Biblioteca Gonzalo de Berceo

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Genealog�a de los reyes de Navarra. El primero, I�igo Arista; Sancho III es el quinto contando desde arriba.    

Sancho III el Mayor
UN REY PAMPLON�S E HISPANO

 

ArmandoBesga Marroqu�n
Universidad de Deusto

Los argumentos que avalan el car�cter hispano del monarca navarro m�s importante son los or�genes hispanogodos del Reino de Pamplona, compatibles con sus or�genes vascones; su propia familia, tanto por sus ascendientes como por las vinculaciones que entabl�; la pol�tica desarrollada, que por primera vez incluy� a todos los estados hispanocristianos, desde Galicia a Catalu�a; los colaboradores que encontr� en todas las regiones de la Espa�a cristiana; y los territorios que lleg� a dominar, desde Astorga hasta Ribagorza.

 

     Sancho Garc�s III (1004-1035) es el rey navarro m�simportante y durante la mayor parte de su reinado fue el soberano m�s poderoso de la Pen�nsula. Sinembargo, su figura es muy mal conocida. Por una parte, ninguna cr�nica contemporanea da cuenta de sus hechos, y cuando a partir del siglo XIIcomenz� a relatarse su historia �sta comenz� a deformarse, una tendencia que ha llegado hasta nuestros d�as (1). Por otro lado, los aproximadamente 70 documentos que provienen de su reinado se encuentran a falta de unaedici�n cr�tica; y esto es muy importante, �pues la mayor parte de ellos fueron rehechos, interpolados, maquillados e incluso inventados en tiempos posteriores, unosporque hab�an desaparecido en las precedentes calamidades y se debi� restituirlos a partir dela memoria oral que suger�a su proyecci�n sobre ulteriores realidades, otros porque su tenor no correspond�a a las mutaciones de laobservancia regular y la organizaci�n eclesi�stica ocurridas a lo largo del siguiente siglo y, finalmente, algunos porque quiz�s no hab�an existido nunca� (2).
  Afortunadamente estos problemas no nos afectan ahora, porque el objetivo del presente estudio no es trazar la historia de Sancho III el Mayor -cometido que probablementemerecer�a una tesis doctoral-, sino responder a la iniciativa tomada recientemente por elAyuntamiento de Fuenterrab�a de levantar un monumento a la memoria del rey navarro como �Rey del Estado Vasco, Reino de Navarra�, para lo cual se ha convocado un concurso dotado con un premio de 6.010 euros, iniciativa que haprovocado pol�mica. Pues bien, pese a los problemas que presenta el reinado de Sancho IIIel Mayor se puede decir que se poseen elementos de juicio claros y en abundancia para dar una respuesta terminante a estacuesti�n.

 

           Una monarqu�a hispana


    
El reino que hered� Sancho III, pese a su peque�ez (unos 15.000kil�metros cuadrados), estaba formado por tres unidades: lo que se ha llamado Navarra primordial,origen del Reino de Pamplona y centro de la monarqu�a, de la que estaba excluidaprobablemente a�n la Navarra atl�ntica ( cuya vinculaci�n al reino pamplon�s no se puede acreditar hasta el a�o 1066 ) y la parte meridional, que se encontraba en poder de los musulmanes; el condado deArag�n, limitado entonces a los valles m�s occidentales y septentrionales de la regi�n a la que ha dado su nombre, unidodurante el siglo X mediante una vinculaci�n personal, consecuencia de una herencia, al Reino de Pamplona y que conservaba su autonom�a; y La Rioja ( que inclu�a probablemente LaRioja alavesa, integrada en el Reino de Navarra hasta el siglo XV), arrebatada a al-Andalus en la primera mitad del siglo X.
   No hace al caso entrar en las particularidades que presentaban Arag�n y La Rioja, regi�n esta �ltima que gozaba de unaimportancia creciente en la monarqu�a pamplonesa. Lo que nos interesa ahora es la Navarraprimordial, un territorio de unos 5.500 kil�metros cuadrados en el que hab�a nacido un reino cuya naturaleza estrictamente vasca se da muchas veces por sentada, pues -a diferencia de lo sucedido con el Reino deAsturias- nunca ha habido un intento serio por estudiar sus or�genes ind�genas. Sin embargo, losescritores nacionalistas han tratado de justificar los or�genes exclusivamente vascos del reino navarro con varias explicaciones, que pueden ser complementarias. Una consiste en hacer del Reino de Pamplona el heredero del supuesto ducado merovingio de Wasconia,entendido como el primer Estado nacional vasco, que se habr�a extendido desde el Garona hasta m�s all� del Ebro (para incluirterritorios de La Rioja, Arag�n y Cantabria) (3). La falsedad de esta interesada interpretaci�n es evidente, puesto que ese ducado noexisti� ( 4) y porque tradicionalmente se han situado los or�genes del Reino de Pamplona en la victoria lograda en el 824 por losnavarros ( ayudados en esta ocasi�n por aragoneses y musulmanes) sobre un ej�rcito francode wascones, que acababa de restablecer la soberan�a carolingia en Pamplona (5). Otraexplicaci�n -relacionable con la anterior- consiste en hacer descender a la familia de I�igo Arista de un refugiado pol�tico vascofranc�s, hip�tesis que ha sido tambi�n defendida por algunos historiadores, pero que no gozaactualmente de cr�dito alguno entre los investigadores (6). Una tercera explicaci�npretende ver el origen del Reino de Pamplona en las luchas de los vascones contravisigodos y francos (7), lo que est� claramente contradicho por el hecho de que lageograf�a del primitivo Reino de Pamplona es distinta de la de los vascones independientes de �pocavisigoda y porque entre las mencionadas guerras y el nacimiento del reino navarro -sea cual sea el a�o de su aparici�n (8)- transcurre m�s de un siglo (9). Finalmente, otrainterpretaci�n generalizada en la historiograf�a nacionalista es la que presenta la formaci�n delReino de Pamplona como el desarrollo natural del pueblo vasco, o -en palabras de B. Estorn�s Lasa, que es el que m�s ha escrito alrespecto- �de las fuerzas internas y vocacionales de la nacionalidad vasca� (10). El car�cterpuramente doctrinario de esta interpretaci�n hace innecesaria la cr�tica. Pero estimoconveniente que el lector conozca la variante democr�tica de semejante tesis (porque puede ser un elemento de juicio de ciertaimportancia para entender el llamado problema vasco ), cuyo ejemplo m�s destacablecorresponde a C. Claver�a (11):

Su gobierno era una rep�blica federativa compuestade valles o comarcas que se gobernaban independientemente seg�n sus costumbres respectivas, determin�ndose sus diferencias por un consejo de ancianos o sabios de la tierra.
En esta situac��n estaban los vascones, cuando comenzaron la guerra contra los sarracenos, pero bienpronto las diferencias surg�das entre ellos les hace comprender la necesidad de un jefe que los d�rija contra el enemigo com�n y que les gob�erne con paz y just�c�a a imitac��n de los godos y de los francos. A este caudillo lodenominan rey.
Antes de su elecci�n, acordaron establecer un pacto entre el pueblo y el cand�dato, basado en que hab�a decomprometerse a reg�rlos con arreglo alas leyes trad�cionales vascas, sus costumbres y l�bertades, procurandomejorarlas y nunca empeorarlas; que no har�a justic�a por s� solo, s�no que deber�a contar con un consejo de
12 anc�anos y sab�os, y que no podr�ahacer la paz o la guerra s�n contar con el m�smo consejo. Hecho esto eligen su primer rey (12).

