria en la Batalla de Santa Rosa.[247]
• Ascenso a brigadier general, 28 de septiembre de 1880, en premio por la organización y mando de la Conquista del Desierto.[248]
• Ascenso a teniente general, 3 de noviembre de 1882, por ley n.º 1254.[249]
Condecoraciones Nacionales
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República Argentina
- Medalla a los vencedores de Corrientes, 2.ª Clase (Plata), 1865.[250]
- Escudo de Honor al Valor y Disciplina (Curupaytí), 2.ª Clase (Plata), 1866.[251]
- Medalla por la terminación de la campaña del Paraguay, 28 de septiembre de 1866.[252]
- Medalla de la Campaña de Río Negro y la Patagonia, 1.ª Clase (Oro), 24 de mayo de 1882.[253]
- Distintivo de honor
- Escudo de Curupaity 2° Clase, 1866.[250]
- Distinción de campaña
- Cordón de Tuyutí 1° Clase, 1872.
Condecoraciones extranjeras
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República Oriental del Uruguay
- Medalla de la República Oriental del Uruguay al Ejército aliado contra el Paraguay, 25 de agosto de 1894.[254]
- Medalla a los Vencedores de Yatay, 17 de agosto de 1868.[254]
Imperio del Brasil
- Medalla a los Vencedores de Uruguayana, 16 de agosto de 1869.[255]
República de los Estados Unidos del Brasil
- Medalla General de la Campaña del Paraguay, con pasador de oro, 25 de mayo de 1890.[256]
Reino de España
- Orden de Isabel la Católica, grado desconocido, antes del 25 de junio de 1885.
- Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, mayo de 1901.[257]
Reino de Prusia
- Gran Cruz de la Orden del Águila Roja, 27 de mayo de 1906, conferida por Guillermo II.[258]
Reino de Italia
Tercera República Francesa
Reino de Portugal
Reino de Bélgica
República de Chile
- Medalla al Mérito, 1910[262]
Estados Unidos de Venezuela
- Orden del Libertador, grado desconocido, antes del 25 de junio de 1885.[263]
Homenajes y cuestionamientos
[editar]Julio Argentino Roca es objeto de ciertas disputas sobre la valoración de su papel en la historia argentina.
Por un lado, durante el siglo XX la figura de Roca ha sido reconocida por la llamada «historia oficial» como la de uno de los estadistas que forjó las bases de la República Argentina. Desde esa posición Roca ha sido homenajeado designando con su nombre a numerosas ciudades, departamentos, lagos, calles, avenidas, plazas, monumentos —el más emblemático es el que se encuentra en Buenos Aires—, parques, escuelas y líneas ferroviarias de todo el país. A modo de ejemplo pueden citarse: la ciudad de General Roca de la provincia de Río Negro, la localidad Presidencia Roca de la provincia del Chaco, la localidad Presidente Roca de la provincia de Santa Fe, la Colonia General Roca de la provincia de Entre Ríos, el Departamento General Roca de la provincia de Córdoba, el lago Roca en la provincia de Río Negro, la avenida Presidente Julio Argentino Roca de la ciudad de Buenos Aires, la avenida Julio A. Roca de la ciudad de Córdoba, la escuela Presidente Roca de la ciudad de Buenos Aires,[264] y la compañía ferroviaria Ferrosur Roca. El decreto 32.574, firmado el 1 de marzo de 1948 por el presidente Juan Domingo Perón, reorganizó las antiguas compañías de ferrocarril, incluyendo a los Ferrocarriles del Estado, en sus fundamentos expresa “que es un deber del gobierno mantener vivo en el pueblo el culto a la memoria de los forjadores de la nacionalidad, como tributo de gratitud a sus patrióticos afanes y para fortalecer los sentimientos de solidaridad con nuestro pasado”, y bautiza una de sus líneas como Ferrocarril General Roca.
En la ceremonia de investidura del actual presidente de la Nación Argentina, Javier Milei, el 10 de diciembre de 2023, este último hizo referencia a Julio Argentino Roca como "uno de los mejores presidentes de la historia argentina". Durante su discurso al pueblo de la Nación, el presidente Milei citó una frase pronunciada por Roca en su discurso de asunción ante el Congreso el 12 de octubre de 1880.[265]
- Algunos de los tantos monumentos al prócer nacional
- Monumento ecuestre a Julio Argentino Roca (Centro Cívico de Bariloche).
- Vista aérea de la ciudad de General Roca (provincia de Río Negro).
- Lago Roca (parque nacional Tierra del Fuego).
- Monumento fúnebre a Roca (Cementerio de la Recoleta, Ciudad de Buenos Aires).
