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La batalla de Lepanto



La batalla de Lepanto (1571):
La armada aliada estaba formada por 70 galeras espa�olas (sumadas las propiamente hispanas con las de N�poles, Sicilia, y G�nova), 9 de Malta, 12 del Papado y 140 venecianas. Los combatientes espa�oles sumaban 20.000, los del Papa 2.000 y los venecianos 8.000. La flota estaba confiada te�ricamente a Juan de Austria y dirigida efectivamente por jefes experimentados como Gian Andrea Doria y los catalanes Juan de Cardona y Luis de Requesens. Marco Antonio Colonna, condestable de N�poles y vasallo de Espa�a, era el almirante del papa. Las naves venecianas estaban al mando de Sebasti�n Veniero.

Preparativos:
La preparaci�n de la cristiandad para enfrentarse de una forma decidida con el peligro turco fue muy laboriosa. El �nico hombre que vio clara la situaci�n desde el primer momento fue el papa P�o V. Incluso Felipe II, que tan amenazadas ve�a sus posesiones peninsulares por el enemigo, tard� mucho en convencerse de la necesidad de afrontar el peligro de frente y de asestar un golpe definitivo a los turcos. Las capitulaciones para constituir la Liga Santa se demorar�an hasta el 25 de mayo de 1571 debido a la disparidad de intereses y proyectos. La uni�n de escuadras cristianas que el Papa hab�a convocado en respuesta a la toma de Chipre (1570) hab�a resultado un fracaso del que los jefes se culpaban mutuamente. La Sublime Puerta lanz� un ataque a fondo contra Famagusta, �ltimo reducto de los venecianos en Chipre. Fuerzas turcas se apoderaron de Dulcino, Budua y Antivari, e incluso llegaron a amenazar la plaza de Zara. La escuadra espa�ola estuvo ya preparada el 5 de septiembre con la llegada de Andrea Doria, Don Alvaro de Baz�n y Juan de Cardona. El 29 de agosto, el obispo Odescalco lleg� a Mesina, dio la bendici�n apost�lica en nombre del Papa y concedi� indulgencias de cruzada y jubileo extraordinario a toda la armada. El 15 de septiembre, Don Juan orden� la salida de la flota y el 26 fonde� en Corf�, mientras una flotilla dirigida por Gil de Andrade exploraba la zona.

Las armadas se encuentran en el golfo de Lepanto:
Don Juan de Austria constituy� una batalla central de 60 galeras en las que iban Colonna y Veniero con sus naves capitanas, flanqueada por otras batallas menores al mando de Andrea Doria, Alvaro Baz�n y el veneciano Agust�n Barbarigo. A Cardona se le dio una flotilla exploradora en vanguardia. A bordo iban cuatro tercios espa�oles de Lope de Figueroa, Pedro de Padilla, Diego Enr�quez y Miguel Moncada. La infanter�a italiana era tambi�n de gran calidad. La desconfianza hacia los venecianos era tal que don Juan reparti� 4.000 de los mejores soldados espa�oles en las galeras de la Se�or�a e hizo que �stas navegasen entreveradas con las de Espa�a. El 29 de septiembre abord� a la capitana de don Juan una fragata de Andrade con el anuncio de que los turcos esperaban en el golfo de Lepanto. La flota de la Liga sali� el 3 de octubre del puerto de Guamenizas en direcci�n a Cefalonia, y el s�bado 6, a la ca�da de la tarde, llegaba al puerto de Petela. Baz�n aconsejaba entrar en el golfo y Andrea Doria tem�a aventurarlo todo en una jornada. En el Consejo se aprob� el plan de Baz�n de presentar combate en la madrugada del d�a siguiente, frente al golfo de Lepanto. La maniobra ordenada permiti� cerrar el golfo y dio tiempo a una perfecta colocaci�n de la armada.

El combate (7 de octubre de 1571):
Al alba del d�a 7 la flota cristiana estaba situada en las islas Equ�nadas. Poco despu�s avistaron a la turca adelant�ndose hacia la boca del golfo de Lepanto. Al� estaba al mando de 260 galeras y contaba con las naves del corsario argelino Luchal�. A las diez de la ma�ana las escuadras se hallaron frente a frente. Cerca del mediod�a la galera del Amirante Al� Baj� dispar� el primer ca�onazo. Al� concentr� el esfuerzo sobre las galeras venecianas, que supon�a menos aguerridas. El primer ataque turco fue neutralizado por Barbarigo, que fue herido de muerte.