  Evidentemente el Reino de Pamplona tiene unos or�genes vascos que nadie discute,aunque est�n por estudiar y precisar (13). Pero tambi�n son claros sus or�genes hispanogodos, o, mejor dicho, hispanos, entendiendo porHispania el pa�s que en el siglo VIII ten�a un pasado romano y visigodo y la presenciainmediata del enemigo musulm�n (14).
  El primer y m�s importante elemento que hay que tener en cuenta es que el Reino dePamplona naci� en una ciudad y durante mucho tiempo fue el reino de una ciudad, comoindica, entre otras cosas, su denominaci�n, que no se convirti� en Reino de Navarra hasta 1162 (15). No puede ser casualidad que en un ambiente abrumadoramente rural, como el del mundo vasco de los �ltimos siglos delprimer milenio, el reino pamplon�s naciera en una ciudad, cuyo nombre en euskera, lru�a (ciudad),revela claramente su excepcionalidad, ya que indica que no hab�a en el territorio otra urbe de la que hubiera necesidad de distinguirla. Esdecir, que el Reino de Pamplona naci� en lo distinto: en la ciudad, en lo heredado de Roma, que seguramente ten�a unos or�genesindoeuropeos (16) y fue un obispado del Reino Visigodo. Si, por ejemplo, el �nico Estadovasco de la Historia hubiera surgido en Guip�zcoa, el �nico territorio vasco sin contacto con otros territorios no vascos y por elloaut�ntico coraz�n del pa�s, o en otro territorio vasco resguardado de al-Andalus, no habr�aproblemas para admitir unos or�genes exclusivamente ind�genas. Pero precisamente Guip�zcoa, de la que se carece de cualquier noticia entree1 456 y el 1025, continuaba en los alrededores del a�o 1000 en la Prehistoria, la�ltima de Occidente, y, dividida en varias unidades, era incapaz de articularse pol�ticamente ( 17), lo que muestra a mi entender laincapacidad del llamado saltus vasconum para organizarse en un Estado, empresa por lo dem�sdif�cil. Si a esto a�adimos que el Reino de Pamplona surgi� en la primera l�nea delucha contra al-Andalus, no encontraremos otra causa para explicar su nacimiento que el desarrollopol�tico de la ciudad. Si la aparici�n de los estados hispanocristianos hubiera tenido lugar en el seno de ciudades, el significado de losor�genes urbanos del Reino de Pamplonana estar�a tan claro, porque se podr�a aducir que ese nacimiento urbano es una condici�n para la formaci�n de una monarqu�a. Pero,precisamente, la aparici�n del reino navarro es una excepci�n en la historia de los or�genes de laReconquista. En Asturias, donde la importancia del elemento hispanogodo fue decisivo (18), el reino tuvo un origen rural; y los condados aragoneses carecieron de cualquier ciudadhasta el siglo XI (19).
  M�s significativo a�n es el hecho de que Pamplona fuera una ciudad visigoda situadaen la frontera con los vascones independientes de la �poca de los reinos germ�nicos. El�nico documento pamplon�s proveniente de esta �poca -el De laude Pamp�lone-, pese a sucar�cter de alabanza a la manera del famoso Laus Span�ae de San Isidoro (que parece haberloinspirado ), muestra claramente las preocupaciones defensivas de los habitantes de la capitalnavarra (la mayor parte de la breve composici�n responde a esa angustia) e identifica a los enemigos de la ciudad: los vascones.Despu�s, como cualquier otra ciudad hispanogoda, capitul� ante los musulmanes sin que haya constancia de que hubiera protagonizado alg�n acto de resistencia. Ciertamente Pamplona fue, con gran diferencia, la ciudad hispanocristiana que m�s veces se rebel� contra los musulmanes en el siglo VIII. Dada la sumisi�n de laHispania moz�rabe, esta actitud singular parece revelar la existencia de una alianza de los antiguos adversarios (Pamplona y los vascones) frente a un enemigo com�n, mucho m�s poderoso y peligroso ( algo similar sucedi� a mediados del sigloVIII entre el Reino de Astucias y los habitantes de Vizcaya y �lava). En todocaso, antes o despu�s esa alianza termin� por producirse y tuvo un car�cter decisivo en la larga y compleja gestaci�n del Reino dePamplona. Cabe se�alar tambi�n que en Pamplona -como en otras ciudades del valle del Ebro- apareci� un partido procarolingio a finales del siglo IX, cuya actividad facilit� a principiosdel siglo IX una breve incorporaci�n al Imperio Carolingio (806-816).
   Adem�s, hay que destacar que la monarqu�a no s�lo no fue el Regnum Vasconum (20), sino que nunca emple� lapalabra �vasc�m�, que a partir del a�o 1000 -y hasta hace poco (la extra�a, para lalengua espa�ola, expresi�n Pa�s Vasco es un galicismo introducido en el siglo XIX)-servir� �nicamente para designar a los habitantes del Pa�s Vasco franc�s (21).Y esto debe de ser muy significativo porque Navarra fue la primitiva Vasconia y porque ese gentilicio indoeuropeo no puedeconsiderarse un ex�nimo, ya que consta la existencia de una ceca con el nombre de Bar(s)cunes ( que puede significar�los altos� o �los orgullosos� ), que muy probablemente correspondi� a la primitivaPamplona prerromana (22). Este olvido, que no puede ser una casualidad, parece el resultado de una actitud deliberada por resaltar �nicamente losor�genes hispanogodos (y romanos ), algo que se puede probar desde el mismo momentoen que en la segunda mitad del siglo X aparecen los documentos. Ciertamente, enalgunos textos bajomedievales reaparece el t�rmino �vasco�, pero, como en otros lugares peninsulares, con un sentido ling��stico, de donde surgir� la voz �vascongado�, enprincipio, vascoparlante (y no habitante de las Vascongadas, como sucede desde el siglo XVIII).
   Pero la existencia de unos importantes or�genes hispanogodos del Reino de Pamplona no descansa �nicamente en planteamientoste�ricos. En un contexto de penuria documental, existen varias pruebas que acreditan esos or�genes. Una se encuentra en la antroponimia, apenas conocida en el siglo IX. Cuando entre los moz�rabes de la �poca los nombresgerm�nicos eran minoritarios ( un quinto entre los m�rtires voluntarios cordobeses de mediados del siglo IX), tiene que ser significativo que, tras la invasi�n musulmana, los dos primerosobispos conocidos de Pamplona tengan nombre godo: Opilano y Wiliesindo,contempor�neos de I�igo Arista (824-852) y, por consiguiente, de los or�genes del proceso deconstituci�n del Reino de Pamplona (23). y �ste no es un dato aislado: gracias a San Eulogio,conocemos a mediados del siglo IX una serie de nombres de abades pertenecientes todos ellos, probablemente, a la di�cesis dePamplona: Fort�n de Leire, Atilio de Cillas, Odoario de Siresa, Jimeno de Igal yDadilano de Urdaspal (24). Los nombres germ�nicos tambi�n se encuentran entre los laicos, como seaprecia en las dos familias principales de Navarra: Galindo, uno de los antrop�nimos m�sfrecuentes en el �mbito navarro-aragon�s en el siglo X, fue el nombre del segundo hijo deI�igo Arista, y Toda, m�s frecuente a�n, el de la madre y la esposa de Sancho Garc�s I (905- 925), probablemente el primero en tomar elt�tulo de rey (25). La antroponimia germ�nica conocida en Navarra antes del a�o1000 es suficiente para acreditar la presencia de individuos pertenecientes a la minor�a visigoda, que por su importante relevancia no pueden serconsiderados como meros refugiados. Este fen�meno cobra mayor significaci�n si se tiene encuenta que al hablar de or�genes hispanogodos del Reino de Pamplona hablamos, ante todo, de or�genes hispanos o romanos. 
   Otra prueba relevante se encuentra en la vigencia del L�ber Iud�c�orum visigodo en el Reino de Pamplona, ya que, como ha se�alado J. J.Larrea, �todo lo que sabemos sobre el Derecho privado, sobre las instancias judiciales y sobre el procedimiento en nuestra regi�n debe serrelacionado con la tradici�n romano-visigoda� (26). Y esto es imposible que haya sidoimpuesto por una monarqu�a joven y con escasos medios. Es m�s: dada la falta deejemplares del L�ber y de formaci�n jur�dica, el mismo autor ha podido escribir que �en Navarra, la ley escrita parece haberse convertido en costumbre� (27), fen�meno que s�lo es posible tras unaimportante implantaci�n anterior.
  Otros indicios que apuntan en la misma direcci�n son: la propia organizaci�n social,en la que no se han detectado elementos importantes que la singularicen (28); la vigencia de la liturgia de la Iglesia visigoda hasta el siglo XI, cuando al Norte de los Pirineos hab�a sidosustituida por el rito romano; la utilizaci�n de la cursiva visig�tica que, como en Arag�n y elreino astur-leon�s, es la escritura m�s antigua detectada en Navarra, lo que cobra a�n m�svalor si se tiene en cuenta la introducci�n de la min�scula carolina en el Imperio Carolingio; la utilizaci�n de la Era hisp�nica hasta el sigloXIV; y la aparici�n de una lengua romance muy parecida al castellano (29) en un reino por cuyo territorio San Eulogio pudo viajar sinproblemas de entendimiento a mediados del siglo IX. Una lengua que, por cierto, tiene su acta de nacimiento en las famosas glosas de SanMill�n de la Cogolla -que formaba parte entonces del Reino de Pamplona- y en las que,significativamente, se encuentran tambi�n las primeras (y breves) frases en euskera (30). Pues bien, esta lengua se convirti� en idioma oficial en Navarra medio siglo antes que en Castilla y dio lugar a la primera cr�nica peninsular escrita en romance ( Cron�c�n Villarense) (31).
  Por todo ello, no es de extra�ar que en el Reino de Pamplona surgiera tambi�n elneogoticismo, lo que es asimismo una prueba de sus or�genes hispanogodos (32). Este fen�meno es claramente perceptible en la segunda mitad del siglo X, cuando empieza a haberdocumentaci�n, y tiene su mejor exponente en una serie de c�dices encargados por el rey Sancho Garc�s II Abarca (970-994), que constituyen lo que �ngel J.Mart�n Duque ha denominado, con acierto, �primera memoria historiogr�fica aut�ctona� (33). En estas obras elaboradas enmonasterios de la monarqu�a pamplonesa, �un equipo de monjes y cl�rigos reuni� y compendi�ordenadamente todos los subsidios textuales necesarios para intentar fijar en la memoriacolectiva los horizontes universales, los antecedentes geohist�ricos y las premisas directas de la reciente comunidad pol�tica, que nohab�a surgido por una especie de generaci�n espont�nea� (34). Pues bien, �esta labor bienmeditada y cuidadosa� constituye una reivindicaci�n del legado hispanogodo.
  El primero de esos libros es el llamado C�dice Vigilano o Albeldense, realizado entre el 974 y el 976 en elMonasterio de San Mart�n deAlbelda, fundado por Sancho Garc�s I. �Sus 429 folios comprenden principalmente dosextensas piezas de car�cter normativo, magno mensaje de unas tradiciones de convivenciahasta entonces soterradas en tierras pamplonesas, pero nunca desmentidas� (35): laColecci�n Cr�nica Hispana, esto es, el legado normativo de la Iglesia hispanovisigoda, y el Liber Iudiciorum, �es decir, las pautas de convivencia religiosa y civil de la fenecida sociedadhispanogoda que sin duda hab�an seguido vivas en tierras pamplonesas� (36). En este sentido, hay que resaltar la famosa miniatura del folio 428, modelo del estilo moz�rabe, que remata la copia del Liber Iudiciorum y corona el c�dice, porque constituye la primera imagen de una monarqu�a hispana. En el centro de lacomposici�n aparece el rey Sancho Garc�s II flanqueado por la reina Urraca y su hermanoRamiro y bajo las representaciones de Chindasvinto, Recesvinto y Egica, es decir,�dos tres reyes a los que se atribuyen pr�cticamente todas las leyes del c�digo visig�tico, excluidaslas rese�adas como antiquae, que, como tales, no circulan bajo el nombre de ning�n rey� (37). Este folio miniado constituye un colof�n que compendia gr�ficamente la reivindicaci�n de los or�genes hispanogodos de la monarqu�a pamplonesa, que est� presente en todo elc�dice. El libro se completa con otras obras del legado cultural hispanogodo generalmente y unas piezas historiogr�ficas que componen un conjunto con un claro significado. Entreestas �ltimas hay que destacar dos peque�as composiciones originales, que son las m�s antiguas narraciones sobre el Reino de Pamplona: lallamada Additio de regibuspampilonensium, que da breve cuenta de los reinados de Sancho Garc�s I (905-925), Garc�a S�nchez I (925-970) ySancho Garc�s II (970-994), y una Nomina Pampilonensium regum, que se limita a los tresmonarcas citados a los que un glosista contempor�neo a�adi� al margen que desconoc�a la existencia de otros anteriores (prueba de que el reino se fund� con SanchoGarc�s I). Pues bien, ese vac�o est� colmado por la Cr�nicaAlbeldense, llamada as� por figurar en este c�dice, es decir, un ep�tome de la historia romana y del Reino Visigodo y una cr�nica del Reino deAsturias, de la que la Additio de regibus pampilonensium es, como ha se�alado A. J. Mart�n Duque, �un ap�ndice necesario� (38). Con ello no s�lo se asume como propio el pasado romano y visigodo, sino incluso la historia del Reino de Asturias, que aparece como el necesarioeslab�n para vincular a los reyes navarros con los monarcas godos (39).
   El segundo libro es el C�dice Emilianense elaborado en San Mill�n de la Cogolla por elobispo Sisebuto de Pamplona, otro individuo del mismo nombre y Velasco, que lo terminaron enel 992. B�sicamente, esta obra es una copia del C�dice Albeldense ( como lo prueba el quepresente una miniatura an�loga a la del folio 428 del citado c�digo ), lo que demuestra que la recopilaci�n del C�dice deVigilano respond�a a las necesidades del momento ( 40).
   Pero el manuscrito m�s interesante es el C�dice de Roda, compuesto en N�jera hacia el990  bajo la probable inspiraci�n del ya citado obispo de Pamplona Sisebuto. Este c�dice parte de la historia de Orosio, que ocupa las trescuartas partes del conjunto, contin�a con la historia de los godos de San Isidoro, a la quesiguen la Cr�nica Albeldense y la Cr�n�ca de Alfonso III ( 4 I ), y concluye con una serie de textosnavarros que, en opini�n de A. Mart�n Duque, son �el punto nuclear del argumento, laglorificaci�n de Pamplona y de su reciente casta de soberanos� ( 42). Entre estos �ltimossobresalen las famosas Genealog�as de Roda (fuente fundamental para la historia del Pirineo en esta �poca ), pero lo m�s destacable para el asunto que nos interesa ahora es la inclusi�n delvisig�tico De laude Pampilone y de la Ep�stula de Honor�o, cuyo significado ha sido interpretadocon acierto por K. Larra�aga: �En las Genealog�as de Roda, lejos de vindicar viejos ancestrosvascones, se silencia -cabr�a decir que intencionadamente- cualquier referencia a �stos en relaci�n con el Reino de Pamplona, y seincluyen, por otro lado, textos en la colecci�n -como la epistula del emperador Honorio a los soldados de Pamplona, y una laus Pamp�lone presumiblemente visig�tica- que se dir�anbuscados ex professo de entre la masa documental referida a la ciudad para poner de relieve lost�tulos de gloria de su pasado romano-cristiano y borrar de paso el recuerdo de la turbulencia vascona� (43).
  Todo esto no son s�lo interpretaciones m�s o menos razonadas de investigadores denuestra �poca. Un contempor�neo de Sancho III, el poeta Abu Umar ibn Darray (958-1030), dej� un testimonio claro de la deliberadavinculaci�n de los reyes navarros con Roma. Se trata de unos versos en los que increp� a Sancho Garc�s II con motivo de su humillantecomparecencia en el palacio de Almanzor (992) de la siguiente manera:

   Hijo de los reyes de la herej�a en la cumbre de la grandeza y heredero de larealeza romana de sus antepasados se hab�a situado en el centro mismo de los or�genes de los C�sares y hab�a pertenecido a los m�s nobles reyes por parentesco pr�ximo (44 ).

  Finalmente, cabe a�adir una consideraci�n m�s. La p�rdida de una frontera con al-Andalus -consecuencia de la ruptura de la noblezanavarra con el Reino de Arag�n tras la crisis motivada por el singular testamento de Alfonso I el Batallador (1134 )- impidi� que el reinopamplon�s progresara hacia el Sur, como el resto de los Estados hispanocristianos. Es muyprobable que este hecho preservara la capitalidad de Pamplona y el car�cter navarro del reino ( que poco despu�s se va a llamar de Navarra ), pues antes de la uni�n con Arag�n (1076-1134) hubo una tendencia muy fuerte a fijar laresidencia real en N�jera. Debe tenerse en cuenta que en el Reino de Asturias el traslado de su capital a Le�n con Garc�a I (910-914) diolugar al Reino de Le�n, lo que prueba que la monarqu�a asturiana no fue el reino de los astures.
  En realidad, las pruebas del legado hispanogodo del Reino de Pamplona aumentanconforme crece la documentaci�n y nos alejamos del Reino Visigodo. Hasta tal punto es as� que A. Mart�n Duque y J. Carrasco P�rez han podido concluir�la hispanidad radical, sustantiva e indeclinable desde sus lejanos proleg�menos antiguos hasta sus �ltimosdestinos modernos� ( 45). Este juicio no es una simple interpretaci�n m�s o menos discutible. Juan Jos� Larrea, mediante una extraordinaria tesis doctoral, ha demostrado recientemente que hasta el siglo XII a Navarra �nada esencialdistingu�a de otros reinos y condados de la Espa�a cristiana� ( 46), pues la primitivamonarqu�a pamplonesa, �una monarqu�a isidoriana�, tiene una clara filiaci�n hispanovisigoda que no se reduce a la organizaci�n pol�tica ( 47).