- Vitral con atributos presidenciales en la Catedral de San Carlos de Bariloche, "Nuestra Señora del Nahuel Huapi".
Corrientes antiroquistas
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Diversas corrientes políticas e historiográficas han cuestionado su papel, asociándolo entre otras con la corrupción, la llamada República oligárquica o República conservadora previa a 1916 —año de elección del primer presidente por medio del voto secreto— o al aniquilamiento de miles de indígenas en la Patagonia, calificándolo de genocida.[266][267][268] Esta posición propone eliminar el nombre de Roca de los lugares y ámbitos con los que ha sido homenajeado.[269] Esta corriente de pensamiento, logró reemplazar el nombre de Roca en algunos lagos, escuelas, calles y plazas. A modo de ejemplo:
- En Río Gallegos la avenida Julio A. Roca pasó a denominarse «Presidente Néstor Kirchner»,[270] años más tarde la municipalidad se encargaría también de remover una estatua de Roca ubicada en esa avenida.[271]
- En Resistencia cambiaron la denominación de la calle «Julio A. Roca» por «Cacique Maidana».[272]
- En General Pinto, se cambió el nombre de la calle Julio Argentino Roca por «Pueblos Originarios», caso similar al de la Escuela Primaria N.º 7 de la ciudad de Tandil.[273][274]
- También se retiró el nombre de Julio Argentino Roca de una calle de barrio Sarmiento de Villa Nueva de Córdoba.[275] En el municipio de Del Campillo se cambió el nombre de la calle Roca por Ramón Cabral.[276]
- Se cambió el nombre de la calle Roca por Mercedes Sosa en Mar de las Pampas, Villa Gesell, Provincia de Buenos Aires.
- Se ha cambiado el nombre de escuelas en la provincia de La Pampa,[277][278] y en las localidades bonaerenses de Azul[279] y Tres Arroyos.[280]
- La Escuela Media N.º 2, de Jujuy pasó a denominarse Marina Vilte.[281][282]
- En Banfield, una escuela reemplazó su nombre por el de Julio Cortázar.[283] Incluso clubes deportivos optaron por cambiar su nombre.[284]
- En la localidad de Sierras Bayas se eliminaron los carteles en 2013 con nombre de Julio Roca.[285]
- La Escuela Provincial N.º 38 de la base Esperanza de la Antártida Argentina cambió el nombre de Julio Argentino Roca por el de «Raúl Ricardo Alfonsín».[286]
- En Bahía Blanca se intentó cambiar el nombre del parque «Campaña del desierto», por lo que llamaron a una votación popular virtual para que la ciudadanía pueda elegir un nuevo nombre, sin embargo el nombre más votado fue «Julio Argentino Roca». Finalmente, el gobierno dio marcha atrás y se conservó el nombre original.[287][288]
- En julio del 2023 el intendente de Bariloche, Gustavo Gennuso, intentó remover el monumento a Roca ubicado en el centro cívico de Bariloche, finalmente la justicia se lo prohibió gracias a un amparo colectivo.[289]
Numismática
[editar]La efigie de Julio Argentino Roca, grabada a buril por el grabador italiano Trento Cionini, se encuentra en el anverso del billete de cien pesos de la República Argentina que la Casa de Moneda emitió desde 1992 hasta 2015, año en el que fue reemplazado por el billete de igual denominación con la imagen de Eva Perón.[290]
En el anverso del mismo billete grabado a buril por el grabador argentino Hugo Urlacher, se observa la imagen de la parte central del tradicional cuadro La Conquista del Desierto —del pintor Juan Manuel Blanes, que se encuentra ubicado en el Museo Histórico Nacional— con la siguiente leyenda:
JULIO ARGENTINO ROCA (TUCUMÁN 1843 BUENOS AIRES 1914) MILITAR Y ESTADISTA, REALIZADOR DE LA CAMPAÑA DEL DESIERTO (1878), FIRMÓ EL TRATADO DE LÍMITES CON CHILE. FUE DOS VECES PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA (1880-1886, 1898-1904).
Roca también apareció en el billete de 1000 australes, vigente entre 1988 y 1991.
Ancestros
[editar]| Ancestros de Julio Argentino Roca | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Véase también
[editar]- Conquista del Desierto, la operación militar en la actual Patagonia argentina.
- Pacificación de la Araucanía, la operación militar en la actual Patagonia chilena.
Notas
[editar]- ↑ Algunas fuentes destacan que el mote de «zorro» o «zorrito» le venía de sus travesuras de infancia.
- ↑ La fe de bautismo se conserva en la Iglesia Matriz de Tucumán. Véase Garrido, M.F. et al., op. cit en la sección Bibliografía, p. 6.