    Durante dos horas se pele� con ardor por ambas partes, y por dos veces fueron rechazados los espa�oles del puente de la galera real turca; pero en un tercera embestida aniquilaron a los jen�zaros que la defend�an y, herido el almirante de un arcabuzazo, un remero cristiano le cort� la cabeza. Al izarse un pabell�n cristiano en la galera turca arreciaron el ataque las naves cristianas contra las capitanas turcas que no se rend�an; pero al fin la flota central turca fue aniquilada. (Marqu�s de Lozoya)

En la galera Marquesa combati� Miguel de Cervantes con gran valor. Ten�a entonces veinticuatro a�os y continu� combatiendo despu�s de ser herido en el pecho y en el brazo izquierdo, que le quedar�a in�til. El consejo de don Garc�a de Toledo de recortar los espolones hizo m�s eficaz el empleo de la artiller�a. La arcabucer�a espa�ola result� decisiva en el combate cuerpo a cuerpo causando gran n�mero de bajas. En muchas de las galeras turcas los cautivos cristianos se rebelaron en lo m�s recio del combate. Fue un galeote cristiano quien cort� la cabeza del almirante Al� con su hacha de abordaje. S�lo 50 de las 300 naves turcas pudieron escapar. El argelino Luchal� combati� con fortuna en el ala derecha y logr� escapar hacia la costa de Morea. La persecuci�n que llev� a cabo Baz�n ces� al caer la tarde sin conseguir darle alcance.

Car�cter decisivo de la victoria y consecuencias:
Se celebr� un Consejo despu�s de que la flota se retirarse a Petela y prevaleci� el parecer de dar por terminada la campa�a de aquel a�o. P�o V y el Dux de Venecia reconocieron que la victoria se debi� principalmente a Espa�a y a Don Juan de Austria. Aunque Lepanto aparentemente fue una victoria total para los miembros de la Liga Santa, el car�cter definitivo de la victoria cristiana ha sido discutido por muchos historiadores.

Pocas veces, si alguna, en la historia de los tiempos modernos, los frutos de una bella victoria han sido m�s vergonzosamente desperdiciados.(Merriman)

Aplazamientos, desconfianzas entre los aliados y la muerte del papa San P�o V provocaron la malversaci�n del triunfo de Lepanto. Felipe II se sent�a temeroso de un nuevo afianzamiento de la alianza francoturca; los venecianos se hallaban dispuestos, al cabo de cierto tiempo, a hacer una paz separada: si no hubiese sido por el entusiasmo de Don Juan de Austria, la Liga se habr�a deshecho... Pero las desconfianzas de Felipe -sus celos- hacia Don Juan de Austria, sus lentitudes caracter�sticas, dieron por resultado, al cabo de pocos meses, la ca�da de T�nez y la Goleta en poder de los turcos (1574). As� quedaba desvanecida la gloria de Lepanto. (Soldevila)

La victoria de Lepanto abr�a la puerta a las mayores esperanzas. Sin embargo, de momento, no trajo consigo ninguna clase de consecuencias. La flota aliada no persigui� al enemigo en derrota, por diversas razones: sus propias p�rdidas y el mal tiempo, a quien el imperio turco, desconcertado, debi� tal vez su salvaci�n. En este sentido, fue fatal la larga demora espa�ola del verano de 1571, pues, al colocar a los aliados victoriosos en los umbrales de la estaci�n del mal tiempo, vinieron a interponerse ante la victoria, como treguas obligatorias, el oto�o, el invierno y la primavera... Pero si, en vez de fijarnos exclusivamente en lo que viene despu�s de Lepanto, paramos la atenci�n en lo que precede a esta victoria, nos daremos cuenta de que viene a poner fin a un estado de cosas lamentable, a un verdadero complejo de inferioridad por parte de la Cristiandad y una primac�a no menos verdadera por parte de los turcos. La victoria cristiana cerr� el paso a un porvenir que se anunciaba muy pr�ximo y muy sombr�o. (Braudel)

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