 

            Un monarca hispano


   Sancho III fue hijo del rey Garc�a S�nchez II el Tembl�n (994-1000), el monarca peorconocido de la Espa�a del siglo X. Su madre, Jimena, era hija del conde leon�s FernandoBerm�dez y de su esposa Elvira. Es decir: Sancho III era s�lo medio vasco. Es m�s: lasangre castellana abundaba en la ascendencia paterna de Sancho III el Mayor, pues era biznieto de Fern�n Gonz�lez (933-970) y nieto de la infanta castellana Urraca ( es decir, tres de sus cuatro abuelos no eran vascos ). Esto era as�porque la dinast�a Jimena, que reinaba en Pamplona desde el 905, hab�a seguido unapol�tica matrimonial de enlaces con sus vecinos, particularmente los reyes de Le�n y los condes de Castilla ( que maniobraban entonces hacia la independencia y encontraron en losenlaces con la familia real navarra un poderoso medio en ese sentido ).
  Pero m�s relevante que los or�genes biol�gicos de Sancho III (48) es el hecho de que su madre do�a Jimena y su abuela Urracadirigieron la pol�tica del reino durante su minor�a de edad, pues aqu�l s�lo deb�a decontar con 8 a�os cuando muri� su padre. Entre el 1000 y el 1004 su t�omaterno Sancho Ram�rez (primo carnal de Garc�a S�nchez II) parece que se hizo cargo de la monarqu�a con el t�tulo de rey ( que en Navarra se dabatambi�n entonces a ciertos miembros de la familia real), en lo que fue m�s un interregno que una regencia ( 49). La prematura muerte de este oscuro personaje (que habr�a nacido hacia el 970) signific� la entronizaci�n de Sancho III con tan s�lo 12 a�os ante los problemas que supon�a la b�squeda de un nuevo regente. Pero el gobierno efectivo correspondi� a su madre y abuela. que �le introdujeron seguramente en los intereses y complicaciones de la pol�tica de Le�n y Castilla� (50).
   Consecuencia de esta tutela y de esta pol�tica fue el matrimonio de Sancho III conMunia o Muniadonna, hija del conde de Castilla Sancho Garc�a (51 ). Seguramente esta boda fue el hecho m�s decisivo de su vida pues, comoveremos, condicion� todo su reinado y la herencia que dej�: ni m�s ni menos que todas las familias reinantes en la Espa�a cristianatengan su origen en Sancho III. Consta que Sancho III estaba casado ya en el 1011y es muy probable que la celebraci�n del matrimonio marcase el fin de la tutela de su madre y de su abuela. Pero la importante influencia de su madre se puede acreditar hasta casi el final del reinado. Desde luego, en ning�n caso se puede considerar que el matrimonio citado le fuera impuesto a Sancho III, pues elmonarca navarro sigui� la misma pol�tica con sus hijos.
  Para completar las vinculaciones castellanas de Sancho III, cabe destacar que el monarca navarro fue prohijado por algunas viudascastellanas, como do�a Goto y do�a Oneca ( de probable ascendencia pamplonesa ), que lehicieron donaci�n a t�tulo privado de sus cuantiosos patrimonios ( 1028 y 1031). Esta pr�ctica -que hoy parece extra�a, pero entonces no era rara- sirvi� para acrecentar el poder deSancho III en el condado de Castilla.
  Si en la ascendencia domina abrumadoramente la sangre no navarra, su descendencia controlar� todos los tronos de la Espa�acristiana. Efectivamente, su obra sent� las bases para que durante un siglo todos los reyeshispanocristinos descendieran de Sancho III por l�nea paterna ( es lo que se ha llamadodinast�a navarra ), y despu�s y hasta nuestros d�as tambi�n, aunque no de esa forma.
  Por otra parte, hay que se�alar la predilecci�n de Sancho III por N�jera, que se convirti� en su residencia principal y a�adi� por primera vez a la titulaci�n de los reyes de Pamplona (52). Esta predilecci�n alcanz� su apogeo con su hijo Garc�a S�nchezIII, que, como es sabido, ha pasado a la Historia como el de N�jera.
  
Por �ltimo, no es ocioso recordar que Sancho III fue enterrado en el Monasterioburgal�s de O�a, donde hab�an sido sepultados los �ltimos condes castellanos.

           

              Una pol�tica expansivae hispana


 
Sancho III -con distintos t�tulos,poderes y derechos- lleg� a controlar el territorio de la Espa�a cristianacomprendido entre Astorga y Catalu�a. Con ello el reino navarro alcanz� la mayor extensi�n de su historia. Pese a este hecho, no escierta la idea, repetida tantas veces, de que Sancho III domin� todo el Pa�s Vasco, objetivo que ni siquiera entr� en una pol�ticaexpansiva movida por las circunstancias.
  As�, no aprovech� el indudable potencial de su reino para reconquistar el territorio delos antiguos vascones de �poca romana ( que se extend�a m�s all� de la actual Navarra por el Este y el Sur), lo que prueba la inexistencia decualquier tipo de irredentismo vasc�n. Y eso que el reinado de Sancho III el Mayor coincide con la crisis definitiva del Califato de C�rdoba: uno de los m�s tr�gicos cuartos de siglo de toda la Historia. Desde el pin�culo de su riqueza, de su poder y de su esplendor cultural,al-Andalus se desplom� en el abismo de una sangrienta guerra civil (53). La crisis comenz� con el asesinato en el a�o 1009 del dictador amir� Ab- derram�n Sanchuelo, llamado as� por ser hijo de una navarra (y nieto, como su primoSancho III, de Sancho Garc�s II), que gobernaba en nombre de Hisham II, cuya madre-Subh-era tambi�n navarra y tuvo un papel decisivo en el encumbramiento de Almanzor ( del que pudo ser amante) ( 54 ). Mientras castellanos y catalanes aprovecharon inmediatamente lacrisis y entraron en C�rdoba apoyando a una facci�n en los a�os 1009 y 1010respectivamente, Sancho III prefiri� obtener mediante amenazas la entrega de una serie de fortalezasfronterizas, como hab�an logrado los condes Sancho Garc�a, Ram�n Borrell y Ermengol con su intervencionismo en lasluchas internas de al-Andalus. Despu�s tambi�n combati� en ocasiones contra los musulmanes, pero elbalance de lo conseguido durante todo su reinado (una estrecha franja de terreno en Navarra y, sobre todo, en Arag�n, que inclu�aterritorios perdidos en la �poca de Almanzor, como Uncastillo) es muy pobre, sobre todo, si se compara con lo logrado en la expansi�nhacia el Este y el Oeste, es decir, por tierras cristianas. Ciertamente, pese a la crisis delCalifato, el enemigo en la frontera navarroaragonesa, la taifa de Zaragoza, era muypoderoso y ten�a uno de sus n�cleos principales en Tudela, ciudad fundada por losmusulmanes y que no ser�a reconquistada hasta 1119, es decir, 34 a�os despu�s que Toledo.Pero tambi�n cabe se�alar que si Sancho III -el monarca m�s poderoso entonces de la pen�nsula Ib�rica- hubiera lanzado todo su potencialmilitar contra el Sur de la actual navarra es muy posible que hubiese podido adelantar en unsiglo la conquista de Tudela. En todo caso, lo que es evidente es que tuvo objetivos queconsider� m�s importantes ( 55).
  Por el Norte, la frontera del reino pamplon�s est� clara, los Pirineos ( caso de haberse extendido la autoridad de los reyes navarros hasta el Bazt�n, lo que es lo m�s probable, pero que no se puede acreditar hasta el 1066 ), y no se modific�. No es cierto, pese a todas las veces que se hadicho, que Sancho III lograra el dominio de Gascu�a (la �nica Vasconia de entonces, es decir, el territorio entre losPirineos y el Garona, en el que la poblaci�n que podemos considerar vasca por su lengua s�lo era una minor�a ). El rey navarro �nicamente pretendi� suceder en 1032 al duque deGascu�a Sancho Guillermo, muerto sin descendencia, lo que bast� para que enalgunos documentos se le cite reinando en Gascu�a. Pero la verdad es que la herencia recay� en Eudes,sobrino de Sancho Guillermo e hijo de Guillermo V el Grande de Aquitania, lo que permiti� a la muerte de �ste (1038) la uni�n deambos territorios del Reino Franco. Tampoco es cierto que Sancho Guillermo fuera vasallo de SanchoIII ( te�ricamente deb�a deserlo del rey de Francia) porque aqu�l figure como testigo en algunos documentos del rey pamplon�s. Tambi�n lo hizo el conde de Barcelona entre el a�o 1025 y 1030 y tampoco es cierto, como se ha llegado a defender, que el condado catal�n ( que segu�a formando parte jur�dicamente del Reino Franco) entrara en dependencia del rey de Pamplona. Estos hechos formanparte de unas pr�cticas corrientes en la �poca. El mismo Sancho III acudi� a las festividades celebradas en Saint-Jean d'Angely conmotivo del milagroso descubrimiento de la cabeza de San Juan Bautista ( en lo que fue el primerviaje de un monarca hispano al extranjero) y coincidi� con el rey franc�s Roberto el Piadoso, y otros personajes importantes de Francia,Espa�a e Italia. A este monarca, seg�n Ra�l Glaber, Sancho III envi� frecuentes regalos eincluso pidi� ayuda, y a nadie -que yo sepa- se le ha ocurrido considerarle por eso su vasallo. Tampoco se ha realizado semejanteinterpretaci�n con respecto a Guillermo V de Aquitania -m�s poderoso entonces que el rey de Francia-, pese a que, seg�n AdemarChabannes, �cada a�o el duque de Aquitania recib�a a los enviados del rey de Navarra, portadores de preciosos presentes�. Finalmente,tampoco es cierto que Sancho III organizara el vizcondado de Labourd ( que supuestamente lehabr�a cedido Sancho Guillermo ), como han escrito incluso profesores universitarios. No, hay que esperar a finales del siglo XII,cuando el reino navarro estaba a punto de quedar confinado a Navarra, para datar el comienzo, por v�a de hecho, de un dominio norpirenaico: el territorio que se conocer�a en la EdadModerna en la Baja Navarra (56).
  Lo que s� puede afirmarse es que Sancho III extendi� su autoridad a las Vascongadas. Para �lava ( cuyo nombre inclu�a seguramenteentonces a Vizcaya, cuyo cor�nimo no aparece en todo el reinado) consta su dominio apartir del 1024; para Guip�zcoa, desde el 1025. Pero �stos son �nicamente dos cap�tulos de la expansi�n del reino pamplon�s bajo Sancho III.Y dos cap�tulos muy diferentes. En realidad, de Guip�zcoa nada sabemos hasta el a�o 1025, cuando una donaci�n, que menciona porprimera vez su nombre ( que entonces s�lo abarcaba a la parte central de la provincia),permite saber que se encontraba bajo la jurisdicci�n del se�or aragon�s Garc�a Acen�riz, s�bdito de Sancho III y casado con do�a Galga deGuip�zcoa. No sabemos si la integraci�n de este territorio, que hab�a permanecido independiente desde la �poca visigoda, se produjo durante el reinado de Sancho III (lo que me parece lo m�s probable) o un poco antes del a�o 1000. En todo caso, el proceso debi� de ser pac�fico, quiz� propiciado por el matrimonio citado, cuyo car�cter de pacto o alianza parece claro a la vista de las dificultades de un matrimonioentre un noble aragon�s y una guipuzcoana muy importante en otras circunstancias.
  El caso de �lava, muy complejo, es mucho mejor conocido. Pero forma parte de lahistoria de los dominios que correspondieron a Sancho III en virtud de las herencias de su esposa.  
  La incorporaci�n del condado epicarolingio de Ribagorza forma parte de esa historia. Este condado -formado por los valles pirenaicos m�s orientales de Arag�n ( que entonces s�lo abarcaba los m�s occidentales)- conoci� una grave crisis a principios del siglo XI. Elconde Isarno muri� en 1003 luchando contra los musulmanes. El condado recay� entonces en su hermana Toda, que no pudo evitar la ocupaci�n musulmana de Roda y la parte meridional de Ribagorza (1006). Por eso probablemente se cas� con su t�o el conde de Pallars Su�er,viudo y con hijos, que aspiraba a la reunificaci�n de Pallars y Ribagorza, que ene1 872 se hab�an separado del condado de Tolosa, del que hab�an formado parte desde el principio (comienzos del siglo IX). Pero Su�er muri� pronto y Toda recurri� a su sobrino Guillermo, hijo natural de Isarno y que estaba en la Cortecastellana al amparo de su t�a la condesa Ava, viuda del conde Garci Fern�ndez (970-995) y hermana de Toda. Con la ayuda de tropascastellanas, Guillermo se hizo con el control del condado luchando contra los musulmanesy probablemente contra Pallars. Pero muri� combatiendo en 1110 � 1111. Entonces elcondado pas� a do�a Mayor, hija de Ava y hermana del conde castellano Sancho Garc�a (995-1017). Sin embargo, Ram�nIII de Pallars, con el que hab�a estado casada hasta que la repudi�, aprovech� la ocasi�n para apoderarse deRibagorza hasta el punto de que do�a Mayor tuvo que refugiarse en los confines occidentales del condado. Esta coyuntura fue aprovechada por Sancho III para intervenir en favor de su pariente, pues el condado pod�a recaer en suesposa como nieta de Ava. Antes de mayo del a�o 1017 recuper� Buil en Sobrarbe (57) y despu�s la parte Sur de Ribagorza,recientemente ocupada por los musulmanes. A partir de ah� (1018) vio reconocida suautoridad tambi�n en el condado ribagorzano, donde comenz� a sustituirse en las calendaciones de los documentos el nombre del rey deFrancia por el de Sancho III, lo que debe tener su justificaci�n en el derecho de conquista. Este poder f�ctico qued� regularizado en 1025, cuando do�a Mayor renunci� a sus derechos en favor de su sobrina del mismo nombre, esposa de Sancho III, y se retir� a Castilla,donde termin� su vida como abadesa de San Miguel de Pedroso.
   Pese a su condici�n de condado, dependiente jur�dicamente del Reino de Le�n, Castilla era un Estado poderoso (hab�a sido el que mejor hab�a aguantado las ofensivas de Almanzor ) y m�s extenso que la monarqu�aPamplonesa, pues inclu�a tambi�n Cantabria, Alava, Vizcaya y la Guip�zcoa situada al Occidente del Deva. Pero la muerte en el a�o 1017 delconde Sancho Garc�a, suegro y pariente de Sancho III (y que ten�a, por cierto, m�s sangrevasca que �ste ), dejaba el condado en manos de un heredero de tan s�lo 7 a�os y 2 meses, el infante Garc�a S�nchez, lo que supuso el inicio de una grave crisis, cuyas principalesmanifestaciones fueron la amenaza leonesa de hacer efectiva su soberan�a (58) y la anarqu�a interiorgenerada por un sector importante de la nobleza. Esta situaci�n facilit� y propici� laintervenci�n de Sancho III el Mayor que se convirti� en el protector del conde ni�o, hermano de su mujer Muniadonna, y que cont� con laaprobaci�n de un sector creciente de la poblaci�n. Esto permiti� que el rey navarro ejerciera un dominio defacto en los territorios del infante Garc�a, lo que fue suficiente para que a partir de 1024 en las calendaciones delos documentos se pudiera mencionar, entre los territorios sujetos a su soberan�a, �lava o Castilla, seg�n los criterios de los escribanos. Lasituaci�n se mantuvo hasta el tr�gico asesinato del conde Garc�a cuando iba a casarse en Le�n con la hermana de Bermudo III el martes 13 de mayo del a�o 1029 (59). La desaparici�n del infante permiti� consolidar el dominio de Sancho III elMayor, que el matrimonio de Garc�a S�nchez con la hermana del rey de Le�n habr�a puesto probablemente en crisis (60), y comenzar el proceso de integraci�n de derecho de �lava en el Reino de Pamplona, ya que laherencia del condado castellano correspond�a a la mujer del rey navarro, Muniadonna,hermana mayor del conde asesinado. Oficialmente, la dignidad condal recay� en Fernando, segundo hijo de Sancho III y Muniadonna, que ten�a unos 17 a�os, pero el dominio real loejerci� el padre, que de esta manera evitaba quedar bajo la dependencia te�rica del rey deLe�n, Bermudo III (1028-1037), que a�n conservaba la soberan�a (61). Es importante subrayar la complejidad jur�dica de la situaci�n, puessobre los mismos dominios castellanoalaveses ten�an derechos cuatro personas que, adem�s,estaban emparentadas: la reina Muniadonna ( que sobrevivir� a todos ), el rey Sancho III, el conde Fernando I y el rey y emperador Bermudo III, que s�lo ten�a12 a�os. Esta complejidad -que no gener� problema alguno por la superioridad de SanchoIII (62) y la aceptaci�n de la poblaci�n (63)- fue la que propici� laintegraci�n del territorio llamado �lava ( que inclu�a Vizcaya) ( 64) en el Reino de Pamplona,aunque los historiadores no se pongan de acuerdo en el momento exacto. Tres son lasprincipales propuestas:
  - El mismo a�o 1029, en el que el rey Sancho III habr�a procedido a separar las tierras de las Vascongadas ( sin las Encartaciones ni elborde occidental de �lava, que formaban parte del condado de Castilla propiamente dicho) de los antiguos dominios del conde Garc�a S�nchez,para compensar as� a su primog�nito, tambi�n llamado Garc�a S�nchez (lo que no es una mera casualidad), con una parte de laherencia que le hab�a de corresponder de su madre, Muniadonna ( que podr�a haberse completado con la llamada entonces Castilla Vieja,primitivo n�cleo del condado castellano ). En todo caso, independientemente de la fecha, �sta parece ser una raz�n fundamental de laintegraci�n del territorio entonces denominado Alava en el Reino de Pamplona, que hered� Garc�a S�nchez III (1035-1054) (65).
  - La muerte de Sancho III el Mayor en 1035, que habr�a obligado a aclarar la situaci�n enlos distintos territorios en los que hab�a gobernado el rey pamplon�s con distintos t�tulos y derechos. El reparto entre sus hijos, que ya se hab�a hecho en vida del monarca, obligaba a ello y por tanto �sta pudo ser la ocasi�n en que los territorios que se conoc�an como �lavaquedaran integrados en el Reino de Pamplona, si no lo hab�an estado antes (66).
   - El a�o 1037, como compensaci�n por la decisiva ayuda prestada por Garc�a III el de N�jera a su hermano Fernando I, que lehabr�a permitido, primero, derrotar a Bermudo III en Tamar�n y despu�s, por la muerte del reyleon�s en la batalla y su previo matrimonio con la hermana del fallecido, coronarse rey de Le�n. Tradicionalmente se ha supuesto que el reynavarro fue recompensado con una ampliaci�n de sus fronteras, que por la costa las habr�allevado algo m�s all� de Santander, aunque generalmente se ha considerado que lamodificaci�n s�lo afect� a la llamada Castella vetula, que inclu�a las Encartaciones y la zona m�soccidental de �lava, pues el resto de las Vascongadas ya formar�an parte de los dominios de Garc�a III ( 67). Lo que s� pudo sucederentonces es la plena integraci�n de derecho de �lava en el Reino de Pamplona por la real desaparici�n de la monarqu�a leonesa.
   Sea como fuere, la complejidad de este problema muestra el nulo valor de los simples planteamientos con los que se ha defendido una integraci�n anterior al reinado deSancho III de �lava en el Reino de Pamplona ( 68). En todo caso, conviene tener presente que entre los pr�ncipes hispanocristianos no se daban casos de meras usurpaciones oconquistas ( que se dejaban para las tierras ocupadas por los musulmanes ), sino que se alegan derechos, como los que arguy� Sancho III en los casos de Ribagorza y Castilla (69).
  Una de las causas que permitieron a Sancho III ejercer unos poderes f�cticos en elcondado de Castilla fue la nueva crisis del Reino de Le�n ( que terminar� con el final de sudinast�a reinante en 1037), provocada por la minoridad de Bermudo III (1028-103.7). Undocumento leon�s de la �poca dice que a la muerte de Alfonso V �se levantaron en un reino hombres perversos, ignorantes de la verdad, que robaron y enajenaron los bienes de laIglesia, y los fieles del reino quedaron reducidos a la nada, por lo que unos a otros se mataban con la espada� (70). Estasituaci�n propici� la intervenci�n en el Reino de Le�n de Sancho III, cuya hermana era lamadrastra de Bermudo III, sobre la que recay� la direcci�n de la monarqu�a. Esto permiti� extender el poder de Sancho III el Mayor hasta Astorga, mientras Bermudo III y su madrastra se encar-
gaban de mantener el orden en la parte occidental del reino. Muy poco se conoce de laactuaci�n de Sancho III en el reino leon�s, que consumi� los �ltimos a�os de su reinado, lo que ha permitido interpretacionescontrapuestas. Lo �nico que se sabe con certeza es que el monarca navarro restaur� la sedeepiscopal de Palencia, que unificaba las disputadas tierras entre el Cea y el Pisuerga y contribu�a a mejorar las relaciones entre Le�n y Castilla (71). Tambi�n se conoce que se reforzaron los v�nculos familiares entre las dinast�as leonesa y pamplonesa, ya emparentadas desde antiguo, con el matrimonio de Fernando I y Sancha, hermana (y heredera entonces) de Bermudo III (lo que regularizaba el poder alcanzado por �ste y por su padre en el condado deCastilla ), y la boda del rey leon�s con Jimena, la �nica hija de Sancho III, lo que parece indicar que las relaciones entre suegro y yerno eran buenas. En todo caso, el poder alcanzado porSancho III en la parte occidental del Reino de Le�n ( que pudo haber tenido alg�nreconocimiento por parte de la Corte de Bermudo III, pero no, desde luego, elvasallaje que se ha negado a postular en ocasiones) fue suficiente para que en las calendaciones de losdocumentos de la �poca se le presentara re�nando en Le�n. Sin embargo, la prematura ( aunque no para el siglo XI) muerte deSancho III a su regreso de Le�n (probablemente el 18 de octubre de 1035) termin� con ese dominio ( que losdocumentos le reconocen hasta el final) (72) y supuso la divisi�n de los restantes territoriosentre sus hijos, a los que ya hab�a dotado en vida: Pamplona fue para Garc�a ( el �nico quedispuso del t�tulo real desde el principio, con lo que eso supon�a: la probable supeditaci�n de sushermanos ); Castilla, para Fernando I ( que deb�a reconocer la autoridad te�rica de su cu�adoBermudo III y, quiz�s, la de su hermano mayor ) (73); Arag�n (que segu�a siendo un condado del Reino de Pamplona ), para Ramiro; ySobrarbe y Ribagorza, para Gonzalo ( del que apenas sabemos algo ). R�pidamente Pamplonaver�a desaparecer la supremac�a sobre los estados hispanocristianos, que �nicamente disfrut� con el reinado deSancho III.