- ↑ Agustina era hermana del futuro vicepresidente Marcos Paz.
- ↑ Osvaldo Bayer diría que «Roca fue implementando la esclavitud en el frente, lo que aquella brillante Asamblea del año XIII había eliminado cuando declaró la libertad de vientres. En todos los diarios de Buenos Aires, en 1879, se pueden ver los avisos donde dice reparto de indios. Recorran los diarios.»
- ↑ Osvaldo Bayer sostuvo que “es increíble la forma como se repartió la tierra después de la campaña del desierto, fíjense en el resultado que sacamos del Boletín de la Sociedad Rural Argentina fundada en 1868, fíjense que entre 1876 y 1903, en 27 años, se otorgaron 41.787.000 hectáreas a 1843 terratenientes, vinculados estrechamente por lazos económicos y familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período, principalmente a la familia Roca”. Los documentos que menciona dicen que “sesenta y siete propietarios pasaron a ser dueños de seis millones de hectáreas, entre ellos se destacaban veinticuatro de las familias llamadas patricias, que recibieron entre 200.000 hectáreas (la familia Luro) y 2.500.000 obtenidas por la familia Martínez de Hoz, bisabuelo del que iba a ser ministro de economía de los presidentes de facto José María Guido y Jorge Rafael Videla.
Referencias
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no válida; el nombre «Sala» está definido varias veces con contenidos diferentes - 1 2 3 4 5 6 7 8 Leopoldo Lugones, Roca, edición consultada en el archivo proporcionado, pp. 31-32. Error en la cita: Etiqueta
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- ↑ The Rio News, 14 de marzo de 1907.
- 1 2 Error en la cita: Etiqueta
no válida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas "dup-5-88" - ↑ Ley n.º 1594, 25 de junio de 1885, Congreso de la Nación Argentina.
- ↑ Arcón de Buenos Aires: Escuela Presidente Roca, situada en Libertad 581 de la Ciudad de Buenos Aires, inaugurada en 1903, obra modelo de las llamadas "escuelas palacio" diseñadas durante la Generación del 80 y símbolo de la educación popular laica.
- ↑ El discurso completo de Milei como Presidente, consultado el 13 de diciembre de 2023.
- ↑ entre ellos Bartolomé Mitre, Aristóbulo del Valle, Leandro Alem, Lisandro de la Torre, José Manuel Estrada, Hipólito Yrigoyen, Adolfo Saldías, Félix Luna, Milcíades Peña, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Jorge Abelardo Ramos, Arturo Frondizi, Raúl Alfonsín, Osvaldo Bayer, Felipe Pigna, entre otros.Pigna, Felipe. «Biografías: Julio Argentino Roca». El Historiador. Archivado desde el original el 11 de marzo de 2006. Consultado el 9 de junio de 2006.
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Bibliografía
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Enlaces externos
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Wikiquote alberga frases célebres de o sobre Julio Argentino Roca.
Wikisource contiene obras originales de o sobre Julio Argentino Roca.
- "Nicolás Avellaneda", biography por Felipe Pigna
- "Consecuencias económicas de la Conquista del Desierto" - Universidad del CEMA
- "Ocupación efectiva de la Región Patagónica por el gobierno argentino" - Universidad del CEMA
- "Campaña del Desierto" Olimpíadas Nacionales de Contenidos Educativos en Internet Archivado el 27 de junio de 2006 en Wayback Machine.
- "La Guerra del Desierto", diferentes vistas por Juan José Cresto, Osvaldo Bayer et al. - ElOrtiba.org
- Entrevista a Diana Lenton y Walter Del Río
- Soy Roca, por Félix Luna
- Biografía de Roca por Felipe Pigna.
- Primera y *segunda presidencias de Roca.
- https://web.archive.org/web/20150930044153/http://museoroca.gov.ar/ Museo Nacional "Julio Argentino Roca"
- Primera presidencia de Roca 1880-1886
- Hombres
- Nacidos en 1843
- Fallecidos en 1914
- Julio Argentino Roca
- Académicos de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria
- Alumnado del Colegio del Uruguay
- Católicos de Argentina
- Fallecidos en Buenos Aires
- Familia Paz
- Liberales de Argentina
- Miembros de la Academia Nacional de Ciencias (Córdoba)
- Orden de Isabel la Católica
- Orden del Libertador
- Nacidos en San Miguel de Tucumán
- Personas de la Guerra de la Triple Alianza
- Presidentes de Argentina
- Sepultados en el cementerio de la Recoleta
- Ministros de Guerra y Marina de Argentina
- Presidentes provisionales del Senado de la Nación Argentina
- Gabinete de Nicolás Avellaneda