 

           � Un monarcaeuropeizador ?


  
La europeizaci�n es uno de los argumentos principales de la historia del siglo XIde la Espa�a cristiana, que hasta entonces hab�a estado fascinada por su pasado visigodo y el esplendor de al-Andalus y apenas hab�atenido contactos con el resto de la Cristiandad ( salvo los condados catalanes ). Entre otrosautores, A. Ubieto, gran conocedor de la documentaci�n de la �poca, ha considerado aSancho III como el iniciador de este proceso (74).
  Sancho III inici� unas relaciones importantes con la Iglesia europea, incluida la deCatalu�a, con la que mantuvo contacto a trav�s del famoso abad Oliba. Destacan las relaciones con Odil�n, c�lebre abad de Cluny(monasterio que encabezaba el proceso de reforma de la Iglesia entonces), hasta el punto de que �Sancho fue el que inici� la protecci�necon�mica de la Abad�a de Cluny, que hab�an de continuar sus descendientes� (75). Su hijoGarc�a se encontraba en Roma cuando muri� Sancho III, se�al de que se manten�an relaciones con el Papado, que atravesaba entonces una de las peores �pocas de su historia. A partir de1025 el rey navarro introdujo en el Reino de Pamplona la regla benedictina, imperante en la Europa carolingia, que conoci� al ocuparRibagorza. Tambi�n habr�a fomentado las peregrinaciones a Santiago de Compostela, que constituy� uno de los elementosfundamentales del proceso de europeizaci�n, pues la Histor�a Silense se�ala que �puso en mejorcirculaci�n el camino de Santiago, puesto que [ antes ] los peregrinos ten�an que rodear por �lava por miedo a los �rabes�.
  Hemos visto c�mo Sancho III fue el primer monarca hispano en viajar al extranjero y entrevistarse con un rey for�neo; tambi�nmantuvo importantes relaciones con se�ores norpirenaicos. Se le ha atribuido la introducci�n en Espa�a de la f�rmula de �rey por la gracia de Dios�, consecuencia de la teor�a paulina del origen divino del poder ( anticipada ya en la Biblia) (76) y llamada a tener una grantrascendencia. Desde luego, fue empleada por Sancho III, pero lo que no es cierto, pese a que sesigue repitiendo de vez en cuando, es que introdujera los usos feudales en Espa�a y una concepci�n patrimonial del Estado -que noten�a- en Castilla.   
  Ciertamente Sancho III fue un monarca europeo, pero, dado lo poco que sabemos con seguridad, resulta arriesgado considerarlo un rey europeizador o el iniciador de un proceso que s�lo se puede acreditar bien en lasegunda mitad del siglo XI. Que, sin embargo, sea un t�pico atribuirle tal m�rito es posiblemente consecuencia de un error de perspectivapropiciado por el recuerdo de un gran reinado, que no hab�a dejado fuentes cron�sticas: � Todos los reinos mirar�n como una �poca gloriosa ya�orada la de los breves a�os en que Sancho alcanz� la supremac�a pol�tica de la Espa�a cristiana. Si antes los cristianos pagabantributo al Islam, sus hijos ser�n los que perciban parias de los reinos de taifas, y este cambio de coyuntura lo atribuir�n -como una falsa perspectiva- a la pol�tica de Sanchoel Mayor. Cuando a fines del siglo XI se introduce en todos los reinos de la Pen�nsula el rito romano, y los monasterios empiezan a sujetarse a la autoridad de Cluny, se recordar� que yaSancho el Mayor hab�a dado los primeros pasos en ese sentido, y aun se le atribuir�n empresas que tan s�lo apunt�, pero que no complet�. Cuando en el �ltimo tercio del siglo XI seintensifique la llegada de peregrinos a Santiago de todas las fronteras de la Cristiandad, los reyes de Espa�a, sus nietos, recordar�n que fue su abuelo el primero que rectific� la ruta deSantiago envi�ndola por lugares m�s accesibles en vez de seguir el viejo trazado por sendasnorte�as timore barbarorum, por temor a los b�rbaros� (77). Se puede, por tanto, optar por un t�rmino medio y considerar que el reinado de Sancho III -en el que se aprecian ya los s�ntomas de la expansi�n econ�mica, pol�tica y cultural de la Plena Edad Media-constituye un importante precedente del proceso de europeizaci�n que culminaron sus descendientes.

 

           Un rey pamplon�se hispano


 
Muchos sonlos problemas que presenta el reinado de Sancho III, tales Como el car�cter de sus intervenciones enlos territorios cristianos vecinos o el reparto de sus dominios entre sus cuatro hijos realizado antes de su muerte. Pero esclaro que no existe el menor indicio para considerarle un monarca vasco en el sentido que se pretende reivindicar ahora.Y no es un problema de escasez de fuentes, pues s� que existen suficientes datos paraconsiderarle un rey pamplon�s, hispano e incluso, tal como acabamos de ver, europeo.
  En las fuentes musulmanas Sancho III aparece como �se�or de los vascos� (Baskun�sh). Pero esta excepci�n no resulta significativa, pues los autores �rabes siguieron empleando por inercia el vocabulario delos ge�grafos romanos (78). M�s significativo es el hecho de que en las cr�nicas francas contempor�neas deAdemar de Chabannes y Ra�l Glaber -hispanas desgraciadamente no las hay- Sancho III sea calificadocomo rey de Navarra, lo que significa la primera aparici�n de este cor�nimo, ylos wascones sean los habitantes del Sudoeste franc�s, es decir, Gascu�a. Es muy probable, adem�s, que a principios del siglo XI eletn�nimo de �vasco� hubiera desaparecido ya en Navarra y que, por tanto, fuera imposible que Sancho III pudiera tenerse como tal. Lo que es seguro es que ese gentilicio no se registra en las fuentes del Reino de Pamplona. y que poco despu�s de la muerte de Sancho III tenemos la certeza de que el citado etn�nimo fuecompletamente olvidado ( aunque la palabra se conservar� para designar al euskera y sus hablantes ). A principios del siglo XII Aymeric Picaud, en su famosa gu�a del Camino de Santiago,distingue claramente entre vascos (y no vascones ), al Norte de los Pirineos, y navarros, al Sur, incluyendo los habitantes de lasVascongadas. El mismo dominio norpirenaico del reino navarro, que se form� a partir de1189, ser�a conocido en Navarra como �Tierra de vascos�, pues el t�rmino �Baja Navarra� es unapalabra moderna que en ning�n caso implica una identidad anterior (79). En definitiva,el olvido fue de tal envergadura que en las cr�nicas de los siglos XII y XIII los navarros fueron confundidos con los c�ntabros, tal comopuede verse en las obras de la Historia Silense, Lucas de Tuy y el navarro Xim�nez de Rada, que son las primeras historias que narran losor�genes del Reino de Pamplona, tras los tres breves p�rrafos de Additio de regibus pampilonensium del siglo X (80).
  Por otra parte, es evidente que Sancho III no desarroll� pol�tica alguna que pudiera sercalificada de vasca. No hubo intento alguno para recuperar el territorio de los antiguos vascones que pose�an los musulmanes, fuera de laocupaci�n de algunas fortalezas fronterizas, como sucedi� en Arag�n. Su pol�tica expansivaestuvo determinada por sus vinculaciones familiares y los derechos y obligaciones queconllevaban. Y es en este contexto en el que hay que situar sus pretensiones fallidas a la herencia del ducado de Gascu�a en 1032.
  Aunque no sabemos d�nde naci� Sancho III, no cabe la menor duda de que fue un reypamplon�s, pues �ste era el gentilicio usado en lo que podr�amos llamar denominaci�noficial del reino navarro. Ahora bien, conviene se�alar que esa palabra ten�a distintossignificados. Uno era el de gentilicio tanto para los habitantes de Pamplona como para los de la Navarra cristiana e, incluso, todo elreino. Pero tambi�n parece que fue empleado con un sentido social para identificar a lanobleza del reino. Seg�n �ngel M. Duque, y su propuesta es muy convincente, el t�rmino�pamploneses� con ese significado estar�a contrapuesto al de navarros, utilizado al principio para designar a la poblaci�n campesina (81). Por ello, la adopci�n a partir de1162 del t�tulo de Reino de Navarra, denominaci�n ya utilizada en Francia en el siglo XI, tiene un gran significado (82).
  En su voluminosa y documentada historia de El concepto de Espa�a en la Edad Media, Jos�Antonio Maravall dio mucha importancia al reinado de Sancho III. Habr�a sido �el primeractualizador conocido, entre los reyes, de la idea pol�tica de Espa�a, y, adem�s Sancho el Mayor -ya que el lejano e inseguro antecedente deAlfonso III qued� sin continuidad- es el que inaugura en nuestra historia el t�tulo de rey de Espa�a, que; sus sucesores repetir�n hastahacerlo habitual durante dos siglos� (83). Sin embargo, las bases que permitieron estasafirmaciones no son s�lidas. La moneda najerense con la leyenda imperator atribuida a SanchoIII, que le convertir�a en el primer rey hispano en acu�ar moneda tras los visigodos, se considera actualmente posterior (84). Tampoco tienen valor probatorio las informaciones de cr�nicas tard�as que presentan al rey navarro comoemperador, pues probablemente se trata de una interpretaci�n del gran poder�o que alcanz�.
  Pero una cosa es que Sancho III no utilizara el t�tulo de emperador y que no tuviera una concepci�n de Hispania como regnum, y otra que no sea un rey hispano (85). Entre lospocos textos contempor�neos -y pertinentes- que tenemos, encontramos varios en los quese reconoce esa condici�n. As�, el abad y obispo de Ripoll Oliba, la figura m�s importante de la Iglesia hispana de la �poca, le llam� rex �ber�cus en la carta que le escribi� en 1030 � 1031. En 1045 el tambi�n catal�n Bernardo, al que Sancho III hab�a convertido en obispo dePalencia, escribe, al narrar la historia de la sede palentina, que el monarca navarro �mereci�justamente ser llamado rey de los reyes espa�oles� (86). Por el mismo tiempo, al otro lado de los Pirineos, Ra�l Glaber califica a Sancho III como rex Navarrae H�span�arum.
  
Sin embargo, m�s importantes que estas citas son los argumentos que avalan elcar�cter hispano de Sancho III. Como ya han sido razonados, basta con enunciarlos: losor�genes hispanogodos del Reino de Pamplona, que fueron compatibles con sus or�genesvascones; su propia familia, tanto por sus ascendientes como por las vinculaciones queentabl�; la pol�tica desarrollada, que por primera vez incluy� a todos los estadoshispanocristianos, desde Galicia a Catalu�a; los colaboradores que encontr� en todas las regiones de la Espa�a cristiana, entre los que cabedestacar -por su novedad-los catalanes, como el abad Oliba, el obispo Poncio de Oviedo, yBernardo, al que convirti� en el primer obispo de la restaurada sede de Palencia; los territorios que lleg� a dominar, desde Astorga hastaRibagorza, como se�alan algunos documentos. Adem�s, �c�mo no iba a considerarse y serconsiderado hispano en el siglo XI un cristiano de la pen�nsula Ib�rica? (87).
  Y as� se ha interpretado la figura de Sancho III en la historiografia navarra, tanto en la Edad Media y Moderna (Xim�nez de Rada, El Pr�ncipe de Viana, Jos� de Moret) como en los tiempos actuales(J.. M. Lacarra, A. J. Mart�n Duque ). A partir del siglo XX -y no antes- se han formulado interpretaciones muy distintas, pero esos escritos no forman parte de la historiograf�a, sino de una literatura que trata de justificar un proyecto de futuro con un pasado que no s�lo no fue, sino queresulta anacr�nico (88).

 


NOTAS

(1) Las primeras cr�nicas que relatan su reinado fueron compuestas en el �mbitocastellanoleon�s, donde la intervenci�n de Sancho III fue interpretada como unainjerencia hostil. Que pervive en parte de la historiograf�a actual. Esta interpretaci�n fue seguida por J. P�rez deUrbel en la primera biograf�a de Sancho III. Que constituye todav�a -pese a sus deficiencias- el �nico libro de investigaci�nque se hadedicado a este personaje (Sancho �el Mayor� de Navarra. Diputaci�n Foral de Navarra. Madrid.1950. 491 pp.) La imagen contraria de un Sancho III interviniendo en los territorios vecinos para proteger a sus parientes fue defendida por J. M. Lacarra y tambi�n tiene su eco en los historiadores actuales. El segundo y �ltimo libro de Historia dedicado a SanchoIII. aunque con un car�cter de s�ntesis, ha sidorealizado por E. Sarasa y C. Orc�stegui y tiene dos versiones, una para la editorial Mintzoa y otra para La Dlmeda
 (2) �ngel J. Mart�n Duque. �El Reino de Pamplona�. en el volumen VII-II de la Historia de Espa�a fundada por R. Men�ndez Pidal. Espasa-Calpe. Madrid. 1999. p�g.124.
 (3) Por ejemplo. M. de Ugalde. S�ntesis de la Historia del Pa�s Vasco. Ediciones Vascas, Barcelona. 43 ed.. 1977. p�g. 77; J. LDavant Historia del Pueblo Vasco, Elkar. Zarauz. 1980. p�g 44.
 (4) Lo he demostrado ampliamente en Domuit Vascones. El Pa�s Vasco durante la �poca de los reinos germ�nicos la era de la independencia (siglosV-VIII), Librer�a Anticuaria Astarloa. Bilbao, 2001. 605 pp.
 (5) He realizado una cr~ica m�s extensa de semejante opini�n en �Dr�genes hispano- godos del Reino de Pamplona�.letras de Oeusto. no 89, 2DDO. pp. 11-15.
 (6) He justificado el juicio en Or�genes pp. 15-19. Hay que se�alarque de lasinterpretaciones que estoy criticando �sta es la �nica que puede sostenerse en unindicio documental. pero se trata de un pasaje discutible de Xim�nez de Rada. escrito casi medio milenio despu�s
 (7) Por ejemplo I. Urzainqui y J. M. Olaizola,la Navarra mar�tima, Pamiela. Pamplona. 1998. p�g 35; M. Sorauren. Historia de Navarra. El Estado Vasco. Pamiela.Pamplona 1999. pp 87-88 Estos dos libros de reciente publicaci�n muestran que la denominada historiograf�a nacionalista vasca sigue alejada de las formas deproceder propias de la Historia.
 (8) La historia de Navarra en los tres �ltimos siglos del primer milenio es tan oscura que no s�lo no se puede determinar el a�o del nacimiento del Reino de Pamplona. sino el siglo en que apareci�.Anta�o se sostuvo que fue en el siglo VIII conGarc�a Xim�nez. error que a�n pervive en algunas obras indocumentadas (v. infran 31). En el siglo XX lo m�s habitual ha sido considerar, como defendi� J. M.Lacarra, al�igo Arista el primer rey y fijar en e1 824, tras la Segunda Batalla de Roncesvalles. la aparici�n de la monarqu�a. Finalmente otros historiadores han preferido esperar al reinado de Sancho Garc�s I(905-925). considerado por los partidarios de la teor�a anterior como un cambio dedinast�a, para datar el nacimiento del reino, tesis desarrollada en la actualidad por A. J. Mart�nDuque y que me parece lamejor fundamentada.
(9) Como ha se�alado R. Collins, siguiendo a C. S�nchez-Albomoz �dos vascos y los�rabes durante los dos primeros siglos de la Reconquista�. ahora en Vascos ynavarros en su primera historia. Ediciones del Centro, Madrid, 1974. pp. 79-94).�losvascos de Espa�a no representaron nunca un serio problema para el nuevo orden[musulm�n] de la pen�nsula� (los vascos. Alianza. Madrid. 1989. p�g. 410). ya que el expansionismo vasc�n de la �poca visigoda se troc� en simple resistencia ydesaparecieron las invasiones (lo que resulta m�s notable si se compara estaactitud con la de los habitantes del primitivo Reino de Asturias). Es m�s el Reino de Pamplona se constituy� tras una larga etapa de aceptaci�n de la soberan�a �rabe por la clase dirigente que controlaba la capital navarra (y tambi�n de un breve periodo de sumisi�n al Imperio Carolingio).
(10) �poca pamplonesa 824-1234. vol de la Historia General de Euskalerria. Enciclopedia Ilustrada del Pa�s Vasco.Au�amendi, Estorn�s Lasa Hnos" San Sebasti�n.1987. tomo l p�g 20.
(11) Hay que se�alar la importante tendencia de la historiograf�a nacionalista vasca a presentar un pasado democr�tico del pueblovasco, cuyo ejemplo m�simpresionante se halla en el libro que J. Lasa os� titular El pueblo vasco, democraciatestigo de Europa (Zarauz. 1980. 220 pp), que comienza as� �El Pueblo Vasco(primog�nito de los pueblos de Occidente) fue dem�crata sin saberlo� (p�g. 23).
(12) Navarra en la Edad Media, Pamplona. 33 ed� 1979, pp 11-12. Esta interpretaci�n(que acredita que el autor no s�lo desconoce la historia navarra, sino cualquierHistoria, pues semejante proceso de autodeterminaci�n democr�tica es inveros�mil) es tributaria de las fabulaciones de Sabino Arana sobre la constituci�nnatural  de Vizcaya en �una confederaci�n de rep�blicas, libres e independientes enabsoluto, a la vez que entre s� arm�nica y fraternalmente unidas y regidas porleyes nacidas en su mismo seno y fundadas en la reliqi�n y la moral. con unaexistencia perfectamente feliz� (Bilkaia por su independencia, Geu Argitaldaria. Bilbao.3� ed. 1980. pp. 18-19; esta obra, que ha servido para fechar el nacimiento delnacionalismo vasco en 1893. ha condicionado decisivamente la historioqraf�a de susseguidores no tanto por lo que dijo. sino por la metodoloq�a -por llamarla dealguna manera- empleada)
   Puestos a fantasear. cada uno es muy libre de imaginar lo quequiere: a J. LDavant no le parece suficiente afirmar �la estructura federal y parcialmentedemocr�tica del Reino de Navarra� (ya que, seg�n �l. �Ios asuntos locales yregionales son resueltos por las asambleas del valle o pa�s y de la provincia y porque lasdiversas regiones son representadas por una especie de parlamento que est� al lado del rey�) y proclama que el Reino de Pamplona (nacido �como fruto de laresistencia contra los imperialistas del Norte y del Sur�) presenta �los siqnos de un socialismo pastoral� (Historia del Pueblo Vasco. Elkar. Zarauz.1980. pp 48-49).
   Refiri�ndose a este tipo de historias Alfonso de Otazu ha podido escribir que �todo es tandemocr�tico, todo tiene sus or�genes en unos impulsos tan at�vicos, que todo da la sensaci�n -aun para el profano con ciertas inquietudes- que estamos ante historias escritas para d�biles mentales o cuanto menos para seres que hanrenunciado ya hace tiempo a la tarea de pensar de cuando en cuando� (El igualitarismo vasco, Txertoa. San Sebasti�n.1913. pp.11-12).
(13) Hace tiempo que R. Collins se�al� que �es dif�cil determinar hasta qu� punto era vasco el Reino de Pamplona (Espa�a en laAlta Edad Media. Cr�tica. Barcelona. 1986. p�q.308) A�os despu�s escrib�a��Puede considerarse como un reino vasco laprimera instituci�n pol�tica generada por los vascos? la noci�n misma de reino es un anacronismo en el contexto de la sociedad vasca. No existe paradenominarlo, ni para sus instituciones, un t�rmino vasco Todos son tomados en pr�stamodel lat�n. Ni los habitantes de Pamplona se hubieran calificado a s� mismos de vascos� (los vascos. pp.163-164)
(14) Esto es fundamental para comprender la complejidad que ha presentado ypresenta Navarra. un territorio que muestra afinidades con todas las comunidadesaut�nomas que le rodean. Este hecho ya fascin� a J. Caro Baroja: �lacomplejidad, la variedad del antiquo Reino de Navarra ha sido puesta de relieve variasveces, pero una cosa es reconocer la existencia de un hecho y otra explic�rselo.Creo,sinceramente. que ninguno de los que sabemos algo acerca de Navarra y sus qentesestamos en situaci�n de razonar sobre el asunto de modo convincente en absoluto�(�E1 valle del Bazt�n�, ahora en Sondeos hist�ricos,. Txertoa, San Sebasti�n. 1918.P�q.129). En su voluminosa Etnograf�a hist�rica de Navarra(Aranzadi. Pamplona. 1911) insist�a en la idea misma idea. �Para m� la existencia de Navarra es a�n un problema cient�fico y unenigma hist�rico� (p�q 11) y daba la siquiente explicaci�n �Porque no cabe duda de que hoy existe una provincia de Navarra. con unosnaturales o vecinos que son los navarros, dentro de un Estado que es Espa�a. Peroantes y durante mucho, Navarra en s� fue un Estado, los navarros fueronconsiderados como un grupo muy cognoscible en el occidente de Europa y aquel Estadopeque�o no ten�a unidad de lengua, ni de lo que m�s vagamente se llama cultura, ni deraza, ni siquiera ten�a unidad de paisaje [...] Pero Navarra est� ah�, y para m� lo que le caracterizar� es haber tenido una unidad hist�rica aunque limitada aciertos hechos pol�ticos y un largo devenir condicionado por situaciones,instituciones y leyes. Nada m�s, y nada menos� (pp.12-13) Para comprender este problema. adem�s de losor�genes hispanogodos del Reino de Pamplona. hay que tenerpresente el poblamiento heterog�neo de Navarra anterior al a�o 1000 antes deCristo, el importante asentamiento de gentes indoeuropeas durante el primer milenio antes de nuestra era y la intensa romanizaci�n de buena parte de Navarra
(15) El cambio de titulaci�n no parece que fuera un mero cambio terminol�gico.Sobre un posible siqnificado, v.Luis Javier Fort�n P�rez de Ciriza, �Del Reino dePamplona al Reino de Navarra�, Historia de Espa�a fundada por R. Men�ndez Pidal. vol IX. Espasa-Calpe. Madrid. 1998. pp 628-630
(16) �Este poblado [la Pamplona prerromana] presenta una cultura material de tipoc�ltico que supone la presencia de pueblos indoeuropeos que se trasladan de un lado a otro del Pirineo con todos sus elementos materiales y por tanto todo su patrimonio cultural� (M. A.Mezqu�riz de Catal�n, Pompaelo II, Diputaci�n Foral de Navarra, Pamplona. 1918. p�q 29)
(17) V. mi estudio �Guip�zcoa durante la Alta Edad Media�. Letras de Deusto.n� 92.2001. pp 9-38.
(18) V. mi estudio Or�genes hisponogodos del Reino de Asturias, Real Instituto deEstudios Asturianos, Oviedo, 2000, 635 pp., revalidado, ami juicio, por la publicaci�n dela reciente s�ntesis de J.L., Ruiz de la Pe�a, la monarqu�a asturiana, Nobel, Oviedo, 2001, 213 pp., que es la m�s importante obra de eseg�nero de las que se han publicado.
(19) Sobre el ambiente exclusivamente rural en que se origin� el Reino de Arag�n,v J. M. Ramos Loscertales, El Reino de Arag�n bajo la dinast�a pamplonesa, Universidad de Salamanca, 1961, pp 22-29. El caso de los condados catalanes, que nollegaron a constituir un reino, no es homologable por la decisiva intervenci�ncarolinqia, que tuvo su apoyo en las ciudades.
(20) Para valorar mejor este dato hay que recordar que el Reino de Asturias lleg� a serdenominado como el Asturorum Regnum por la prog�tica Cr�nica Albeldense.
(
21) �No deja de llamar la atenci�n el hecho de que sea justamente el �rea navarra -la cuna del vasconismo-la que al parecermadruga m�s a la hora de desembarazarse del viejo nombre� (K. Larra�aga, De �Wasco� a �Wasconia� y �Vascongadas�, Langaiak, 9, 1985, p�q 63) Hay que tener en cuenta que en lossiglos VIII y IX seseguir�a utililando el t�rmino �vasc�n� para designar a los habitantes de lasVascongadas (como probablemente suced�a desde el siqlo VI) en las fuentes asturianas. Est� por hacerse la compleja historia de los nombres del Pa�s Vasco, que sequramente, en un territorio que ha carecido de cor�nimo hasta hace poco, ser� muysignificativa (mientras tanto, v J.M.AzaoIa.�Los vascos ayer y hoy�, tomo II de Vasconiay su destino, Revista de Occidente, Madrid, 1976, vol.I, pp. 15 y ss.; y la definici�n de�vasco� de la Real Academia de la Lenqua Espa�ola)
(22) C. Jusu�, �Primitivas muestras monetales�, en Signos de identidad hist�rica para Navarra, Caja de Ahorros de Navarra, Pamplona, 1996,vol.I, p�q 142.
(
23) Sobre estos obispos v J. Go�i, Historia de los obispos de Pamplona, Universidad de Navarra, Pamplona, 1979, I, pp 63-78 Por cierto, el di�cono que Wiliesindo hizo acompa�ar a SanEulogio en su viaje por el Pirineo se llamaba Teodemundo Lasucesi�n de dos obispos con nombre germ�nico en la sede de Pamplona en el primermilenio es excepcional. Gracias al obiturario episcopal del C�dice de Roda se conoce
el nombre de ocho titulares de la sede pamplonesa en el siglo X y s�lo dos (Galindoy Sisebuto) tienen nombre germ�nico. Este 25 por ciento es, probablemente, m�s siqnificativo que la impresi�n que producen los dos primeros nombres conocidos de obispos pamploneses tras la invasi�n musulmana, pues corresponde alporcentaje de la sede pamplonesa en la �poca visigoda
(24) Dos son los nombres germanos (Odoario y Dadilano), es decir, el 40 por ciento, y s�lo uno propio del �mbito pirenaico occidental (Jimeno). Ese porcentajedel 40 por ciento es similar al de los nombres germanos de los obispos pamploneses en los siqlos IX y X.
(25) Galindo es el tercer nombre masculino m�s frecuente en las Genealog�as deRoda de finales del siqlo X (lo lleva un 10 por ciento de los personajes) y Toda, elsegundoentre los femeninos (12 por ciento), s�lo superada por el de Sancha; tambi�n el nombre latino de Sancho -propio en esta �poca del �mbito pirenaico occidental- es elantrop�nimo que aparece m�s veces en la documentaci�n antes del 1076. No es ociosorecordar -dado que com�nmente se tienen por vascos antrop�nimos inventados en su mayor�a por SabinoArana- los siete nombres masculinos que m�s aparecen en la documentaci�n navarra de los siqlos centrales de la Edad Media (hasta el punto de suponerel 70 por ciento de los individuos citado): Garc�a, Sancho, I�iqo, Fort�n, Lope, Jimeno yAznar, que han dado lugar a apellidos muy extendidos por todaEspa�a (J. A. Garc�a de Cortazar, �Antroponimia en Navarra y Rioja en los siqlos X al XII�, en Antroponimia y sociedad. Sistemas de identificaci�n hispano-cristianos en los siglos IX al XIII, Universidades de Santiaqo de Compostela y Valladolid, 1995, p�q 292)
(26) La Navarre du IVe au XIe si�cle. Peuplement et societ�,  De Boeck Universit�, Par�s-Bruselas, 1998, p�q 275.
(27)1bid. p�q. 277
(28) V A. J. Mart�n Duque, �Se�ores y siervos en el Pirineo occidental hispano hasta el siqlo XI�, en Se�ores, siervos,vasallos en la Alta Edad Media, XXVIII Semana deEstudios Medievales, Gobierno de Pamplona, 2002, pp. 363-412.
(29) C. Mart�nez Pasamar y C.Tabemero Sala. �En torno al castellano de Navarra y susmodismos�, en Signos de identidad hist�rica para Navarra, Caja de Ahorros deNavarra, Pamplona, 1996, vol I pp.l03-l12.
(30) V. H. Vi�es Rueda, �Espa�ol y vascuence en las Glosas Emilianenses�, PrimerCongreso General de Navarra, Pr�ncipe de Viana, anejo 8, 1988, vol III, pp 225-232. Ciertamente el monasterio se encuentra en La Rioja, pero entonces �ste era un territorio que estaba conociendo una importante repoblaci�n vasca, como lo prueban las mismasglosas. Por otra parte, hay que se�alar que actualmente se defiende que las Glosas deValpuesta (localidad hoy burgalesa, rodeada por casi todas partes de tierras alavesas) podr�an ser anteriores a las de SanMill�n (N. Dulanto. Valpuesta. la cuna del castellano.Diputaci�n Foral de �lava. 2000, 495 pp.) En todo caso -y esto es lo verdaderamente importante-hoy est� claro que parte del actual Pa�s Vasco forma parte de la cuna del espa�ol o castellano y no s�lo la �lava castellana u occidental. sino tambi�n las Encartaciones. como ha demostradorecientemente en una voluminosa tesis doctoral I. Echeverria lsusquiza: �las Encartacionesparecen corresponder, a la llegada de los romanos, a la parte ya indoeuropeizada de laPen�nsula, de modo que, lejos de ser �ste un espacio castellallizado m�s omenos recientemente, su lengua romance habr�a surgido sin interrupci�n de laevoluci�n lingu�stica de �mbito ya indoeuropeo a la lleqada de los romanos� (H�beas de toponimia carranzana. Materiales para el estudio del castellano de Vizcaya. Universidad del Pa�s Vasco. Bilbao. 1999. pp16-17).
(31) �C�mo explicar estos fen�menos si no se parte de la complejidad inicial delReino de Pamplona? Para J. L Davant, la justiticaci�n es sencilla �El desafecto de los reyes por la cultura vasca; porello, las elites se desvasquizarn} (op cit. p�g. 50). Estapostura refleja una interpretaci�n muy extendida en la historioqrat�a nacionalista vasca y es la deconsiderar a la monarqu�a -y en el caso de Vizcaya, al Se�or�o- como una instituci�n extra�a. Pero estamaniobra en el caso que nos ocupa -la figura de Sancho III- implica una contradicci�n, puesno se puede exaltar al mismo tiempo a los reyes y echarles la culpa. Sin embargo, J. L Davant -queconsidera a �Santxo Haundialnuestro Salom�n� (p�q 47)- no tiene empachoen escribir que �el periodo m�s fastuoso de nuestra historia es en el que todos los vascosest�n unidos alrededor de reyes vascos elegidos por ellos mismos, en un Estadoindiscutiblemente soberano y cuya creaci�n es anterior al de Francia y Espa�a: elReino de Navarra Garc�a X�m�nez es rey de Pamplona en el 717. Su dominio es muy peque�o y sudescendencia poco conocida� Las manifiestas falsedades de este texto prueban c�mo -y por qu�- se puede escribir Historiaen el Pa�s Vasco sin tener la menor idea del pasado.
(32) Este importante fen�meno cultural. que se produjo en el reino asturiano en el siqlo IX. ha sidomalinterpretado por muchos autores, que lo han visto como un producto de lainfluencia de los moz�rabes, que habr�a lleqado a transformar la naturaleza ind�gena del Reino de Asturias. Pero en realidad. el neogoticismo, latente ya en el siglo VIII, pudo desarrollarse ytriunfar porque exist�a una importante base hispano- qoda en el Reino deAsturias, y no  por el illnter�s de unos presuntos monarcas ind�genasas por reclamar la herencia delReino Visigodo (estimo haberlo demostrado de una manera exhaustiva en Or�geneshispanogodos del Reino de Asturias) Por ello. la repetici�n del mismo fen�meno-con el l�gico retraso (y diferencia) en&nnbsp; una monarqu�a m�s reciente (y modesta)- no puede verse como lamanifestaci�n de algo artificial. sino como el resultado esperable de unos or�geneshispanoqodos.
(33) �Del espejo ajeno a la memoria propia�. en Signos de identidad hist�rica paraNavarra. Caja de Ahorros de Navarra. Pamplona. 1996. vol I. pp 36-42; �E1Reino de Pamplona�. pp 63-74.
(34) �El Reino de Pamplona�. p�q 63 
(35) Ibid. p�q. 64
(36) A. Mart�n Duque y J. Carrasco P�rez. �Navarra. reino medieval de las Espa�as�.en las Espa�as medievales. Universidad de Valladolid. 1999. p�g. 68.
(37) M. C. D�az y D�az, libros y librer�as en la Rioja altomedieval , Diputaci�n de la Rioja.Logro�o. 1979 p�q 66. El folio se completa con la representaci�n en la parteinferior de los autores del c�dice, Vigilano, en el centro, su socio Sarracino y eldisc�pulo de aqu�l, Garc�a
(38) �El Reino de Pamplona�. p�q 65 �Se debe entender, pues, que las tradiciones y el proyecto vital de esta �ltima monarqu�a [asturiana] habr�an sido considerados comoalgo propio por parte de Sancho Garc�s II y acaso ya sus dos antecesores, Sancho Garc�s I y Garc�a S�nchez. y ello hasta elpunto de que la noticia de losprimeros atisbos concretos del reino pamplon�s se plantea como mera adici�n(additio) de una de las citadascr�nicas ovetenses� (Imagen hist�rica... p�q 431).
(39) Esta idea aparece confirmada en el pr�loqo del Fuero General deNavarra, querelaciona en el siqlo XIII al reino pamplon�s con la monarqu�a de Pelayo.
(40) Y m�s si se tiene en cuenta que el propio Vigilano debi� de realizar otra copia del C�dice Albeldense. seg�n se deduce de un poema del siqlo XI (M. C.D�az y D�az, Libros..., pp. 70-71)
(41) Puede resultar muy significativo que los textos m�s antiguos de las cr�nicasasturianas provengan del Reino de Pamplona. Esta circunstancia llev� a A. UbietoArteta a defender la idea (muy equivocada) de que la Cr�nica de Alfonso ///fue redactada en el Reino de Pamplona para un monarca navarro (la redacci�n �rotense� de la�Cr�nica de Alfonso III�. Hispania. LXXXV, 1962. pp. 3-22)
(42) �El Reino de Pamplona�. p�q 67. Sobre el C�dice Rotense v.M.C.D�az y D�az, Libros..., pp. 32-42.
(43) De �Wasco� a �Wasconia� y �Vascongadas�, p�g. 63. Para valoraradecuadamente este argumento, hay que se�alar que la Epistula Honorii es el �nicodocumento romano de este g�nero conservado en todo el mundo y que, por tanto, su conservaci�n en Pamplona durante tantos siglos y su copia en el C�dice de Roda, dado el nulo inter�s pr�ctico que ten�a su reproducci�n (los errores que contiene el texto, que han provocado tantos problemas a los investigadores,prueban que ni siquiera el copista comprend�a bien lo que transcrib�a), s�lopueden entenderse en la clave propuesta por K. Larra�aga. Adem�s, hay que recordar que en elLaus de Pamplona los vascones aparecen como enemigos de la capital navarra.
(44) A. J. Mart�n Duque, �El Reino de Pamplona�, pp 68-69
(45) �Navarra..�, p�g. 45 Todo el estudio de estos autores est� dedicado a justificar este juicio la propia estructura social del Reino de Pamplona en la �poca deSancho III no parece distinta de la del Occidente de la �poca.
(46) La Navarre.." p�g. 16 Afirmaci�n que demuestra sobradamente a lo largo del m�s de medio millar dep�ginas siguientes. Ser�a precisamente la feudalizaci�n delreino, que tuvo sus jalones decisivos en el asesinato de Sancho IV en 1076 y en la muerte sin descendencia de Alfonso I elBatallador en 1134 (lo que permiti� a la nobleza navarra en medio siglo disponer dos veces del trono, fen�meno sinparang�n en las monarqu�as occidentales, y entronizar dos reyes nuevos, hechurasuya, particularmente en el caso de Garc�a Ram�rez, miembro de la propiaaristocracia y de familia de origen bastardo), la que posibilitar�a introducir unaestructura pactista, que limitaba los poderes de la realeza a favor de la nobleza, y que ha sido malinterpretada como el legado de una supuesta democracia que no pudo existir en Navarra (como en ninguna otra parte del mundo).
(47)1bid.. particularmente pp. 213-279 y 303-337. Por razones de espacio, no he podido justificar algunos juicios, por lo que me remito a las argumentaciones realizadas en Or�genes hispanogodos del Reino de Pamplona.
(48) Este argumento deber�a de ser muy importante para los que siguen otorgando a la raza tanta importancia (v. la frase de A. deOrtueta reproducida en la nota 88). Sabido es que el nacionalismo creado por Sabino Arana se fund�exclusivamente en la raza, pues en su �poca no hab�a otro elemento que pudiera justificar su nueva doctrina. Tras la Segunda Guerra Mundial este planteamiento, porrazones obvias, fue abandonado y sustituido por un nacionalismo �tnico en el que la lengua se convirti� en el elemento esencial. Pero A. Elorza ha demostrado por extenso que este cambio s�lo es formal (Un pueblo escogido. Cr�tica,Madrid, 2001, 502 pp) y cualquiera puede comprobar, si lo desea, que el factorracial sigue siendo decisivo en amplios sectores del nacionalismo vasco.
(49) A. Ca�ada Juste. �Un posible interregno en la monarqu�a pamplonesa (1000-1004)�, Primer Congreso General de Navarra, Pr�ncipe de Viana, anejo 8, 1988, vol III. pp 15-18.
(50) C. Orc�stegui y E. Sarasa. Sancho Garc�s III el Mayor (1004-1035), Rey deNavarra. Mintzoa, Pamplona, 1991. 2� ed., p�g 68.
(51) Sancho III ya hab�a tenido un hijo, Ramiro (nombre germ�nico muy utilizado ya en la familia), con Sancha deAibar. Probablemente esta uni�n es equiparable a un Friedelehe, matrimonio privado y provisional entre los germanos, que se ha pretendido traducir por �matrimonio deamor�, que �s�lo era posible ensituaciones de fuerte desnivel social, cuando un poderoso tomaba a una mujer de familia m�s modesta con el consentimiento de susfamiliares, contentos de una amistad, pero sin asumir todas las formalidades jur�dicas y econ�micas previstas para el aut�ntico matrimonio[...] y que no sustra�a a la mujer a la potestadpaterna para transferirla a la del marido: en consecuencia, pod�a ser disuelta sindemasiadas formalidades cuando el inter�s familiar o, en el caso de un soberano, la raz�n de Estado lo requiriera� (A. Barbero. Carlomagno. Ariel, Barcelona, 2001, p�g 128). Por eso resulta a�n m�s significativa la boda concertada con la hija de su poderoso vecino, pues en esta �poca, para los reyes, el matrimonio era ante todo un medio para estrechar alianzas
   El hecho de que Ramiro, pese a su origen, diera lugar a la primera dinast�a real aragonesa explica la aparici�n de una leyenda que en los�ltimos siglos de la Edad Media se convirti� en el asunto que generalmente m�s espacio consum�a en los relatos del reinado de Sancho III. Seg�n esta leyenda, Garc�a el de N�jera. pordespecho, y ayudado por sus hermanos Fernando y Gonzalo, habr�a acusadoinjustamente de infidelidad a su propia madre, que hab�a sido hecha presa. En esas circunstancias Ramiro se habr�a ofrecido a salvar el honor de sumadrastra (y de su padre) en un juicio de Dios, que milaqrosamente se evit�.
(52) J. P�rez de Urbel. Sancho el Mayor de Navarra. p�q. 67. Opina este autor que la cercan�a a su querido santuario de San Mill�n de la Coqolla y su mejorsituaci�n estrat�gica contribuyen a explicar este cambio.
(53) M. Watt. Historia de la Espa�a isl�mica, Alianza Editorial, Madrid,2� ed., 1974, p�q. 96.
(54) No est� de m�s aprovechar la ocasi�n para destacar la importancia de las mujeres navarras. As�, por ejemplo, Abderram�n III tuvo una madre vascona y su padre tambi�n, de tal manera que tres de los cuatro abuelos del primercalifa de Cordoba eran vascos, es decir, todo lo contrario de lo que sucede conSancho III, lo que es una prueba m�s de la irrelevancia de la raza
(55) Pese a las guerras que emprendi�, E. Sarasa y C. Orc�stequi estiman que Sancho III �fue un rey poco dado a las armas� (Sancho Garc�s III el Mayor, p�q.19) Tambi�n le han considerado el �primer monarca perceptor deparias de la Pen�nsula� (p�q 39).
(56) La insistencia por extender la dominaci�n de Sancho III al Pa�s Vasco franc�stiene que ver con la necesidad de presentar al Pa�s Vasco unido por una vez (al menos) en la Historia bajo unestado vasco (realmente esa unificaci�n s�lo se produjo con el Imperio Romano) De otra manera no se entiende semejante perseverancia (que, a veces, s�lo se manifiesta en mapas que incluyenGascu�a en los dominios del rey navarro, con la indicaci�n en la leyenda deterritorios ambicionados, hecho que no se hace con las pretensiones de otros monarcas), cuando el asunto est� suficientemente claro V. J.M.Lacarra. Historia pol�tica del Reino de Navarra desde sus or�genes hasta su incorporaci�n a Castilla, Aranzadi, Pamplona, 1973, 1, pp. 199-203. Para laBaja Navarra, S.Herreros Lopetequi, las tierras navarras de Ultrapuertos (siglos XII-XVI), Gobierno de Navarra, Pamplona, 1998,358 pp.
(57) Deliberadamente he omitido la situaci�n de este territorio, que corresponde a los valles centrales del Pirineoaragon�s, y que en parte pudo haber tenidoalguna vinculaci�n al Reino de Pamplona desde el reinado de Garc�a S�nchez I (hacia el 931-937) o quiz�s del de Sancho Garc�sI y es que de Sobrarbe no se sabe nada con certeza, pues �no nos ha llegado documentaci�n de ninquna clase� de los siqlos IX y X (J.M.Lacarra, Arag�n en el pasado, Espasa-Calpe, Madrid, 1972, p�q. 50), aunque s� leyendas posteriores que nos hablan incluso de unreino (cuando ni siquiera puede afirmarse que el condado que pudo formarse en la primera mitad del siqlo IX se perpetuara), As�, en lahistoriograf�a actualpodemos encontrar afirmaciones tan diversas como las que siguen. �Sobrarbe constituye un islote musulm�n durante una buena parte de los siqlos comprendidosentre el 714 y el a�o 1000� (E. Sarasa. Historia medieval de la Espa�a cristiana, C�tedra, Madrid, 1979, p�q. 239). Sobrarbe fue un peque�o condado, que era �una isla rodeado de mar musulm�n�(A. Dur�n, Arag�n de condado a Reino, vol III de la Historia de Arag�n, dir. por Antonio Beltr�n. Guara ediciones,Zaraqoza, 1985, p�q 34); �de lo que no hay ninguna duda es de que la dominaci�n franca en laregi�n fue muy intensa y dej� una impronta mucho m�s marcada que en Arag�n� (J.Angel Sesma, �Araq�nmedieval�, en Arag�n en su historia, vol dir. por Angel Canellas L�pez. Caja de Ahorros de la Inmaculada,Zaragoza, 1980, p�q 111)
(58) J. P�rez de Urbel. Historia del Condado de Castilla, CSIC, Madrid, 1944,vol II, pp 920-921; J. M.Lacarra. Historia pol�tica...., II, p�q. 204.
(59) EI asesinato, que dio lugar a cantares de gesta, fue protagonizado por miembros de la familia alavesa de los Vela, exiliados en le�n, que quardaban un qran rencor a la familia de Fern�n Gonz�lez, a la que consideraban que les hab�a despojado del condado de �lava.
(60) J. P�rez de Urbel. Historia del condado., II, pp 945 y ss.; J. M. Fern�ndez del Pozo. Alfonso V (999-1028) VermudoIII (1028-1037) La 0lmeda, Burgos, 1999, pp. 240 y ss. En cambio, J. M.Lacarra consider� que el proyecto matrimonial fue impulsado por el propio SanchoIII para mejorar la situaci�n tanto deCastilla como de Le�n (Historia pol�tica., 11, p�q. 208).
(61) J. P�rez de Urbel apunt� la idea de que �sta fue una soluci�n impuesta por los castellanos, que tem�an unaintegraci�n en el Reino de Pamplona (op. cit.. II. p�q. l007)
(62) El monarca navarro era el esposo de Muniadonna, padre del conde Fernando I y pariente y protector del reyBermudo III Adem�s, la madrastra de Bermudo III, que tutelaba su trono, era hermana de SanchoIII, la hermana de aqu�l, la novia frustrada del infante Garc�a, cas� con Fernando I, y probablemente el reyleon�s se convirti� en yerno del monarca navarro, pues su esposa Jimena -seg�nJaime de Salazar Acha (que ha realizado el �nico estudio monogr�fico sobre la cuesti�n)- ser�a una hija desconocida del rey pamplon�s(�Una hija desconocida de Sancho elMayor, reina de Le�n�, Pr�ncipe de Viana, anejo 8, 1988, pp. 183-192; esta hip�tesis, muy razonable, ha sido aceptada por A.Mart�n Duque, El Reino de Pamplona, p�g.130).
(63) A los elementos que un�an a la poblaci�n de �lava con la del Reino de Pamplona hay que a�adir los v�nculos e intereses que seguramente cre� la participaci�n de sus habitantes en la repoblaci�n de La Rioja conquistada por los navarros. A todo ello hay que sumar lapol�tica de atracci�n realizada por Sancho III sobre la nobleza local y los nombramientos de personas fieles.
(64) Hay que tener en cuenta que Vizcaya, que no aparece en la documentaci�n entre el 930 aproximadamente (cuando la reg�a un conde leon�s) ye1 1041, qued�rodeada por las posesiones de Sancho III el Mayor.
(65) As� lo han defendido, entre otros, J. P�rez de Urbe! (op. cit., pp 1.007-1.009) y G. Mart�nezD�az (op. cit., p�g 94)
(66) �sta es la fecha que prefiere A. S�nchez Candeira, que consider� que entre 1029 y 1035 Fernando s�lo fue conde nominal de Castilla(Castilla y Le�n en el siqloXl, estudio del reinado de Fernando I, Real Academia de la Historia, Madrid, 1999, p�g. 72).Tambi�n ha pensado as� F. Miranda Garc�a, �Del apogeo a la crisis�, en Historia deNavarra, Diario de Navarra, Pamplona, 1993, vol I, pp. 84-85.
   La cuesti�n es a�n m�s complicada, pues Fernando I-como sus dem�s hermanos- pudo haber quedado bajo la dependencia de Garc�a el de N�jera, el primog�nito y �nicomiembro de la familia con el t�tulo de rey. As� lo consider� A. Ubieto Arteta. que ha sido el autor que m�s ha estudiado la controvertida cuesti�n de la herencia de Sancho elMayor (�Estudios en torno a la divisi�n del reino por Sancho elMayor de Navarra�, Pr�ncipe de Viana, 21. n�ms 77-78, pp 38-39, donde aporta pruebas documentales).
(67) Tampoco J. M. Lacarra pudo escapar a la imprecisi�n con la que se ha abordado lacuesti�n de la integraci�n de �lava en el Reino de Pamplona Tras comentar la remodelaci�n de fronterasde1 1037, escribi� lo siguiente. �Detr�s [de las nuevas fronteras] quedan los territorios netamente vascos de �lava. Vizcaya y Durango, que antes hab�anfluctuado [?] en la esfera de los condes de Castilla, y tambi�n Guip�zcoa, cuyasprimeras noticias seguras son de esa fecha y est�n en relaci�n con el Reino de Pamplonay el Monasterio de San Juan de la Pe�a. As� pues, y por primera vez entran a formarparte de los dominios del rey de Pamplona todos los territorios cispirenaicos de hablavasca, mas una marca fronteriza, que era la que constitu�a el n�cleo originario dePamplona� (Historia polllica., 11, p�g 236; interpretaci�n que sigue J.lFern�dezMarco. De Garc�a �el de N�jera� a Alfonso �el Batallador�, Mintzoa, Pamplona, 1987, p�g 39). En todo caso, la idea de que ahora fue el momento en que se produjo la integraci�n de las Vascongadas en el Reino de Pamplona la podemos encontrar claramenteexpresada en obras de s�ntesis, como la de E. Sarasa, que ha estudiadomonogr�ficamente a Sancho III (Historia medieval de la Espa�a cristiana, p�g. 267)
(68) De hecho, la posterior integraci�n de las tierras de Ultrapuertos en el Reino de Navarra es tambi�n una historia compleja que comenz� por v�a de hecho.
(69) Eso sucedi� tambi�n en los cambios de soberan�a que conocieron las Vascongadas en los siglos XI y XII hasta quedar definitivamente integradas en el Reino deCastilla. Precisamente los derechos que pudieron alegar entonces las monarqu�ascastellana y navarra derivan de la compleja situaci�n del territorio en la �poca de Sancho IIIel Mayor.
(70) J. M. Lacarra. Historia pol�tica., p�g 208.
(71) El dominio del territorio comprendido entre los r�os Cea y Pisuerga constituy� unlargo contencioso entre castellanos y leoneses. Precisamente una de las medidas que permitieron a Sancho III asentar su autoridad en Castilla fue la campa�a queemprendi� para recuperar el control castellano de este territorio.
(72) Un documento aragon�s de esas fechas le reconoce reinando desde los l�mites deRibagorza hasta Astorga (J. M. Lacarra, Historia..., II, p�g. 227.
(73) Es de rese�ar que Fernando I acab� tanto con el uno como con el otro en sendas batallas Tamar�n (1037) y Atapuerca (1054). Por su parte, Ramiro I se viofavorecido por la enigm�tica desaparici�n de Gonzalo (en la que pudo tener algo que ver).Y es que con la muerte de Sancho III comenzaron las guerras fraticidas, quecontinuar�an con sus nietos.
(74) Introducci�n a la historia de Espa�a, Teide, Barcelona, 12 ed..1979, pp 145-147.
(75) J. M. Lacarra. op. cit., p�g 220.
(76) �Es por m� que los reyes reinan y por lo que los legisladores ordenan lo que es justo; por m� por lo que los pr�ncipes mandan y por lo que los poderosos hacen justicia� (libro de los Proverbios, 15-16) �Toda alma sea sumisa a las autoridadessuperiores, porque no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen han sido instituidas por �l. As�, cualquiera que resiste a una autoridad resiste al ordenestablecido por Dios� (Ep�stola a los Romanos, XIII, 1-2).
(77) J. M. Lacarra. op. cit., II, p�g. 225.
(78) A este respecto recu�rdese que, como hemos visto, en un poema �rabecontempor�neo Sancho IIl aparec�a como un sucesor de los soberanos romanos.
(79) As�, por ejemplo. en 1269, �Teobaldo II firmaba una donaci�n a la Orden deGrandimont en Tudela apud Belin in Basconia,localidad del distrito de Burdeos� (V. Huici et alii Historia de Navarra. Txertoa, San Sebasti�n,2� ed.,1982, p�g. 67).
(80) Esta confusi�n propici� la teor�a del vascocantabrismo, que sirvi�, con otras historias del mismo tenor, para justificar losprivilegios de los reg�menes forales vascoshasta mediados del siglo XVIII, cuando el P. Fl�rez la refut� en su c�lebre obra laCantabria, que in�tilmente fue criticada por algunos autores vascos.
(81) �Imagen hist�rica medieval de Navarra�, Pr�ncipe de Viana. 217, 1999. pp. 407-409. En este sentido conviene recordar que la excepcional expresi�n utilizada por uncl�rigo pamplon�s en 1167 de linqua navarrorum -que en ciertos ambientes trata de presentarse como sin�nimo de euskera-equivale al sermo rusticus o f�rmulas an�logas empleadas muchas veces en la Cristianadad latina o al Basconealinqua y similares de otros documentos navarros. A partir del siglo XIII aparecen los t�rminos basquenz(basconcius,en lat�n) y bascongado (basconciatus) para referirse alidioma vasco y sus hablantes (algo que tambi�n suceder� en las Vascongadas),mientras el adjetivo navarro (idioma de Navarra, ydiomate Navarre) se reserva para la lengua romance propia, convertida en la lengua oficial (como se ve en la redacci�n del Fuero General de Navarra), con la intenci�n de distinguirla de las otras lenguas que se hablaban en un territorio que desde el 1235 tendr� reyes de origen franc�s euskera,lat�n. occitano y �rabe(Ibid. pp. 447-454) Conviene se�alar que esta situaci�n no era nueva, pues en la historia de Navarra -que desde elNeol�tico (por lo menos)tiene una poblaci�n mediterr�nea (probablemente mayoritaria), a la que hay quea�adir posteriormente la indoeuropea- no se puede testimoniar en ninguna �poca una situaci�n de monoling�ismo.
(82)Los gentilicios �pamploneses� y �navarros� aparecen por primera vez en las fuentes francas del siglo VIII, que parecen distinguirlos. Tambi�n, como vimos, el cor�nimo �Navarra� apareci� por primera vez en Francia en el sigloXI.
(83) El concepto de Espa�a en la Edad Media. Centro de Estudios Constitucionales. Madrid.3� ed. 1981. pp 431 y 432.
(84) No obstante, se sigue admitiendo la posibilidad de que la moneda sea de Sancho III (C. Orc�stegui y E. Sarasa.Sancho III el Mayor(1004-1035) La Olmeda, Burgos. 2000, p�g 70l
(85) Seg�n S�nchez Candeira, el propio Sancho III reconoci� el t�tulo de emperador de BermudoIII, que era su yerno (El �reqnum-imperium� leon�s hasta 1037, CSIC,Madrid,1951, 71 pp.).
(86) Teresa Abajo Mart�n. Documentaci�n de la Catedral de Palencia. n� 4.�Que fue un gran rey, en todas sus cosas sagac�simo, de regia prosapia y criado en la regi�n dePamplona. que no se conoci� var�n mejor en la guerra, ni m�s clemente y constante, blando de condici�n, temeroso de conciencia en las cosas sagradas que por estas cosas mereci� justamente ser llamadorex Hispanorum regum� (p�g. 14).
(87) Si se tiene alguna duda, v�anse las 517 p�ginas de El concepto de Espa�a en la Edad Media, de J. A. Maravall.
(88) Si el lector desea confrontar las afirmaciones que he realizado con lainterpretaci�n nacionalista de la figura de Sancho III le recomiendo la obra escrita porAnacleto de Ortueta, facultativo en Minas y destacado pol�tico del PNV, que particip� en las negociaciones del pacto de Santo�a, por lo que �fue molestado y detenido por los franquistas� (datos de la Enciclopedia General Ilustrada del Pa�sVasco, de la Editorial Au�amendi, calificada por su actual directora como �una enciclopedia de tiponacionalitario�).Y es que se trata de un extenso libro, iniciado en 1934, publicado en Buenos Aires en 1963 y recientemente reeditadoSancho el Mayor,Rey de los Vascos. Mintzoa, Pamplona, 2002, 380 pp. Su interpretaci�n aparece sintetizada en este juicio: Sancho III es uno de los �hombres que la nacionalidad cre� como fruto de selecci�n, y han hecho honor a su raza�(p�g. 6l y su objetivo aparece claro en este pasaje. �Pongamos nuestro af�n all� donde est� nuestra conveniencia. Continuemos siendo vascos. Dios ha creado nuestro pueblo, y de nosotros depende superduraci�n en la Tierra. y no olvidemos jam�s que en Cristo se personifica la libertad delhombre Ahora [...]   le pido a Dios que mi trabajo no resulte indigno ni del patriotismo ni de la ciencia� (pp. 8-9l Estimo que este reconocimiento justifica sobradamente la rotundidad de la frase que apostilla esta nota.

 

 

Mapas de reinado  y genealog�as

     

El reino de Pamplona hasta Sancho III �el Mayor�
Mapa segun A. J. Mart�n Duque
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El reino de Pamplona en �poca de  Sancho III
El mapa se�ala el reparto territorial para sus hijos
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Ascedentes de Muniadonna o Do�a Mayor
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  Ascendencia de Sancho III �el Mayor�
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Descendencia real de Sancho III por linea directa masculina
Dimensiones : 800 x 542
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 Primera historia del Reino de Pamplona


Additio de regibus pampilonensium

1.En la era 944 [905] surgi� en Pamplona un rey de nombre Sancho Garc�s. Fue hombre de inquebrantable veneraci�n a la fe de Cristo, piadoso con todos los fieles y misericorde con los cat�licos oprimidos. �A qu� decir mucho ? En todas sus acciones se mostr� magn�fico guerrero contra las gentes de los ismaelitas; caus� m�ltiples desastres a los sarracenos. Este mismo conquist�, en Cantabria, desde la ciudad de N�jera hasta Tudela, todas las plazas fuertes. Desde luego la tierra de Degio [Monjard�n, en las cercan�as de Estella], con sus villas la posey� entera. La tierra de Pamplona la someti� a su ley, y conquist� asimismo todo el territorio de Arag�n con sus fortalezas. Luego tras eliminar a todos los infieles, el vig�simo a�o de su reinado parti� de este mundo. Sepultado en el p�rtico de San Esteban [Monjard�n], reina con Cristo en el cielo (Muri� el rey Sancho Garc�s en la era 964).

2.Luego, su hijo el rey Garc�a rein� cuarenta a�os. Fue ben�volo e hizo muchas matanzas de sarracenos. Y as� muri�. Fue sepultado en el castillo de San Esteban (Muri� el rey Garc�a en la era 1008).

3.Sobreviven sus hijos en su tierra, a saber, Sancho y su hermano Ramiro. A los que Dios Omnipotente guarde por espacio de muchos a�os, cuando transcurre la era presente de 1014 (976).


(Traducci�n de Jos� Luis Moralejo, Cr�nicas Asturianas, Universidad de Oviedo, 1985, p�g. 263)

 

Armando Besga Marroqu�n
Universidad de Deusto

HISTORIA16
A�O XXVII
N� 327
Julio 2003

 

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